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"Populum Romanum duadus praecipue rebus, annona et spectaculis, teneri". El pueblo romano está preocupado principalmente por dos cosas: su alimentación y los espectáculos. Estas palabras de Fronto reflejaban una realidad innegable, los césares se encargaban tanto de alimentar a su pueblo como de distraerlo. La annona mensual y las diversiones que organizaban en distintos recintos como el foro, el teatro, el anfiteatro o el circo, llenaban el tiempo de ocio de los ciudadanos de Roma. Los mantenía permanentemente distraídos y atentos a espectáculos que se renovaban sin cesar, alejándolos de los problemas de Estado. Incluso en los momentos más apretados de crisis económica del Imperio, se las ingeniaron para proporcionar a los ciudadanos de Roma más diversiones y fiestas de las que pueblo alguno haya tenido jamás en toda la Historia.


Imagina que a primero de mes vas a supermercado y llenas el carro con todo lo que necesitas para alimentarte sin pasar por caja. Imagina que puedes ir al fútbol, al cine, al baloncesto, al teatro, a un balneario, a conciertos... y todo sin costarte un euro. Imagina que además, el señor con más dinero de tu localidad, cada día vas a su casa y te da diez euros para tus gastos. Imagina que trabajas un día y descansas dos y que con el salario te da para alquilar un buen piso. Imagina que no trabajas, pero con lo que te da el señor con dinero, más una pequeña subvención, tienes para un apartamento, pequeño, pero no te falta un techo sobre tu cabeza. Imagina que todo esto te lo proporciona el Estado y las normas establecidas. Seguramente no echarías cuenta alguna de la corrupción o los trapicheos de los que gobiernan, al fin y al cabo a ti no te falta de nada, te mantiene el Estado y además te distrae de forma gratuita llenando tu tiempo de ocio.

Este es el sistema que utilizaban los césares para que el pueblo no se inmiscuyera en las cosas de gobierno y la marcha del Imperio. Gente lista.

Hoy el sistema es muy diferente, todo te cuesta dinero y además hacen lo posible por quitarte hasta el bocadillo del recreo y los céntimos que lleves en el bolsillo. Actualmente, se controla al pueblo y se coartan sus libertades individuales por medio del llamado Estado de Miedo. Tras la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se montó la Guerra Fría, cuando ésta acabó tuvo que inventarse otro enemigo para mantener controlado a su asustadizo pueblo y así, auspiciado por su propio Gobierno, se inventaron el terrorismo internacional para continuar manteniendo el Estado de Miedo y atar en corto al pueblo. Las cosas han cambiado mucho.

Pero centrémonos en cómo se lo montaban los césares. Roma tenía una cantidad de días de fiesta realmente apabullante. Casi todos con un motivo religioso, y claro, tenían tantos dioses, tantas victorias y días importantes que celebrar, que aproximadamente el cómputo total de días de fiesta al año estaba alrededor de los ciento ochenta y cinco, podría enumerarlos, pero sería aburrido. Y estos sólo eran los oficiales, porque la inventiva de los césares en crear nuevas festividades era tremenda y si además estaban en un momento próspero, se improvisaban muchos más días festivos sobre la marcha. Total, que como señalé antes, podemos decir que por cada día laborable, había como mínimo dos de fiesta.

Esto nos puede desconcertar al estar inmersos en el sistema capitalista, por la mentalidad actual y cómo cambiaron las cosas tras la caída del Imperio Romano, pero tiene su lógica. La evolución política y social del Imperio llevó a los césares a servirse de las fiestas y las subvenciones del Estado para dominar a la ingente masa de personas que vivían en la capital del Imperio, teniéndola distraída y bien alimentada, así nadie se quejaba, porque además, cada vez que había un cambio de césar por una conspiración, el nuevo emperador, para acallar cualquier posible revuelta, solía ampliar las subvenciones y los días festivos, de la misma forma que traía muchos más espectáculos gratuitos para la plebe. Así que la política no tenía mucho interés para el ciudadano de a pie. Allá que se las arreglen ellos con sus conspiraciones y demás politiqueo, pero a mí que me lo den todo y me dejen tranquilo.

Otro detalle importante es la habitual aparición del propio césar en el palco donde hubiera juegos, ya fuese en el circo, el anfiteatro o el teatro. Ahí estaba a la vista de todos el grandioso y augusto emperador en carne y hueso. Esto hacía que hubiera un interesante contacto entre el dueño del mundo y el pueblo llano, que alababa a quien le procuraba alimentos y diversión. Además, hacía que el césar no entrara en un peligroso aislamiento y que el pueblo desconociera el aspecto físico de su bienhechor.

Nada más hacer su aparición el emperador en el palco, todo el estadio se levantaba a aclamarlo con pañuelos al viento. Pero la dicha del pueblo no era sólo ver en persona al emperador, sino sentirse más próximo a él al verlo atento en las representaciones o mostrando sus deseos, temores y alegrías en las carreras o con lo que ocurría en la arena del anfiteatro. Esto servía también para ver con familiaridad la figura del césar, compartiendo las mismas emociones que le procuraba los espectáculos.

Su presencia también traía consigo algo muy curioso e interesante. El pueblo, al unísono, podía hacer peticiones, por ejemplo, la destitución de un pretor o jurista que abusaba de su puesto e incluso su ajusticiamiento, como ocurrió durante el gobierno de Galba, cuando el pueblo le pidió que destituyera al intrigante Tigelino, jefe de la guardia pretoriana y consejero de Nerón, aunque no fue Galba quien lo quitó de en medio, ya que se convirtió en un fiel aliado, si no su sucesor, Otón, que no lo podía ni ver y ordenó ejecutarlo para alegría del pueblo. No cabe duda de que el emperador también utilizaba hábilmente estas peticiones populares e incluso puede que las auspiciara, para de esta forma declinar la responsabilidad del ajustamiento o retiro de un personaje que él mismo deseaba eliminar.

Si hay que destacar a un emperador que supo manejar a la plebe de manera impecable, ese no es otro de Octavio Augusto. No sólo son las cuatro décadas de paz y prosperidad que trajo su gobierno, si no que utilizó este comportamiento populista a la perfección. Se dejaba ver en los palcos donde se celebraban espectáculos mostrando una concentrada atención, paseaba por el foro y no dudaba en charlar con los ciudadanos o visitar a legionarios retirados que lucharon a su lado en la guerra civil que mantuvo contra Marco Antonio y que dio nacimiento al Imperio.

Podríamos decir que Augusto era un emperador campechano, lo mismo que dicen del actual rey de nuestro país, pero la diferencia es abismal. Actualmente el pueblo tiene que mantener al rey y a su parasitaria familia, mientras que el emperador de Roma mantenía al pueblo. Lo mismo ocurría con los personajes más acaudalados e influyentes del Imperio, que tenían la obligación de patrocinar espectáculos y hacerse cargo de parte de las subvenciones. Como digo, una diferencia insondable con la actual forma de gobierno, donde los acaudalados y gobernantes son mantenidos por el pueblo al que esquilman descaradamente hasta asfixiarlo. Algo impensable hace dos mil años. ¿Estamos los que formamos el pueblo llano mejor que hace dos milenios? Lo dudo.

Todo esto cumplía una misión importante y muy conveniente para los césares. El gobierno de los emperadores era puramente autocrático y sabían que teniendo en la capital del Imperio unos doscientos mil ciudadanos sin trabajar y ociosos todo el día, era un caldo de cultivo propicio para rebeliones populares. La forma ideal de mantenerlos a raya, sin que se preocuparan por las cosas de Gobierno era dándoles panem et circenses, el famoso pan y circo, una forma impecable e inteligente para poder manejar a su antojo un imperio de forma autocrática. En vez de emplear el miedo y la represión, como hacen los gobiernos actuales, los emperadores romanos utilizaban radicalmente lo contrario y todos contentos. Ya lo he dicho más de una vez, estos romanos eran unos tíos listos.

Pero pasemos a comentar la diferencia entre los tres principales recintos donde se celebraban los espectáculos que tanto entretenían al pueblo: el circo, el teatro y el anfiteatro.

Para muchos, al igual que para mí, la diferencia entre estos tres tipos de recintos es bastante clara, pero como comenté en la primera entrega sobre la Vida en la Roma Imperial, en mi última visita a las ruinas romanas de Itálica, una profesora aleccionaba a sus alumnos llamando circo a lo que en realidad era un anfiteatro, demostrando una ignorancia total sobre el tema.

No me extraña, ya que en el cine solemos escuchar eso de la arena del circo donde luchan los gladiadores, cuando el lugar de enfrentamiento de los gladiadores era el anfiteatro, por esto es lógica la confusión. Lo que me parece muy fuerte es que hasta los que enseñan a nuestros hijos se guíen más por el cine que por los libros, demostrando que eso de preparar las clases es algo abstracto para algunos docentes. Pero qué le vamos a hacer.

El circo era de forma alargada porque sus espectáculos más habituales eran las carreras de caballos. El anfiteatro podía ser circular u ovalado y era el lugar donde tenían lugar los espectáculos más sangrientos. El teatro era un semicírculo, con gradas y un escenario para la interpretación de obras teatrales y musicales. Como dije antes, esto parecerá obvio a muchos, pero visto lo visto, prefiero explicarlo para que no haya confusiones. Ahora pasemos a comentar con mayor profundidad, pero de forma breve, ya sabes que no me gusta aburrir, las diversiones que podían encontrar los ciudadanos romanos en estos lugares construidos para su entretenimiento.



EL CIRCO

Aunque el cine nos ha mostrado que los romanos parecían disfrutar más con la lucha de gladiadores y con los espectáculos sangrientos, la realidad es otra. No había nada que apasionara más a un romano que las carreras de caballos, las más emocionantes y famosas, las competiciones de cuadrigas y estas se llevaban a cabo en el circo. De entre todos los del Imperio, no hubo otro como el Circo Máximo, de una magnitud que asombra y desconcierta por ser capaz de dar aforo a más de 350.000 espectadores, una cifra que convierte en miniatura cualquier estadio deportivo de la actualidad. En los días de mayor afluencia de espectadores, imagina que había más personas de las que viven en muchas capitales de provincia de nuestro país. Debía ser un espectáculo colosal y asombroso.

Aunque en más de una ocasión he comentado que el cine nos ha mostrado una imagen engañosa y sin ninguna base histórica, tengo que hacer una excepción. La escena de las carreras de cuadrigas de la película Ben-Hur. En la realidad era aún mucho más espectacular de lo que pueda mostrar esta escena del cine en concreto, pero he de decir que es uno de los escenarios más fieles que he visto en la gran pantalla. Tanto la decoración de la zona central del circo, el detalle de los delfines que marcaban el paso por la línea de meta de las cuadrigas señalando cada vuelta, así como las trampas que los adversarios y las que el propio circo podían ponerte por delante.

El detalle de los delfines de bronce, delphines Nepturno vomunt, me llamó la atención cuando de niño vi esa película. Con el tiempo busqué información fiable, esos delfines existieron y que en efecto, servían para marcar las siete vueltas oficiales de las que constaban cada carrera. Unas carreras que aunque lo parezcan, no eran nada cortas dadas las dimensiones del Circo Máximo: 600 metros de largo por 200 de ancho. Ya era grande, ya.

En el circo también eran habituales otro tipo de espectáculos. Podían ser desfiles militares de los cuerpos de élite para celebrar una victoria importante y también solían ser habituales las procesiones de sus principales dioses. Sí, iguales que las actuales de Semana Santa, pero con una enorme diferencia. Los miembros de la secta cristiana de hoy día, muestran a su dios con la imagen de un pobre hombre torturado y muerto sobre una cruz, lo que convierte la celebración en algo funesto y de lo más triste. Sin embargo, los romanos mostraban dioses poderosos y diosas hermosas y sobre todo, celebraban sus procesiones y alababan a sus dioses de manera tremendamente más alegre y festiva.

Por cierto, ya que he hablado de la secta de los cristianos, cuyo modus operandi era copiar las costumbres de otras religiones, como por ejemplo hacer que la fecha del nacimiento de su dios fuera la misma que la del Sol Invictus romano, 25 de Diciembre, también se apropiaron de ornamentos de la Roma Imperial. En la zona central de la pista del Circo Máximo había un obelisco egipcio, pues bien, todos habréis visto imágenes de la Plaza de San pedro en cuyo centro hay uno, ese mismo obelisco egipcio es ni más ni menos que el que se encontraba en el Circo Máximo. Y es que esa secta no tiene nada de original. Bueno, seamos justos y no le quitemos mérito, tiene algo muy original, como es haber implantado su culto a sangre y fuego y ser la religión que más muertes, torturas y sufrimiento han provocado en toda la Historia de la Humanidad.

Alguno se preguntará cómo del circo romano, que primordialmente se utilizaba para las carreras, hemos llegado a utilizar el mismo nombre para definir los actuales circos. Pues ahora te lo explico. Otra de las exhibiciones que solían darse en el circo romano era mostrar los más variados y exóticos animales traídos de los confines del Imperio, ya fueran elefantes, leones, jirafas, leopardos, rinocerontes, hipopótamos... Y a veces, no sólo los mostraban, sino que diestros domadores los entrenaban para realizar algunas prodigiosas funciones. También era habitual y gustaba mucho al público, asistir a las piruetas de unos jinetes que saltaban asombrosamente de un caballo a otro, que a todo galope se mantenían en pie y daban volteretas sobre su montura o cogían un pañuelo del suelo sin desmontar del caballo. Aquí tenéis la lógica del paso del circo romano al circo actual utilizando el mismo nombre.

Pero como comenté, la diversión principal eran las carreras de carros, que podían ser tirados por dos caballos, biga, por tres, triga, por cuatro, cuadriga, y a veces por seis, ocho o diez, decemiuges, aunque ésta última modalidad era más de exhibición, dada la complejidad del manejo de tal tiro. Nerón era un gran aficionado a las carreras de cuadrigas, incluso llegó a participar como auriga, aunque fuera de concurso, ya que sus consejeros le comentaban que no estaría bien de cara al público y que además, el resto de participantes le dejarían ganar, y esto último es lo que hacía desistir al emperador de participar oficialmente.

En la época de Augusto solían celebrarse entre doce y quince carreras diarias, con otros entretenimientos que solían ofrecerse entre las mismas. Normalmente en las carreras de cuadrigas participaban cuatro equipos principales, el equipo blanco, el verde, el azul y el rojo, colores que los conductores o aurigas mostraban en su corta túnica. Y sus carruajes competían no sólo en velocidad y destreza, si no también en el engalanamiento de los caballos y la belleza y lujo de los carros.

Las carreras tenían unas normas claras, pero muy flexibles, ya comenté que las trampas por parte de los contrincantes eran habituales, pero mucho más las que la propia organización preparaba en la misma pista, lo que hacía que el auriga estuviera no sólo pendiente del manejo de su cuadriga y de sus contrincantes, si no de los pequeños obstáculos que le hubieran podido poner en la arena, lo que lo obligaba a tener una destreza, arrojo y habilidad impresionantes para manejar tan complicado vehículo.

Todo esto volvían locos a los espectadores, deseosos de ver accidentes y sobre todo, la destreza de los aurigas, cómo se zafaban de los contrincantes, cómo adelantaban en una curva o cómo se las arreglaba para sortear un bache colocado con algo de mala leche. Es por eso, que aurigas que podían provenir de las capas más bajas de la sociedad e incluso ser esclavos, podían conseguir auténticas fortunas por su habilidad al volante... perdón, a las riendas de su cuadriga.

Pero el circo era mucho más. A su alrededor había infinidad de comercios de comida rápida y tabernas. Además, por las gradas no dejaban de verse vendedores ambulantes de pequeñas delicias y bebidas. Otro detalle que varios escritores de la época resaltaban era que no había sitio más ideal para ligar que el circo. Ahí nacieron grandes pasiones y amores eternos, así como fugaces relaciones sexuales. También se apostaba y mucho, con pocas diferencias en como se hace en los actuales hipódromos.

La emoción de las carreras, la fiebre de las apuestas, los gritos tan enorme multitud, con una afición desmedida defendiendo sus colores favoritos cuales hooligans, el lujo y la belleza que adornaban el recinto, las galas de los personajes importantes, los espectáculos con animales, la inmensidad del estadio, la presencia de muchas chicas jóvenes en busca de emociones y amor... Todo esto y mucho más, hizo que el circo fuera con diferencia el divertimento preferido de los ciudadanos de Roma en la época imperial.



EL TEATRO

En la capital del Imperio había tres teatros, que juntos llegaron a tener una capacidad para unos 70.000 espectadores, una cifra muy baja al lado del circo, pero comparándola con los actuales teatros, tal cifra es realmente impresionante y asombrosa.

La función del teatro en Roma es clara. En ellos se ofrecían obras teatrales clásicas de autores griegos y cómo no, romanos. Podía ser una actuación teatral, ya fueran dramas o comedias tal y como las conocemos hoy día, conciertos musicales o la mezcla de ambas, lo que podríamos considerar una ópera o un musical. Aunque durante las primeras décadas del Imperio lo que más gustaba eran las actuaciones de los mimus, entre los que hubo auténticos ídolos de masas como Pylades, que en tiempos de Augusto, elevó al máximo el arte de la pantomima, arte que él mismo impuso y que lo convirtió en inmensamente rico.

En tiempos de la República, había más actuaciones teatrales que circenses. Además, estas funciones teatrales respetaban el modo griego, del que copiaron absolutamente todo, tanto la vestimenta, como las famosas máscaras de los actores, las obras, los zancos, la música... Pero con la llegada del Imperio y el auge de la afición por los espectáculos del circo, el teatro romano fue sufriendo una evolución. No es que los ciudadanos dejaran de ir al teatro, para nada, seguían llenando sus gradas, la evolución se dio en lo que era la misma representación de las obras.

El proceso fue convertir y darle a las obras un realismo prácticamente total. Ese realismo, por ejemplo, consistía en que cuando en una obra había una escena de amor, los actores se desnudaban y hacían realmente el amor sobre el escenario. Esto calentó, nunca mejor dicho, las mentes de algunos autores, que lanzaron obras meramente pornográficas donde tenían cabida todo tipo de perversiones, incluida la zoofilia.

Algunos escritores criticaban duramente este tipo de interpretaciones en el teatro, no porque no les gustara o les resultara desagradable, porque bien que iban a diario, si no que, según ellos, las mujeres se excitaban de tal manera que poco tardaban en meterle mano al que tenían al lado, arrastradas por una libido y una lujuria transmitida por la obra teatral a la que estaban asistiendo y parece que eso a algunos les parecía un escándalo. Seguramente era porque iba con los amigos y no se sentaban al lado de una mujer y claro, no les caía una breva y se cabreaban porque dos filas más arriba se estaban pegando el lote.

También hubo algunas breves épocas en que ese realismo en el teatro no sólo entró de lleno en el terreno sexual de las obras, sino que, si por ejemplo, en una de ellas en el guión aparecía que alguien era asesinado, tal asesinato era totalmente real. Para ello se servían de condenados a muerte. De la misma manera que las ejecuciones públicas fueron un espectáculo para el pueblo hasta hace más bien poco, en algunos países sigue más que vigente, los romanos llevaron la ejecución pública como espectáculo hasta sus más altas cotas, introduciéndolas en las representaciones teatrales.

De esta forma, el reo condenado a la pena capital, hacía un último servicio y en vez de ser colgado en la plaza pública como ocurre en muchos países y acontecía en Europa hasta hace poco más de un siglo, el condenado actuaba en una obra teatral donde era "asesinado" por exigencias del guión. Esta costumbre, como comenté, fue pasajera y sólo se dio en determinados momentos del Imperio, porque en verdad, las ejecuciones de pena de muerte, tenían un lugar idóneo y ese lugar no era otro que el anfiteatro.



EL ANFITEATRO

Mucho se ha hablado de los anfiteatros por ser el lugar donde tenían lugar los juegos más sangrientos, desde la lucha entre animales, hombres contra fieras, ejecuciones de condenados a la pena de muerte de las más variadas formas, representación de legendarias batallas con muertos y heridos reales y cómo no, la lucha de gladiadores. Todo nos parece extremadamente sangriento, como si la sociedad romana se hubiera corrompido hasta límites insospechados. Pero piensa un poco y verás que si aún existieran los juegos de gladiadores tal y como eran, el estadio se llenaría a rebosar.

Podemos mirar a otros países donde se ejecuta y tortura a personas de forma pública, pero también podemos ver las fiestas que aún existen en nuestro país, donde el elemento clave es la sangre y el sufrimiento. Basta con nombrar la bestialidad de la fiesta del Toro de la Vega, una celebración que su pueblo defiende a ultranza e incluso utilizando la violencia contra quien se declara en contra de tan brutal espectáculo o la atracción que tiene ese famoso toro que en sus salidas siempre cornea a alguien. También podemos fijarnos en las escenas que aparecen en la red y en los noticiarios, escenas que repiten hasta la saciedad y donde aparece cómo torturan a una persona, la linchan o la ejecutan, porque saben que eso hace subir la audiencia.

Seamos sinceros, al ser humano, en esa parte oscura y animal, le atrae la sangre y la muerte, siente una fascinante morbosidad ante escenas horripilantes y los medios saben que eso atrae. De hecho, en algunos países europeos como Alemania, existen programas donde se disecciona cadáveres en directo. También existen estadios donde se celebran y se retransmiten por televisión esa lucha dentro de una jaula donde dos personas combaten sin ningún tipo de reglas hasta que uno de ellos cae prácticamente muerto o el propio boxeo, que cuando más aúllan y animan los espectadores es cuando la sangre hace acto de presencia.

Por eso opino que si actualmente existieran anfiteatros donde gladiadores entrenados lucharan hasta la muerte, sus gradas se llenarían y los contratos televisivos serían astronómicos. Así que no pensemos tan mal de los romanos de hace dos mil años, sin antes mirarnos a nosotros mismos y algunas de las salvajes costumbres que nos rodean, ya sea contra animales o contra personas, como algunas procesiones de Semana Santa donde unos señores se azotan hasta sangrar profusamente, un espectáculo que cada vez atrae a más gente. A lo largo de las distintas entregas de la Vida en la Roma Imperial lo he dicho en más de una ocasión, seguimos siendo los mismos romanos de hace dos mil años.

La lucha de gladiadores ya se daba al principio de la República ya que es una costumbre adoptada de los etruscos, pero alcanzó su mayor esplendor en la época del Imperio cuando existían anfiteatros por todo el Mediterráneo. El más famoso y que aún se conserva es el portentoso e impresionante Coliseo de Roma, construido entre el año 70 y el 80, comenzado por Vespasiano y terminado por Tito. Su nombre auténtico es Anfiteatro Flavio, en honor a la dinastía Flavia. Fue inaugurado con cien días de juegos seguidos, miles de muertos para celebrar tal acto.

El Coliseo es el mayor anfiteatro del mundo. Fue construido con hormigón, alcanzando una altura de 52 metros y dando cabida a más de 50.000 espectadores. Se suele decir que comenzaron a llamarlo coliseo por la colosal estatua de Nerón que se alzaba a su lado, pero por mucho que digan, no es así. Dada la enormidad del recinto, se gano el nombre de Coliseo por meritos propios, sin que mediara estatua alguna. Era increíblemente lujoso y su coste sería imposible de financiar actualmente, al igual que la rapidez con la que se construyó, utilizando una tecnología que aún hoy día asombra a los ingenieros. Pero el Coliseo, su construcción y todos los detalles sobre el recinto, merecerían un capítulo aparte, así que no me extiendo más en este tema.

El combate de gladiadores era el espectáculo estrella del anfiteatro y por eso mismo, solían actuar al final. Como teloneros solían sacar a la arena distintos tipos de animales que luchaban entre ellos, si quedaba alguno con vida, salían gladiadores para luchar con los animales. Entre espectáculos solía haber descansos para quitar de en medio los restos y adecentar la arena.

En esos descansos los espectadores solían picar y beber algo comprándolo a los vendedores ambulantes que paseaban por las gradas, o bien saliendo del anfiteatro y acudiendo a una de las muchas tabernas que había a su alrededor. Más tarde se podía asistir a la recreación de alguna batalla, incluyendo las navales o bien a la ejecución pública de condenados a muerte. Huelga decir que había infinidad de formas de dar muerte a los condenados, desde las más rápidas a las más dolorosas y brutales, pero no es algo en lo que me apetezca meterme, ya que personalmente no me atrae para nada el morbo de describir o ver las distintas formas de hacer morir a una persona.

Un detalle, también existían mujeres gladiadores, que normalmente luchaban contra otra de su mismo sexo y eran combates igual de espectaculares, aguerridos y sangrientos que los masculinos. Aunque también se daba el caso de lucha entre gladiadores masculinos y femeninos.

Bien es verdad que hubo emperadores que quisieron eliminar la lucha de gladiadores, como lo intentó Nerón, que prefería el teatro, en el que actuó en bastantes ocasiones al igual que las carreras de cuadrigas. Pero sus consejeros le recomendaban no prohibirlos, porque la plebe podría rebelarse. Los que sí lo prohibieron entre otros, fueron Antonino Pío y Marco Aurelio, pero con el sucesor de éste último, Cómodo, volvieron los juegos a la arena y continuaron hasta el siglo VI, bastante tiempo después de la caída del Imperio Romano.

Podría hablar extensamente de cómo se desarrollaban los combates entre gladiadores, pero prefiero hacer otra cosa. Una imagen vale más que mil palabras y un vídeo más que mil imágenes. Como en el capítulo anterior dedicado a las legiones de Roma, a continuación tenéis tres cortes de vídeos de la serie Conquista del canal Historia, donde os explicarán mucho mejor los diferentes tipos de gladiadores y cómo era la lucha y las reglas, al menos las pocas que había. Espero que os haya resultado interesante esta nueva entrega sobre la Vida en la Roma Imperial, ya comentaréis. Y ahora os dejo con los vídeos de Conquista: Gladiadores.

José Luis Carranco

 

 

 

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Comentarios 

 
+10 #1 No Name 15-09-2011 19:29
Excelente trabajo, como siempre, aclarándonos un poco más lo que pensamos que es verdad y al final no lo es. Y además sin faltar la crítica religiosa y social a los gobiernos actuales. José Luis Carranco, gracias por compartir tus extraordinarios artículos, de los que soy un rendido admirador y un seguidor incondicional. Un saludo.
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+8 #2 Damian 18-09-2011 11:10
Buen trabajo, y si veo que antes como ahora lo que les importa a los gobernantes es el poder y que el populacho este entretenido con cualquier espectaculo, espero seguir leyendo mas y mas y culturizarme mas.....
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0 #3 Karen Guajardo 09-10-2012 19:52
: :D :lol: ;-) 8) :-| :-* :oops: :sad: :cry: :o :-? :-x :eek: :zzz :P :roll: :sigh:

esta muy buena la informacion meencanta encima m sirve para mi proyecto son muy buenas respuestas habra tomado trabajo pero saben que balio la pena gracias por informacion
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0 #4 Miflopa 10-07-2013 01:03
Muchas Gracias, esto a sido espectacular, mientras leía, vi lo mismo en nuestra sociedad, hoy en día en el espectáculo no se ven las muertes, pero el cine a llegado a tal realismo, que cuando ves literalmente como disparan a una persona y le vuelan la cabeza, te quedas pensando. Nuestra sociedad esta mucho mas degradada, que en aquellos tiempos, hay iba la gente gratis, ahora pagamos por verlo.
Muchas gracias, se lo pienso recomendar a mas gente, para que lo lean
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0 #5 Chase 19-06-2017 19:56
Entregue ⲣara que serve cartoes ⅾe visita: http://9Fes.Cocoro.in/bbs/2index.cgi?list=thread mais alguem verificar, tambem.
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