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En esta entrega voy a tratar la vida de los esclavos en Roma. De entrada quiero que alejes de tu mente todo lo que hayas podido ver en las películas. Éstas fueron realizadas por norteamericanos, que trasladaron al cine su forma sádica y bestial de tratar a los esclavos negros durante siglos, incluyendo la segregación racial del siglo XX, mostrando una ignorancia enorme sobre la realidad de los esclavos durante el Imperio Romano. Algo normal viniendo de un pueblo que sigue demostrando su crueldad aún hoy día con todo aquel que considera inferior, además de ser un país que justifica la tortura y los asesinatos de Estado. Por lo tanto, su cine no deja de ser tremendamente hipócrita como reflejo de su propia sociedad.


Como de costumbre, en este artículo no voy a extenderme explicando hasta los más mínimos detalles de la vida de los esclavos en los diferentes períodos de la Historia de Roma, ya sabes que no me gusta que te aburras, así que, como es habitual, me centraré en lo más destacable sin utilizar un lenguaje en plan docto y que a alguien le cueste entender lo que en realidad quiero exponer. Además, recuerda que no dejo de ser un simple aficionado a la Historia.

Dos de los más importantes pilares de la economía de la Roma Imperial eran, la expansión territorial, gracias a las conquistas de sus legiones y la esclavitud, y ambos iban casi siempre de la mano. Gracias a la ocupación y ampliación de territorios del Imperio, Roma no sólo se apoderaba del suelo, sino que también se adueñaba de sus riquezas y parte de sus habitantes. Los esclavos, en primer lugar, son los propios prisioneros de guerra, los combatientes o defensores de las regiones invadidas, obviamente dependiendo de los acuerdos de rendición, de haberlos, claro. El pueblo en sí, podría serlo también, pero no era lo normal. La invasión y expansión del Imperio traía consigo poder, prestigio, riqueza y mano de obra esclava. Pero no todo es lo que parece...

Voy a hablar de los derechos y la vida de los esclavos, así como de los diversos cometidos que tenían. Pero quiero advertir que estos derechos y obligaciones no estaban libres de cambios, dependiendo del emperador que gobernara en ese momento o de las leyes aprobadas por el Senado en la época de la República. Así que, podemos encontrarnos momentos en que los esclavos tenían casi los mismos derechos de los ciudadanos en las primeras épocas del Imperio y sobre todo durante los gobiernos de los Antoninos, sobre todo en el de Antonino Pío y épocas con falta de esos derechos, aunque son las menos.

Ya comenté en la anterior entrega, que los romanos nunca habían dejado de lado muchas de las costumbres de sus raíces campesinas. Es por esto que el trato a sus animales de labranza era muy afable y tolerante, esas mismas características de comprensión, benevolencia y humanidad, fue más tarde aplicada a los esclavos, por lo que escenas de maltrato y vejación, no eran nada normales y es más, en algunas épocas estaban incluso penadas por ley. La vida de un esclavo pertenecía a su amo, pero éste se cuidaba mucho de dañar o quitar esa vida, porque incluso podría perder la suya propia en un juicio.

A todos os sonará la historia de Espartaco, sobre todo su versión cinematográfica, norteamericana, claro, pero es casi seguro que pocos conocen la historia real. Un personaje histórico que se ha idealizado de forma indebida como baluarte e icono contra la esclavitud, cuando en realidad nunca lo fue. Espartaco ni era noble, ni príncipe, ni nada, era un simple tracio que se unió a las tropas auxiliares de una de las legiones de Roma. La preparación de un legionario era muy cara y tenía muchos beneficios, pero nada es gratis y el esfuerzo para llegar a ser legionario era tremendo. En un futuro artículo hablaré sobre la vida del legionario romano, así que no me extiendo más.

Pues al bueno de Espartaco, aquello de tanta disciplina y tanto trabajo le pareció excesivo y un día desertó. Lo pillaron y fue condenado a trabajos forzados en una cantera. Por su preparación militar y fortaleza física, finalmente fue reclutado como gladiador, un oficio que obviamente gustaba poco, así que montó una revuelta y la lió parda. Pero cuidado, él no inició una revuelta en nombre de todos los esclavos para liberarlos del yugo de Roma, si no que la emprendió en el suyo propio y para su beneficio particular, salir por patas. Esto vino a ocurrir a finales de los años ochenta antes de nuestra era.

Pero el hombre no se conformó con la revuelta, nueva fuga e intentar volver a Tracia, si no que por el camino sus numerosos actos de pillaje, las masacres y matanzas que provocó en las localidades y huertos de los ciudadanos de Roma por los que pasaba, hizo que la cosa fuera más seria. Además, obligaba a los esclavos, que estaban tan ricamente, a unirse a él o sufrir las consecuencias como aliados de sus amos romanos. De esta forma consiguió un ejército de unos setenta mil esclavos que hicieron frente a las legiones romanas, que confiadas en un principio, no pensaron que Espartaco tenía preparación militar y conocía las estrategias de la Legión.

Bueno, la cosa acaba conque finalmente Espartaco cae junto al resto de sublevados y que ocasionó una crisis, no sólo social, sino por encima de todo económica. Es absurda la historia de que Espartaco alentó a los esclavos y que finalmente fue tomado como ejemplo para el fin de la esclavitud en Roma y la caída del Imperio, ya que ésta ocurrió unos cuatro siglos después y no fue Espartaco y su rebelión el culpable ni el incitador, sino que lo que acabó con el Imperio fue, como de costumbre, la secta de los cristianos. Una peligrosa facción religiosa que terminó con una avanzada civilización, sumergiéndonos en la oscura Edad Media y trayéndonos unos mil quinientos años de estancamiento y retroceso en todo lo concerniente a ciencias, libertades y avances sociales.

Finalmente, Espartaco lo que consiguió durante un tiempo fue que los romanos recelasen de los esclavos, los ataran en corto durante una buena temporada y empeorar sus condiciones y sobre todo, que por su rebelión, decenas de miles murieran absolutamente para nada. Tampoco tiene base histórica alguna que los miles de esclavos supervivientes fuera crucificados a lo largo de la Vía Apia. Para un romano aquello no era nada práctico, un desperdicio sin valor alguno y por lo tanto, de haberse llevado a cabo, hubiera sido considerado absurdo.

La verdad es que muchos esclavos fueron desertando de las filas de Espartaco, porque hasta ese momento no conocieron las penurias ni la auténtica vida de esclavo, ya que tuvieron que servir a los más fuertes o a los que formaban parte de aquel ejercito. Estos esclavos que se fugaron fueron quienes informaron detalladamente de los planes de Espartaco, sus defensas, fuerzas y estrategia, y que finalmente hicieron que Pompeyo los venciera en una batalla sin cuartel y sin prisioneros. No interesaba.

Cuando antes he dicho que los esclavos vivían tan ricamente con sus amos, no he escrito ninguna una tontería. Los propietarios de esclavos tenían la obligación de vestirlos apropiadamente, alimentarlos en condiciones y darles techo. Escritores de la época como Juvenal, criticaban y satirizaban duramente a algunos ricos romanos que mal atendían la alimentación de sus esclavos mientras se gastaba el dinero en juegos de azar o bien que una matrona azotara a su esclava por un peinado que no le gustaba. El maltrato de los esclavos estaba en general mal visto.

La legislación de la Roma Imperial llegó hasta tal punto que casi no hacía diferencias entre los ciudadanos y los esclavos. Por cierto, que en la capital no había pocos, de más de un millón de habitantes, unos cuatrocientos mil eran esclavos.

Como dije al comenzar este artículo, el sentido práctico del romano y el humanitarismo de sus orígenes campesinos, nunca les permitieron tratar con crueldad a sus esclavos. Incluso para estimular sus esfuerzos, los recompensaban con primas o salarios mensuales que normalmente el amo guardaba honradamente para que el esclavo comprara su libertad. Salvo contadas excepciones, la esclavitud en Roma nunca fue intolerable ni eterna y durante la época de los Antoninos, era tremendamente fácil pasar de esclavo a liberto e incluso a ciudadano romano.

Hay algo, que por muy buenas palabras que escriba es imposible obviar, en Roma, la muerte y la vida estaban separadas por un delgado hilo. Como en muchos países del tercer mundo, la vida del ser humano valía un pimiento y esto es válido para la civilizada Roma, pero con muchos matices. Cuando digo que la vida no valía un pimiento, me refiero a las autoridades, y desgraciadamente he nombrado al tercer mundo, sin percatarme que incluso en nuestra vieja Europa, para los gobiernos la vida del ciudadano de a pié no vale ni un mísero céntimo. Es la realidad.

Pero a nuestra mente viene la imagen de los esclavos destinados a ser gladiadores. De nuevo aquí miramos a Roma desde nuestra moral y ética actuales y debemos observarlo o intentar imaginarlo cómo lo vería un ciudadano romano, lo que realmente representaban para ellos los juegos en el anfiteatro. Tampoco puedo dejar de comentar que preparar a un gladiador costaba una fortuna y no eran esclavos baratos, es por ello que las empresas que se dedicaban al entrenamiento y venta de servicios a quienes organizaban juegos, también compraran esclavos de más baja "calidad" para servir de carne de cañón para los gladiadores mejor preparados y por tanto, de mayor valor para su dueño. Pero como quiero elaborar otro artículo exclusivo sobre la vida de los gladiadores, tampoco me extiendo más en este tema.

Había esclavos para todo y de todos los niveles. Algunos eran tremendamente caros y otro mucho más económicos. Pero en verdad, los romanos preferían formar familias de esclavos antes que comprarlos. No porque quisieran ahorrar, si no por la confianza y lealtad que ello conllevaba hacia la familia, ya que como parte de la misma eran tratados. De hecho, algo que era realmente tabú en la sociedad de la Roma Imperial era, por ejemplo, separar familias de esclavos. Lo que era una práctica habitual en la esclavitud negra en los EEUU hace poco más de un siglo, en Roma, era impensable.

Podéis imaginar que había gran cantidad de esclavos sexuales, y así era, pero de nuevo tenemos que ser prudentes al imaginarlo con nuestra actual mentalidad. El sexo era algo tan natural y habitual en la Roma del Imperio, que lo más normal era que tanto esclavos como esclavas se acostaran con sus dueños por puro deseo y disfrute de ambas partes. Es lógico que a alguno o alguna no le apeteciera lo más mínimo tener relaciones con su amo o ama, pero estos casos no dejaban de ser minoría. Como digo, el sexo formaba parte de su vida cotidiana y era tomado con una naturalidad que hoy pasmaría, aunque la verdad, no sé porqué.

De hecho, el mismo emperador Nerón se enamoró perdidamente de la esclava Etlae y si por él hubiera sido, se hubiera casado sin pensarlo y bien que lo intentó, pero su madre Agripina lo impidió por todos los medios, algo que comenzó a separar a madre e hijo con funestas consecuencias. Finalmente, Etlae tuvo sus propios aposentos en la domus imperial y a diferencia de las esposas de Nerón, le fue fiel y leal hasta el final y es más que posible que fuera la única mujer que el emperador amó en realidad y desde luego, fue la única persona que Nerón hubiera podido llamar amiga. Pero sigamos después de este pequeño cotilleo del corazón.

Había esclavos pedagogos de un gran valor, jardineros, administradores, capataces y sobre todo, un gran número que se dedicaba primordialmente a las tareas del campo, sin olvidar, cómo no, los esclavos que se ocupaban de las tareas domésticas, entretenimiento y servicio de sus dueños.

Los esclavos del emperador, que no eran pocos, por deseo de éste o a su muerte, pasaban a ser libertos imperiales, y con toda probabilidad acababan siendo funcionarios del Estado. Ya he comentado en anteriores entregas que los libertos eran en la práctica quienes hacían funcionar toda la maquinaria de la administración del Imperio y algunos llegaron a alcanzar las mayores cotas de poder por encima de senadores y tribunos.

Como dije antes, en realidad no había diferencia alguna entre un ciudadano y un esclavo, ni siquiera en su forma de vestir. Si por la calle te encontrabas a dos hombres paseando era más que posible que uno fuera el amo y otro el esclavo, sin posibilidad de diferenciarlos, a no ser que el ciudadano fuera a una reunión importante y luciera la toga. Queda ya claro que los esclavos no llevaban un collar al uso, o un cartel anunciando su condición, o ropas de baja calidad en plan harapiento, si querías saberlo, lo tenías que preguntar. Pero un esclavo ni escondía verbalmente su condición ni era algo de lo que debía avergonzarse, sencillamente por la naturalidad con la que era tratado y cómo se relacionaban las diferentes escalas sociales de Roma.

También cabía la posibilidad de que un ciudadano romano pasara a ser esclavo durante una temporada, casi siempre a causa de una deuda. Ya entonces existían los cambistas, que eran a la vez prestamistas. Pues bien, imaginemos que un ciudadano romano quería poner un negocio y le hacía falta dinero, iba a uno de estos cambistas y se lo pedía. El tope de intereses aplicables a un préstamo eran del 20% y como es normal, es el que solía adjudicarse. Igual te iba bien y pagabas tu préstamo, pero a lo mejor el negocio no prosperaba y te endeudabas. El cambista no te mandaba a prisión, ni te rompía las piernas ni nada por el estilo, ya dije que el romano era práctico y actuar de esa manera no era nada conveniente si quería recuperar su dinero.

Lo normal es que se vendiese o más bien se alquilase al ciudadano como esclavo hasta que la deuda fuera saldada gracias a esos arrendamientos. Bien pensado no está mal, al fin y al cabo era obligatorio que te alimentasen bien, te vistieran y te dieran techo y si te acompañaba tu familia durante ese período de esclavitud, también como esclavos, la deuda se saldaba antes y no les faltaba de nada. Hoy en día pierdes el trabajo, el banco te quita la casa, te ves en la calle, sin ropa, sin comida, sin techo y encima sigues endeudado con el banco de por vida sin posibilidad de levantar cabeza. No cabe duda de que los esclavos actuales lo tenemos mucho peor que los de la Roma Imperial.

Ahora eliminemos otro de los bulos del cine. Pocos ciudadanos de Roma tenían esclavos. La obligación de mantenerlos adecuadamente, aparte de la compra en sí de un esclavo, hacía que tal lujo estuviera al alcance de pocos. Tan sólo los ricos podían permitirse tener esclavos, incluso algunos terratenientes tenían miles para las labores de labranza, recolección y todo lo que se necesitaba para llevar para delante las tierras.

Ya dije que un amo no podía tomarse la justicia por su mano, más allá de azotar a un esclavo, pero no podía quitarle la vida. A principios del imperio nació la lex Petronia, que impedía condenar a muerte a un esclavo sin un juicio previo. Un edicto de Claudio ordenaba la liberación legal del esclavo si por enfermedad, invalidez o ruina de su dueño, éste no podía hacerse cargo de sus necesidades. Nerón, que durante toda su vida reivindicó para los esclavos el mismo trato que para los ciudadanos, ordenó al prefecto de la ciudad que instruyese causas en las que los esclavos se quejaran de las injusticias de sus amos. Adriano declaró como crimen capital que un amo castrara a un esclavo y prohibió que un amo vendiera sus esclavos a los prostíbulos o para combates de gladiadores. Antonino Pío decretó como homicidio si un esclavo era muerto por orden de su amo. Como vemos la legislación en la Roma Imperial reflejó el espíritu de ciudad cosmopolita y abierta de Roma, que acogía con beneplácito hasta a los más parias de la sociedad, favoreciendo en todo momento el trato de los esclavos.

Como he comentado, el amo se limitaba a azotar a sus esclavos, si por ejemplo, el cocinero, por desidia, no tenía lista la comida. Pero el poeta Juvenal se muestra inmisericorde en sus críticas satíricas a quienes trataban mal a los esclavos. Por norma, los esclavos eran bien cuidados, eran queridos por sus amos que lloraban sus desgracias o su muerte. En las casas importantes donde había un gran número de esclavos, cada uno de ellos tenía su propia especialidad y algunos como el pedagogo, el médico o el lector poseían una gran formación cultural, lo normal es que todos fueran tratados al mismo nivel que los hombres libres.

Plinio el joven se negaba a que sus familiares compraran esclavos raptados en el mercado, velaba por la salud de los suyos hasta el punto de pagarles caros tratamientos, aunque estos implicara que se fueran de viaje allá donde hiciera falta para su curación. También solía someterse a los consejos de sus esclavos, con los que mantenía doctas conversaciones y discusiones paseando tras la cena, seguro de su lealtad y buenas intenciones en una casa donde no se necesitaba de la fuerza para que los esclavos pusieran el mayor de los celos en sus obligaciones, porque su mayor deseo era agradar a su amo, que lo trataba como un igual. Este tipo de comportamiento, según los propios escritos de Plinio el joven, eran los habituales, tanto en su casa, como en la de sus amigos y conocidos.

Es cierto que un liberto no podía aspirar en principio a ocupar un oficio importante o una magistratura, pero seguía ligado a su amo sobre todo por una especie de respeto filial, por lo que lo seguía manteniendo. Es verdad, que al ser liberado de forma legal o bien por medio de una cláusula testamentaria, el liberto conseguía la dignidad de ciudadano romano, pero hasta la llegada a la tercera generación de su descendencia, no podía ejercer todos los derechos políticos de cualquier hombre libre. No obstante el formalismo de liberar a los esclavos fue cada vez de lo más relajado. El procedimiento llegó a ser tan simple como un papel firmado por el amo, o que ante testigos le otorgara la libertad.

Los romanos se sentían tan ligados a sus esclavos, que consideraban que formaban parte de su propia familia, así que al morir, en su testamento, solían dar la libertad a todos, si es que no lo hacía ya en vida, convirtiendo a sus libertos en asalariados en sus fincas y casas. Llego a tal nivel el tema de dar la libertad a gran cantidad de esclavos, que Augusto tuvo que poner freno a esta costumbre y reguló las manumisiones o liberación de esclavos mediante testamento a un número no superior a cien. Ya dije antes que había ciudadanos que podían tener miles.

También influyó un tema importante en esto de liberar esclavos. Todo período de bienestar, como fue la época de Augusto o de los Antoninos, traía consigo una bajada de la natalidad en los ciudadanos, algo que podemos ver reflejado en nuestra propia sociedad. Tener hijos era una responsabilidad que mermaba la libertad de los romanos, que hacía que tuvieran menos tiempo para disfrutar de todo lo que Roma ofrecía, así que hacían lo posible por tener menos hijos.

Por esto, Augusto tuvo que crear una categoría como de medio ciudadano para los libertos, para que así pudieran acceder a mejores puestos laborales, incluso dentro de la administración o de los diferentes rangos políticos. Tiberio fomentó la ciudadanía entre los libertos sin tener que esperar a la tercera generación para estimular el alistamiento en las legiones, lo que confería la ciudadanía a todos los niveles al finalizar su servicio en el ejército. Claudio, Nerón y Trajano elevó a los libertos a ciudadanos cuando estos invertían en construcción o montaban un negocio.

Finalmente, todos los emperadores, que también eran amigos de sus propios libertos a los que tenían un considerable cariño, aceptaron su ciudadanía borrando los últimos vestigios de su condición servil de esclavos, integrándolos en la sociedad sin diferencia alguna en sus derechos y obligaciones. Incluso algunos que amasaron fortunas, se les dio el anillo de oro al ser aceptados en la orden ecuestre, una orden dentro de la jerarquía romana en la que había que tener mucho capital para ser admitido. De hecho, la Historia nos muestra la vida de Trimalción que de ser esclavo, llegó a ser dueño a su vez de una gran cantidad de ellos, lo que nos dice que consiguió ser un ciudadano bastante acaudalado.

De hecho, gracias a la documentación censal que ha llegado hasta nuestros días, por los nombres de los ciudadanos, se ha podido llegar a la conclusión de que el 80% de la ciudadanía de Roma estaba constituida por antiguos esclavos.

La verdad es que llegar a conocer cómo funcionaba el tema de la esclavitud en Roma, su continua integración en la sociedad romana como nuevos ciudadanos, con todas las oportunidades que ello aportaba, hace que veamos la Roma Imperial y en especial la de los Antoninos, como una civilización de un avance en lo social realmente destacable. Unos avances sociales y libertades que a veces, son muy superiores a los actuales, donde la esclavitud con los mercados y el sector bancario de los gobiernos y sobre todo por parte de los ciudadanos, se ha convertido en una esclavitud mucho más servil, humillante y denigrante que la que en algún momento pudo existir en la Roma Imperial.

© José Luis Carranco

 

PS: Por cierto, se agradecen los comentarios a continuación de los artículos, es la mejor forma de saber que lo que se publica gusta o no, e intentar mejorar, además de saber los temas que más te atraen. Muchas gracias :)

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Comentarios 

 
+3 #1 Damian 24-08-2011 18:13
Un punto diferente de lo que nos tenian acostumbrados, aunque parte ya lo conocia asi, magnifico reportaje y gracias de nuevo por compartir tus ideas....
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+5 #2 No Name 24-08-2011 23:28
Excelente artículo!!!! y sin que falte una merecida crítica a la situación actual. En verdad que somos esclavos y peor tratados que los de Roma. Gracias por compartir tus artículos. ;-)
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+5 #3 Vik Firebrand 02-10-2011 12:57
¡Qué gran artículo! Excelente y muy amena descripción de la naturaleza de la esclavitud en Roma, aprovechando para echar por tierra las falacias de Hollywood (tan omnipresentes en casi toda temática que traten) y las falsedades tópicas que se nos han inculcado.
Me gustaría apuntar que con la caída de Roma, la Iglesia se puso la medalla de abolir la esclavitud. Para acabar instaurándose el feudalismo... ¡Vaya cambio! ¡Ya hubiesen querido los campesinos medievales vivir como esclavos romanos!
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-3 #4 Jokkas 17-05-2012 13:15
sos un pobre ignorante flaco.
ponete a leer.
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+3 #5 Gera 03-06-2012 19:31
Un buen aporte, el trabajo debe ser agradecido, he visto algo de tu investigación y me ha servido para hecerme una idea más clara de Roma en momentos específicos de la historia.
Gracias
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0 #6 diego 12-08-2013 23:27
discrepo y mucho con el "supuesto" trato humanista, que deban los romanos a sus esclavos, en gran medida con lo que hace referencia a los esclavos sexuales y los gladiadores.
por otro lado en casi todas las sociedades esclavistas los esclavos domesticos fueron "en cierto sentido" bien tratados, pero te explayaste en gran medida sobre los esclavos domesticos soslayando las duras condiciones de los esclavos en los latifundion y otras actividades.....
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0 #7 Lomedees 10-11-2015 15:25
Coincido con Diego. Las condiciones de los esclavos domesticos podria diferir mucho de los que estaban en el campo, en las minas o en galeras.
El articulo me parece interesante, aunque discrepo con tu vision del cristianismo, sobre todo porque pasa lo mismo que con Espartaco. Ten en cuenta que precisamente en la oscura edad media, la unica luz fue el cristianismo que creo las universidades y conservo la literatura en sus monasterios. Fue el deterioro politico de la sociedad romana la que llevo al oscurantismo con la invasion de las tribus barbaras ¿o de eso tambien tuvo la culpa el cristianismo?. Un saludo
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