COLABORA
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y contribuirás para que siga creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.

Siguenos en Facebook
¿Quién está en línea?
Tenemos 63 invitados conectado(s)
Comparte en Facebook

En estos momentos en que el final de mis días se acerca, días en los que me encuentro solo, en mi pequeña buhardilla, donde guardo los recuerdos de toda una vida, sin familia ni descendencia a la que pasar el testigo de un secreto que me ha hecho sufrir desde el mismo día en que mi padre me lo legó, he tomado la decisión inamovible de que todos han de saber la verdad, conocer aquello que ha permanecido oculto durante tanto, tanto tiempo.

Cuando era tan sólo un niño pensaba que la ausencia de miedo era algo maravilloso, como un don, y por eso, yo me sentía feliz, porque no tenía miedo absolutamente a nada. Pero los años fueron pasando, quizás demasiado rápido, o acaso lentos, aún no lo tengo muy claro, y el miedo se convirtió en un compañero inseparable, en algo endémico en mí. Ese miedo nunca menguó, nunca se convirtió en algo crónico, algo con lo que se hubiera podido convivir con cierta tranquilidad o al menos con una preocupación más liviana. Y lo realmente terrible era que yo sólo tenía y sólo tengo miedo a una cosa, sólo a una: la vida.

Cómo en el relato de Kafka, he sufrido una metamorfosis atroz. Hace tan sólo dos semanas, o quizás sea más o quizás menos el tiempo transcurrido, yo era una persona normal, con un trabajo normal, una pareja normal, unos amigos normales. Hoy estoy a bordo de este buque mercante Sueco esperando el final antes de que la metamorfosis se complete y lo poco que queda de mi mente racional deje de funcionar. Necesito tener valor y saltar en medio del océano donde no tenga escapatoria y muera sin salvación posible.

No hay nada más absurdo, en mi opinión, que esa común asociación entre lo hogareño y lo saludable que parece impregnar la psicología de las masas. Mencione usted un bucólico paraje yanqui, un obeso y vulgar funebrero de pueblo y un prosaico contratiempo en una tumba, y ningún lector esperará otra cosa que un relato absurdo, divertido pero grotesco.

Hacía tiempo que la Muerte Roja devastaba el país. Nunca hubo peste tan mortífera ni tan horrible. La sangre era su emblema y su sello, el rojo horror de la sangre. Se sentían dolores agudos y un vértigo repentino, y luego los poros exudaban abundante sangre, hasta acabar en la muerte. Las manchas escarlatas en el cuerpo, y sobre todo en el rostro de la víctima, eran el estigma de la peste que le apartaban de toda ayuda y compasión de sus congéneres. En media hora se cumplía todo el proceso: síntomas, evolución y término de la enfermedad.

INICIO
E.A.C. RADIO
Banner
APADRÍNANOS
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y así seguir creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.