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Volvía a casa tras dejar a Isabel. No iba deprisa, más bien al contrario, conducía relajadamente. Un todoterreno invadió mi parte de la carretera y chocó frontalmente contra mi coche. Es sorprendente como pude percibirlo todo a cámara lenta. Los faros que venían directos hacia mí, el choque, ver cómo se arrugaba la chapa de la parte delantera, el despliegue del airbag contra el que mi rostro golpeó, el crujido de los huesos de mi nariz, volver a ser tirado hacia atrás con fuerza, el choque brutal contra el reposacabezas... Y entonces, todo se volvió negro. Al poco, la negrura desapareció y surgieron luminosos destellos que crecían en velocidad e intensidad, hasta que todo se volvió de un blanco brillante, tanto que hería mis ojos. La luminosa blancura desapareció y entonces...


Me es complicado describir el lugar en el que me encuentro. Parece la calle donde vivo, pero no lo es. El cielo no es azul, es verde. El Sol no es naranja, es rojo y no deslumbra, pero no noto diferencia en la luz que hay a mi alrededor. El césped es azul, las aceras naranjas y el asfalto de un cálido tono rosa. No me siento físicamente extraño, la gravedad es la misma, aunque quizás el olor del aire sea más dulce. Me sorprendo al dar el primer paso en este nuevo mundo, el suelo es blando y no produce ruido alguno. Me agacho y lo toco. Mis dedos se hunden un centímetro hasta que chocan con una base dura. Salto y me sigue asombrando la ausencia de ruido.

Pasa un coche por la carretera. No se oye el ruido de las ruedas al rozar con el supuesto asfalto, ni siquiera el coche emite ruido alguno, como si fuera eléctrico. Su conductor me mira, hace un saludo con su cabeza al que respondo. Comienzo a caminar hacia la que creo que es mi casa. Me sigue impresionando esa ausencia de ruido, se puede palpar el silencio. Hay dos personas conversando en voz baja en la acera de enfrente, en la puerta del bar de Mario, aunque ya no lo es, al menos tal y como lo recuerdo. Me miran, señalan hacia mí. Saludan y les devuelvo el saludo.

No sé si estoy muerto o esto es un sueño. Me pellizco, duele. Dicen que si duele es que no estás soñando, pero no sé, tampoco recuerdo haberme pellizcado antes en un sueño. Quizás haya muerto en el accidente y esto sea una especie de cielo o ese más allá del que tanto hablan, no tengo ni idea. Sigo andando hacia mi casa, saludando a los que se cruzan conmigo, no conozco a nadie, ni siquiera sus rostros me suenan de algo. Nadie me habla, me gustaría pararme y preguntar, pero me siento muy cansando y estoy deseando llegar a casa. Imagino que luego vendrán las explicaciones sobre qué es en realidad este lugar.

-¿Señora, Castro?
-Soy yo, dígame, doctor...
-Estévez, doctor Estévez. ¿Y su acompañante es...?
-Isabel, la novia de Carlos.
-Bien, el estado de Carlos es estable.
-Gracias a Dios.
-Pero hay un problema. Hemos realizado radiografías y aparte de una leve lesión cervical, la nariz y dos costillas rotas, no parece haber más daños a la vista. No obstante, hemos realizado varias resonancias magnéticas de la cabeza, tanto con contraste como sin él y aunque no vemos lesiones claras, no sabemos qué le ocurre a su hijo. Seguiremos realizando más pruebas, pero sólo nos queda esperar.
-¿Esperar? Si ha dicho que no tiene lesiones de importancia...
-Sí, pero no sabemos si se recuperará en unos días, semanas o quizás puedan ser meses, en estos casos nunca se sabe.
-¿Pero qué le ocurre a Carlos? -preguntó angustiada Isabel.

El médico la miró, luego miró a los ojos de la madre de su paciente.

-Señora, Castro, su hijo está en coma profundo.


La puerta de mi casa me resulta extraña. Es toda de cristal, en un marco de acero y una tira de goma a todo su alrededor, como si pretendiera ser estanca. No tiene cerradura, sólo un pequeño picaporte redondo. Empujo y no se abre. Tiró hacia fuera, ahora sí, a veces parezco torpe con estas cosas. En el interior las lozas del suelo son de color gris oscuro y de nuevo parece que ando sobre goma, sin realmente serlo.

Subo las escaleras hasta el tercer piso. Miro la puerta de la que se supone que es mi casa, pero me sigue resultando desconocida. Es igual que la de abajo, sólo que el cristal es totalmente opaco. De nuevo empujo y nada. Vaya, también se abre hacia afuera. La puerta se cierra tras de mí con un suave siseo, como si en realidad todos los espacios fueran herméticos.

El interior es idéntico a mi piso. Todo. Tan sólo varían los colores y la misteriosa blandura del suelo. Vuelvo a pensar si en realidad estoy muerto o algo le pasa a mi vista, pero no es eso, hay demasiados cambios. Quizás haya muerto y esto sea el cielo o el infierno, en los que yo no creo. O quizás mi mente me esté jugando alguna extraña jugarreta. No tengo ni idea, y me gustaría hablar con alguien para que me explique qué es este lugar y dónde se encuentra. Pero me siento demasiado cansado, quizás sea por el accidente. ¿O es que no hubo ningún accidente? Me encuentro confuso con todo. El accidente lo recuerdo, haber tomado alguna sustancia alucinógena, no.

Las cortinas están echadas, se nota que son tupidas, no dejan entrar la luz del Sol, aunque todo está iluminado y puedo ver con facilidad. Me acerco a la ventana del salón y abro las cortinas, pesan. Entra más luz. Los dos hombres que estaban en el bar de enfrente me miran como si se extrañaran de que abriera las cortinas, uno de ellos niega con la cabeza, pero no hacen más señas y siguen con lo suyo.

Al igual que la puerta de entrada del bloque y la del piso, la ventana es de cristal por entero, con marco de acero y esa goma alrededor, como si de nuevo intentara hacer que el espacio interior fuera hermético al exterior. Toco por todas partes y no hay nada para poderla abrir. Miro el sofá. Sigo estando muy cansado. Enciendo la pequeña lámpara de lectura que hay al lado y me siento, casi sin darme cuenta me duermo al instante.

La madre de Carlos e Isabel, entran en la habitación 101 del hospital. Carlos está tumbado, parece como si sólo durmiera. No está entubado, pero tiene vías en los brazos, la nariz vendada, un tubo de oxígeno, pero respira por sí mismo. Tiene vendado el pecho y varios cables salen de él para tener muestras permanente de sus constantes vitales. Por lo demás, no parece grave, tan sólo que no despierta. Casi al unísono cada mujer se hace con un lado de la cama y toman cada una de ellas una de las manos de Carlos. Ambas lloran. Aunque el médico les haya dicho que está estable y fuera de peligro, para sus mentes es incomprensible ese estado de coma sin que haya una justificación médica. Y lo peor, es que pueden ser días, semanas, meses... nunca se sabe. Sin embargo, es normal que los médicos siempre se pongan en lo peor, por si acaso. Al menos hay esperanza. Físicamente está bien. Isabel susurra: "Despierta, Carlos, por favor, despierta".

Me desperté tal y como me dormí, de repente. He escuchado algo. Es de noche y hasta mis oídos llegan una especie de golpes sordos. Miro a mi alrededor buscando su procedencia hasta que me fijo en la ventana del salón, dejé descorridas las cortinas. Algo o alguien la está golpeando, aunque no lo entiendo estando en un tercer piso. Me levanto y me acerco a la ventana. Me quedo paralizado ante la visión de lo que tengo delante. Son como bolas de humo oscuro golpeando el cristal, pero son otra cosa. Ante mí tengo unos rostros formados por una especie de niebla negra y compacta, unos rostros en los que percibo enfado, maldad y odio.

Hay varios dándose cabezazos contra el cristal, mientras otros lo recorren a todo su alrededor, como si estuvieran buscando una fisura que traspasar. Me recordaron moscas que no se dan cuenta de que el cristal existe, pero esas cosas, lo que fuera, saben que hay un vidrio entre ellos y yo, tan sólo insisten, como si quisieran romperlo. Sus bocas se abren en muecas imposibles y terroríficas. No soy capaz de reaccionar, el pánico está comenzando a tomar forma en mí. Estoy paralizado cuando de repente oigo la puerta de entrada de mi apartamento abrirse y al fin puedo moverme. Me vuelvo espantado, pero no son esos seres de humo negro los que están en la puerta, si no una persona que desesperado me grita.

-¡Maldita sea, apaga la jodida luz y corre las cortinas o estamos perdidos, imbécil, vas a hacer que se junten demasiados y el cristal no aguantará!

Aquello me hizo reaccionar. Me planté junto al sofá y apagué la luz, luego fui lo más rápido que pude hacia las cortinas y las cerré con fuerza. Me quedo mirándolas anonadado. Puedo ver aunque no haya fuente de luz alguna, al menos que pueda identificar. Una especie de tenue luz azulada lo ilumina todo, o quizás son mis ojos, adaptados a aquel nuevo mundo. Los golpes continuaron durante unos minutos que se me hicieron eternos, hasta que poco a poco fueron disminuyendo hasta dejar de sonar del todo. Me vuelvo para hablar con aquel hombre que abrió la puerta, necesito una explicación y con urgencia, pero la puerta está de nuevo cerrada y no hay nadie.

Miro a mi alrededor sin poder encontrar esa fuente de luz extraña y azulada que me rodeaba. No me atrevo a volver hacia las cortinas a curiosear, al menos no en esa ventana. Voy hasta el dormitorio y miro mi cama, como si de nuevo tuviera sueño, como si estuviera rematadamente cansado. Pero no puedo evitar acercarme a la ventana y empujar levemente una pequeña parte de la cortina para mirar hacia fuera. Encontré la calle tal y como la conocía, aunque sin colores, como si todo fuera ahora en blanco y negro. Las farolas están encendidas con una luz blanca normal. No hay personas a la vista, sólo aquello.

Están por todas partes. Algunos flotan en el aire acercándose a las ventanas, otros a las puertas, buscando luz, buscando personas. Otros van como si caminaran, o más bien se deslizaran por la calle, de pie, como si fueran personas o almas sin cuerpos. Todos están formados por esa densa niebla negra, con rostros espeluznantes que se contorsionan sin cesar y una estela de esa niebla como si fueran los cuerpos de unas cabezas deformes que no dejan de cambiar.

Miran hacia todas partes y noto que se desplazan a enorme velocidad cuando perciben algún sonido. Me doy cuenta de que la luz azul que ilumina todo a mi alrededor no pueden percibirla. Uno pasa demasiado cerca del pequeño resquicio que he abierto entre las cortinas sin percatarse de mi presencia. Aquello me basta para cerrarlas y temblando de terror, me tumbo en la cama y de nuevo me quedo dormido casi al instante.

Isabel no se separaba de la cama de Carlos todo el tiempo que podía. Había pedido unos días libres en el trabajo al principio, pero había pasado un mes y él no despertaba y tan sólo podía verlo por las tardes y los fines de semana cuando descansaba. No estaba dispuesta a dejarlo solo. Le preguntó al médico si era verdad que las personas en coma podían oír o percibir que alguien les hablaba y les tocaba. El doctor no pudo corroborar tal cosa, pero le dijo que según algunos estudios, aquello era beneficioso para el paciente y a veces aceleraba la salida de su estado de coma. La ciencia no podía confirmar fehacientemente nada al respecto, pero ante la duda, Isabel no estaba dispuesta a perder ese resquicio de esperanza, que quizás fuera cierto y Carlos la oyera y que su voz fuera capaz de traerlo de vuelta a este mundo.

Me he despertado, de nuevo de repente. Había tenido sueños extraños donde esas cosas extrañas formadas por niebla negra e Isabel se entremezclaban en mi cabeza. Es como si la hubiera oído hablar y de repente, aparecía una de esas cosas y se la llevaba mientras ella gritaba mi nombre y yo, por mucho que corriera no tuviera posibilidad alguna de salvarla.

Era extraño no sentir la somnolencia habitual cuando se está recién despertado, es como si pasar del estado de sueño al despierto fuera cuestión de un segundo y de pronto, mi mente ya estaba funcionando al cien por cien. Me sentía descansado. No había luz azulada, sino blanca, luz solar y todo a pesar de tener las cortinas cerradas. No me atreví a abrirlas.

Me levanté y fui al baño. Parece que ni en este mundo te libras de ir a mear. Me lavé la cara, más por costumbre que por necesitarlo realmente. Seguía siendo extraño sentir el suelo blando, pero ahora tenía una respuesta. Quizás fuera para que esas cosas no escucharan nada cuando se andaba por la casa. Pero sigo teniendo demasiadas preguntas en mi cabeza, de entrada saber dónde estoy. Necesito hablar con alguien que me explique qué está pasando.

Pasé por el salón, entré en la cocina y cogí un bote de leche. El sabor era un tanto diferente, más dulce, mucho más deliciosa, algo que agradecí con un buen eructo. Me dirigí al salón y para mi sorpresa, el mismo hombre que por la noche me había gritado desde la puerta de mi apartamento, estaba sentado en el sofá, esperándome. Quizás mis preguntas fueran al fin contestadas.

-Disculpa que anoche irrumpiera de golpe en tu casa gritándote, pero era del todo necesario, corríamos peligro. Mi nombre es Javier -me dijo mientras se levantaba y tendía su mano.
-Encantado, Javier, yo soy Carlos y por lo que veo lo de irrumpir en casas ajenas se te da bien.
-Perdona, es la costumbre. Aquí todos salimos y entramos sin llamar.
-Tengo muchas preguntas que hacer.
-Y yo tengo algunas respuestas, aunque no todas. ¿Nos sentamos?

Me senté junto a aquel hombre que parecía conocer dónde estaba y qué estaba ocurriendo, al menos en parte. Di otro trago al bote de leche, mientras él lo hizo de una lata de refresco que no sé si trajo o la cogió de mi frigorífico, si es que aquel era mi frigorífico y aquella era mi casa.

-Bien, como pudiste comprobar anoche, a los buscadores de cuerpos les atrae la luz, porque saben que donde hay luz hay personas.
-¿Buscadores de cuerpos?
-Sí. Buscan cuerpos que poseer. Cuando eso ocurre la persona que es poseída desaparece y vuelve al mundo real.
-¿Entonces qué mundo es este?
-Sinceramente, no lo sé. Yo aparecí aquí mientras estaba siendo intervenido en el hospital. ¿Y tú?
-Tras un accidente de coche.

Javier se quedó pensativo, como buscando respuestas coherentes a mis dudas, si es que las hay.

-Verás, a ver cómo te lo explico. El caso es que tú estás aquí y tu cuerpo en el mundo real.
-¿Y quién ocupa mi cuerpo?
-Nadie, estás en coma. Tu cuerpo funciona sin problemas, incluso hay actividad en tu cerebro, pero tú no estás allí, sino aquí.
-Y no sabes dónde es aquí, claro.
-Bueno, tengo mis sospechas, es como si fuera otra dimensión. Todos los que estamos aquí es porque en el mundo real estamos en coma, es a este lugar al que venimos. Pero no creas que este mundo es imaginario y que sólo existe en tu cabeza mientras estás en estado de coma. Este mundo es tan real como el otro. Si te pinchas sangras y además duele. Puedes incluso morir aquí y cuando eso ocurre, tu cuerpo en coma también deja de funcionar.

Me quedé un rato pensativo, todo aquello era difícil de asimilar, pero estaba allí y aunque dudara y aquello me sonara a cuento chino, necesitaba información.

-Pero tú puedes ser producto de mi imaginación -dije finalmente.
-Y tú de la mía. No, me temo que no. Yo no tengo tanta imaginación para crear a tanta gente distinta y lugares diferentes, e imagino que tú tampoco. Esto es completamente real. Este lugar tiene decenas de miles de habitantes, todos en coma al otro lado.
-Pero esta es mi calle, y no veo tanta gente.
-Esa es otra cosa curiosa de este lugar, cada uno lo ve de distinta manera. Para mí es mi pueblo, mi barrio, mi calle, para ti el tuyo. Para cada habitante de este espacio o dimensión, llámalo como quieras, da igual, son los lugares que conocen y viven, pero interactuamos, como si fuera el mismo lugar para todos.

Sigo sin dar crédito a sus palabras. Ni en las más increíbles películas de ciencia ficción había visto algo similar. Así que desvié la conversación hacia un posible remedio a todo esto, necesito más datos.

-Pero entonces, según dices, si cuando uno de esos buscadores de cuerpos te invade despiertas al otro lado, puede que sea una solución del problema, podemos volver.
-Amigo mío, no te lo recomendaría.
-¿Por qué?
-Yo sólo he conocido a una persona que ha vuelto una vez que los buscadores de cuerpos se hicieron con el suyo. Nos contó su experiencia y tuvo suerte de volver a entrar en coma a causa de un accidente. Volvió con el buscador de cuerpos, que se separó de él nada más llegar, pero lo hizo de día y el espectro se disolvió, murió. Sólo pueden salir de noche, la luz de ese sol los destruye.

De nuevo no tuve más remedio que reflexionar unos minutos para poder asimilar la información antes de seguir preguntando. Aquello era demasiado irreal para mí, pero estaba allí, mis cinco sentidos funcionaban perfectamente, no era un sueño, no era el infierno ni el cielo, era otro lugar. ¿O era mi imaginación?

-Bueno, que esa única persona que dices que ha vuelto haya tenido una mala experiencia no quiere decir...
-Una que yo conozca personalmente y lo haya escuchado de su boca, hay personas que llevan aquí más tiempo y han conocido a otros, pocos, pero todos cuentan los mismo.
-¿Y?
-Muchos han pensado lo mismo que tú, que si los buscadores de cuerpos hacen que despiertes del coma en el mundo real, es que ellos son la cura para volver, por eso hay personas que despiertan de su estado de coma en unos días, semanas o meses, pero como sabes los hay que llevan años, incluso décadas. Siguen aquí y saben lo que ocurriría si volvieran con un buscador de cuerpos.
-¿Y no hay otra forma de volver?
-No. Al menos nadie lo sabe de todos los que estamos aquí.

Realmente no había respondido a mi pregunta sobre qué contó esa persona que volvió, así como la experiencia de otros. Me lo quedé mirando inquisitivamente, a la espera y él lo sabía. Tenía que contármelo, aunque aún no sabía realmente porqué tanto misterio.

-Como te he dicho, muchos pensaron lo que tú, que los buscadores de cuerpos son el billete de vuelta a casa, pero no. Los buscadores de cuerpos te poseen y una vez que han entrado dentro de ti, despiertas en el mundo real, pero ya no eres tú.
-Pero antes dijiste que cuando te invade un buscador de cuerpos desapareces de este lugar...
-Y así es, pero tú quedarás encerrado en tu propio cuerpo en un segundo plano. El buscador de cuerpos será el que mande por mucho que intentes evitarlo. Él tendrá el control de todo lo que hagas y lo peor de todo es que tú estarás presente, lo veras y sentirás todo, pero no podrás hacer nada.

¿Qué era toda aquella historia? No podía ser. Un ente que ocupa tu cuerpo, como si fuera una película del exorcista.

-Pero igual eso que dices ocurre con personas con poca voluntad o algo así, imagino que con esfuerzo puedes...
-No puedes -me interrumpió-. Los buscadores de cuerpos son como la niebla, entran por cada poro de tu piel, te envuelven y te encierran dentro de ti mismo, ves lo que ellos ven, sientes lo que ellos sienten, pero nunca serás tú, siempre es el buscador de cuerpos. Y te aviso, los has visto. Cuando vuelven pueden disimular, porque se apoderan de todos tus recuerdos hasta el más mínimo detalle, incluso de recuerdos que están en tu cabeza y ya has olvidado, pero son seres llenos de maldad, incontrolables, con un único deseo, poseer un cuerpo, vivir y sentir una vida real, no cómo simples espectros, si no como personas reales. Y repito, están llenos de maldad, quieren experimentarlo todo, sentirlo todo y para eso llegarán a extremos que no puedes ni imaginar. Es posible que con tu familia se comporte, sólo digo que es posible, pero te aseguro que harán daño, mucho daño, son la maldad en estado puro. Y tú estarás ahí para verlo y sentirlo todo sin poder evitar nada, un mero espectador. ¿Realmente quieres dejarte poseer por un buscador de cuerpos y volver a la vida real para ser sólo eso?

Todo me parecía irreal, como si verdaderamente estuviera en coma, pero viviendo un simple sueño y es posible que fuera así, por mucho que Javier insistiera. Además, estaba la duda de que sólo hubiera conocido a una persona que había vuelto a aquel lugar insospechado, igual esa persona tuvo sus problemas, pero eso no quiere decir que todos sufrieran la misma experiencia, si es que todo esto es lo que me están contando y no un producto de nuestra imaginación, un simple juego dentro de nuestros cerebros.

-No sé, son muchas las personas que han estado en coma y han vuelto sin aparentes problemas de personalidad como dices, ni que luego camparan a sus anchas como seres malignos.
-Ya te he dicho que cuando un buscador de cuerpos te posee a la vez posee todos y cada uno de tus recuerdos y conocimientos, puede actuar como si fueras tú mismo sin mayores problemas. Lo otro lo desconozco, pero de todas formas los buscadores de cuerpos no serían tan tontos como para atacar a los familiares y conocidos del huésped, ni sé qué tipo de maldades son capaces de realizar, pero que son el mal, no me cabe duda alguna.
-Si no son tan tontos, ¿porqué no paran de darse cabezazos contra el cristal sabiendo que no pueden romperlo?
-Bueno, eso de que no pueden romperlo está por ver, porque ya ha ocurrido. Son persistentes, su deseo de poseer un cuerpo real es demasiado fuerte en ellos.
-¿Pero quién ha construido todo esto, con puertas y ventanas herméticas para que los buscadores de cuerpos no puedan entrar?
-No lo sé, ni conozco a nadie que lo sepa, sencillamente estaba aquí. Son miles de años con personas entrando en coma, imagino que el "constructor", sea quién sea, sabía qué tenía que hacer.

Este tío sólo está contando chorradas, seguramente todo esto es fruto de mi imaginación y es como si algo quisiera que me quedara aquí cuando la salida a todo esto está tan a la vista. Quizás esos buscadores de cuerpos como los llama, fueran nuestras almas o algo así, buscándonos para hacernos regresar. Todo esto es un rollo fruto de mi imaginación, no puede ser otra cosa. Joder, menudo escalofrío me acaba de recorrer todo el cuerpo.

-¿Lo has sentido? -me pregunta Javier.
-¿El qué?
-¿El escalofrío?
-Sí.
-Es lo que nos avisa de que va a anochecer. Hay que comprobar las cortinas y apagar las luces que puedan haber encendidas.
-Espera. ¿Cómo es posible que vaya a anochecer si casi me acabo de levantar? Hace sólo unas horas que el sol ha salido.

Javier se levantó y se dirigió hacia la puerta, la abrió y se detuvo.

-Otra cosa que no sabes. Aquí el tiempo es relativo, un día puede ser muy largo o muy corto. Incluso puede ser que aquí pase un par de días y en el mundo real pase un mes. El tiempo no es algo que podamos medir aquí, tan sólo sientes que va a caer la noche. Me largo para mi casa. Recuerda, nada de luces, la iluminación nocturna basta para ver y los buscadores de cuerpos no la detectan.
-Por cierto, ¿de dónde sale esa luz azul?
-Ni idea.

Con esas palabras me dejó. Y efectivamente, la noche cayó a los pocos minutos, de repente, ahora es de día y un segundo después es de noche. De la misma manera volvió aquella tenue iluminación azulada imposible de localizar su origen. Todo era silencio.

De nuevo me invadió el sueño, pero la curiosidad pudo más. Me acerqué a la ventana y por un lado escudriñé el exterior. La calle se veía a la perfección, iluminada por numerosas farolas. De momento no veía a nada ni a nadie. Ahí está, una sombra apareció en mi campo de visión. Iba deslizándose por la calle, con su rostro cambiante y terrorífico y su cuerpo formado por esa extraña niebla negra. Poco a poco aparecieron más, unos desplazándose por el suelo y otros flotando por el aire acercándose a cada casa, observando las ventanas, buscando.

Aunque sentía pavor ante aquella visión, me era imposible retirar la mirada de aquellos espectros de la noche. Algunos se acercaron a mi ventana, pero no repararon en mi presencia. El resquicio por el que miraba era diminuto, pero aún y así estaba claro que no veían aquella extraña luz azul que iluminaba el interior de las viviendas.

De repente todos se quedaron parados, expectantes, como si hubieran escuchado algo. Se dirigieron con una velocidad pasmosa hacia la puerta de una casa de la acera de enfrente, cuatro edificios hacia mi derecha. Tuve que abrir un poco más las cortinas para ver qué ocurría. Ahí estaba la respuesta. Alguien había abierto una puerta y un hombre se colocó debajo de una farola, bien a la vista. Fue rodeado al momento por infinidad de sombras, que se abalanzaron ávidas hacia su presa. El hombre parecía tranquilo y no hizo ningún tipo de movimiento para zafarse, parecía que era aquello lo que quería.

De repente, todos los buscadores de cuerpos se retiraron. Uno lo había conseguido. El hombre estaba rodeado por la niebla negra, ya casi no se le veía. La bruma fue penetrando en él y cuando por fin pareció desaparecer en su interior, la misma figura de aquel hombre comenzó a disolverse hasta desaparecer como si ella misma fuera humo. El resto de buscadores de cuerpos continuó con su deambular.

Me aparté de la ventana sorprendido por lo que acababa de ver. Aquella persona no opuso resistencia, fue algo voluntario, deseado. Ahora, aquel hombre estaba de vuelta, despertando de su estado de coma. ¿Pero era como me había explicado Javier o aquella era la salida de aquel maldito lugar?

Las dudas me corroían mientras me dirigía a la cama. Para mí era increíble e irreal todo aquello, como si fuera una creación de mi propio cerebro. Era impensable que me quedara allí hasta que sencillamente muriera, bien en esta "dimensión" o en mi verdadero cuerpo, en la cama de un hospital. Deseaba ver a Isabel, a mi madre, a mi familia...

No dejaba de pensar que todo pudiera ser una trampa de mi subconsciente, un mundo creado por mi mente, creado por esa actividad cerebral que toda persona en coma suele tener. Cada vez estaba más convencido de esto. Nada de aquello podía ser real. Me tiré en la cama y como me ocurrió anteriormente, nada más tumbarme me quedé dormido.

Isabel no desfallecía. Habían pasado más de dos meses, pero su voluntad era férrea. Ahí estaba, junto Carlos, contándole cómo le había ido el día, mandándole saludos de los amigos, hablándole sin cesar, acariciando su mano y su rostro, dándole algún beso furtivo entre lágrimas, suplicando que despertara, que lo necesitaba a su lado. Lo echaba tanto de menos... Unos días antes sintió que la mano de Carlos se movió, pero el médico le dijo que era normal, a veces las personas en estado de coma solían tener espasmos musculares, pero que aquello no era ningún síntoma de recuperación, sólo cabía esperar. Isabel iba a esperar lo que hiciera falta, no renunciaría tan fácilmente a lo que más amaba en el mundo, aunque tardara años, ella lo esperaría, hablándole cada día, sin flaquear.

Despierto. Sudo. La luz es blanca. Es de día. Isabel... La echo tanto de menos... No sé cuánto tiempo he estado dormido. Definitivamente, aquí el tiempo parece no tener sentido ni medida. Parece como si llevara tres días, pero al mismo tiempo es como si llevara mucho más, como si comenzara a pertenecer a aquel lugar.

He soñado de nuevo con Isabel. Los dos estábamos juntos de nuevo, mi mayor deseo. Pero en el sueño, de nuevo aparecía esa sombra a mi alrededor y no sé qué es lo que quiere decir, no entiendo el mensaje, si es que hay alguno. Cada vez estoy más convencido de que es mi mente la que me hace sentir todo esto, que todo lo que hay a mi alrededor lo he creado yo mismo y quizás esos buscadores de cuerpos no sean más que la representación de mis propios miedos y la salida de este mundo. La salida del coma.

Por más que pienso e intento recordar casos de personas que han salido de un coma, no me acuerdo que nadie haya hablado de este mundo, ni que se hayan vuelto diferentes ni malvados. Todo lo contrario, sencillamente no recuerdan nada, como si un día se hubieran dormido y al otro despertado. El poder de la mente aún no es lo bastante conocido como para saber lo que es capaz de crear. Los mismos sueños, que casi nunca se recuerdan, son mundos extraños donde todo es posible. ¿Por qué no puede ser todo esto parte de un sueño más vívido y real al estar en estado de coma?

Ayer vi a ese hombre entregarse a los buscadores de sombras, con tranquilidad, sin hostilidad. Y desapareció, regresó. Quizás incluso aquello fuera creado por mi propia mente para que entendiera cuál era la salida de aquel lugar. Nada de amigos o familiares dándote la mano mostrándote la salida, ni túneles con una luz al final, si no aquellas sombras de niebla negra. Tus miedos. Quizás sea simplemente eso, enfrentarte a tus miedos y regresar a la vida.

No puedo ni imaginar estar aquí por el resto de mis días, dormido, despierto, noche y día, sin más, escondiéndome a la caída de la noche. Todo tiene una salida, excepto la muerte y yo no estoy muerto. Ha habido personas que han estado años e incluso décadas en coma y han vuelto siendo ellos mismos. Pero Javier ha plantado la semilla de la duda en mí de forma medianamente convincente, pero aún y así, no me lo creo, todo es demasiado fantasioso, los colores, las casas, los buscadores de cuerpos... Tan fantasioso que sólo puede haber sido creado por mi propia mente, estoy en un sueño y necesito despertar, quiero volver.

Me levanto y me doy una ducha. El agua es fresca y su sabor de nuevo es como dulce, como todo en este lugar. No es normal y dudo con cada paso que doy. Descorro las cortinas. Hay más gente por la calle y más coches circulando por ese extraño asfalto color rosa. Es como si de repente hubiera más vida en el lugar, como si quisiera convencerme y atraparme aún más para que no regrese. Enfrente está el bar, en la puerta hay varias personas, hombres y mujeres conversando. El bar...

No sé el tiempo que llevo aquí y no he comido nada, ni siquiera tengo hambre. Bebí leche, pero nada más. Si esto fuera otro mundo, otra dimensión, pero que existe de forma innegable, tendría hambre, pero no es así. Es como si algo me alimentara y sospecho que ese alimento me lo proporcionan en el hospital donde realmente estoy.

Es extraño, hoy no busco más explicaciones de lo que es este lugar y Javier no se ha presentado, lo hizo cuando aparecieron los buscadores de cuerpos chocando contra mi ventana, cuando tuve miedo y luego lo hizo cuando necesitaba respuestas. Hoy he despertado con otra sensación y no aparece. Quizás sólo lo hace cuando mi mente siente que lo necesito, por lo tanto es mi mente la que lo ha creado para convencerme de que este es mi lugar. Pero no, mi sitio está al otro lado, junto a Isabel, en la que no dejo de pensar, a la que veo en sueños. Esto no puede ser más que una prueba que ha creado mi propia mente. Tengo que tomar una decisión, vencer mis miedos y regresar. Esperar la noche.

He sentido un fuerte escalofrío. La noche ha tardado en llegar mucho más de lo que esperaba. No sé el tiempo exacto, pero ha sido demasiado. No he parado de pensar si lo que estoy a punto de hacer es lo adecuado o realmente aquella loca historia sobre las personas que entraban en coma y esta extraña dimensión son reales. Pronto lo descubriré. Ya está aquí la tenue luz azul. Ha caído la noche. Intento moverme despacio, no quiero encontrarme a nadie que me disuada de lo que estoy a punto de hacer.

He salido del piso. La luz azulada está por todas partes, puedo ver sin problemas. Bajo las escaleras y ahí está la puerta de cristal que da a la calle. Ya han comenzado a aparecer los buscadores de cuerpos. Estoy pegado al cristal y sin embargo no reparan en mi presencia. Escucho un leve sonido detrás de mí. Es Javier, con una mano me insta a volver a subir. Lentamente niego con la cabeza y abro la puerta. Salgo fuera y la puerta se cierra tras de mí con un suave siseo. De repente, varios buscadores de cuerpos se detienen en su deambular. Me miran con esos ojos negros y sus rostros cambiantes y espeluznantes.

Se abalanzan sobre mí, me envuelven, siento como luchan entre ellos. Cuando uno intenta entrar otro lo expulsa y a su vez aprovecha para pretender entrar dentro de mí. No siento nada, ni siquiera miedo, estoy convencido que todo es producto de mi imaginación, que mi cerebro me está haciendo pasar un mal rato que pronto acabará, o al menos eso espero.

Lo noto, uno de ellos me ha capturado y siento como penetra en mí por todos los poros de mi piel. No veo nada, todo es negro a mi alrededor, una voz espectral me dice que esté tranquilo, que todo pasará pronto, no sé de donde proviene esa voz. De repente, envuelto por esa intensa negrura, pierdo el sentido.

Isabel seguía al lado de la cama de Carlos, estaba leyendo en voz alta un libro. Entonces se dio cuenta de que una de las manos de Carlos se había movido. Paró de leer y se quedó mirando, sin saber si era un nuevo espasmo u otra cosa. Pero la mano se movió hacia la cara, se la pasó por encima y entonces Carlos abrió los ojos. Isabel casi lanzó un grito. Se abalanzó sobre él. Carlos susurró algo, pero con un tono de voz demasiado bajo.

-Carlos, por fin, amor mío, dime algo.
-Hola, cariño, ya estoy de vuelta.

Isabel se lanzó a besarlo con pasión mientras las lágrimas recorrían su rostro, llorando casi sin medida.

-No te preocupes, cielo, no pienso marcharme otra vez.


Ella no dejaba de abrazarlo y besarlo mientras le decía cuánto lo quería. Carlos aún no sabía que había estado en coma más de cinco meses y era algo de lo que deberían encargarse los médicos, para que el shock fuera lo más suave posible.

-Voy a avisar al doctor. No quiero dejarte aquí solo, pero tengo que decirle que has despertado. Carlos, te quiero tanto, te he echado tanto de menos.
-Y yo a ti, cariño. No te preocupes ve a avisar a quien tengas que hacerlo. Necesito descansar. Estoy reventado.

He sentidos sus besos, sus lágrimas por todo mi rostro, sus caricias... Es ella, Isabel. Tenía tantas ganas de verla. Pero no he sido yo el que ha hablado. Lo he intentado, he escuchado mi voz, pero no eran las palabras que quería decir. Me duele todo el cuerpo. Veo a través de mis ojos, como siempre lo he hecho, pero...

-Está bastante bien, tu Isabel, bueno, ahora es nuestra Isabel.
-¿Quién ha hablado? ¿Quién eres?
-Alguien que va a disfrutar de lo lindo en este mundo. Tienes un buen cuerpo, eres joven y eso significa mucha vida por delante, muchas sensaciones que explorar. Nos divertiremos juntos, Carlos.
-No puede ser. ¿Quién eres?
-Ya lo sabes, ahora soy Carlos, antes era lo que llamáis un buscador de cuerpos y yo ya he encontrado el mío.
-No, esto no es posible, no puede ser verdad, todo era un sueño.
-¿Crees que no puede ser verdad? Vamos a mirarnos a un espejo.

No puede ser. No puede ser. A mi derecha hay un espejo grande, no he sido yo el que ha movido la cabeza, pero me veo tumbado en una cama. Pero no soy yo, una niebla negra me envuelve y ese rostro cambiante y aterrador es el que me está mirando. Me miro a mí mismo, pero no soy yo. Al final lo que Javier me contó era cierto, maldita sea. El buscador de cuerpos se ríe ante mi sorpresa.

-Y tanto que era cierto lo que te contó aquel idiota.
-¿Lees mi mente?
-Estoy en tu mente. Ahora soy tú.

Isabel ha entrado corriendo en la habitación y de nuevo se ha abrazado a mí, detrás viene un médico, que se para y sonríe ante la escena. Ella me besa y su lengua se une a la mía con ganas, con pasión... Entonces oí de nuevo la voz del buscador de cuerpos.

-Sí, Carlos, lo vamos a pasar muy bien juntos. Isabel y otras muchas nos esperan. Y estoy deseando sentir lo que es arrancar una vida con mis manos. Me han dicho que es una sensación sublime sentir sus gritos y cómo se apagan sus ojos, siempre quieres más. No te preocupes, Isabel no correrá peligro, seré bueno con ella, sobre todo en la cama. Esas cosas que crees que son tan malas las practicaremos con otros y las sentirás como yo. Ya verás, te gustarán, no te aburrirás. Has elegido bien queriendo volver. Sí, lo vamos a pasar muy bien juntos y durante toda la vida, al menos la tuya. Acostúmbrate, ahora yo soy Carlos y tú no eres nada, un simple espectador y espero que a partir de ahora disfrutes del espectáculo.

© José Luis Carranco

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Comentarios 

 
+8 #1 No Name 10-09-2011 09:16
Escalofriante. Me ha hecho pensar mucho, lo he leído un par de veces y me he sentido dentro de la historia y da miedo pensar qué haría yo, qué eligiría, volver o quedarme. Lo he pasado de miedo. Muy bueno como siempre, gracias por compartir tus historias. José Luis, me quito el sombrero, eres un artista. Un saludo.
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+4 #2 Maria Mordor 16-11-2011 14:29
Uffff ....
Realmente bueno, creo que yo tampoco me creeria nada de lo que me dijeran, asi que correria la misma suerte que el pobre Carlos.
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0 #3 Raiket 15-08-2017 09:10
es increiblemente asombroso, felicidades Jose luis
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