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Aunque se halle muy cerca de dos paraísos turísticos: al noreste las Islas del Caribe, al noroeste las playas del Pacífico mejicano, el istmo centroamericano no ha sido considerado, hasta hace muy poco, como un buen destino vacacional: las guerras civiles que asolaron a algunos de sus países, el desconocimiento que hay sobre casi todos ellos, han hecho que los siete pequeños países de ese tramo de tierra que une los dos grandes subcontinentes, fuera ignorado por los viajeros e incluso por las agencias de viajes.

Había incluso quien opinaba que se trataba de países demasiado pequeños como para merecer una estancia larga, si acaso se pensaba en cada uno de ellos como etapas de un viaje por el istmo. Quizá fuera eso lo que llevase a la creación de una agencia internacional de la zona, que promociona la región en su conjunto. Esto está haciendo que algunos de los países de la zona estén empezando a disfrutar de una naciente industria turística.

Algunos, claro, ya llevaban ventaja: Panamá, paso obligado de los barcos que quieren ir del Atlántico al Pacífico y durante muchos años semicolonia de los Estados Unidos ya tiene su lugar en el mapa. Y Costa Rica también, gracias a su fama de ser el país más tranquilo, y quizá uno de los más bellos, de la zona.

Pero no se pensaba, turísticamente hablando, en otros países como puede ser Honduras, la república bananera por excelencia, que durante mucho tiempo tuvo la dudosa fama de ser, prácticamente, una finca de la United Fruit, destinada a producir bananas con destino al mercado estadounidense. Hasta hace poco, los turistas no han comenzado a llegar a este pequeño país.

Y es extraño que el turismo no haya descubierto antes a Honduras, pues allí están todos los ingredientes que hacen de un país un buen destino turístico: playas de una fina arena blanca, bordeadas de cimbreantes palmeras y mojadas por limpias aguas color azul turquesa, soberbios fondos marinos, preñados de corales, antiguas ruinas de una misteriosa civilización, blancos pueblecitos coloniales de calles adoquinadas con hermosas iglesias españolas, junglas vírgenes repletas de pájaros variopintos, islas caribeñas con coloristas poblaciones nativas...

Los primeros viajeros en descubrir Honduras comentaba, asombrados, la grandeza de las selvas, la maravilla de su barrera coralina, las delicias del buceo en sus costas, la grandeza de sus monumentos mayas. En resumen, la posibilidad de hacer los diversos tipos de turismo: de aventura, de descanso, de compras, gastronómico, cultural... y todo ello a un muy asequible costo, tanto en los capítulos de transporte, alojamiento, como de manutención. El paraíso, vamos.

Muy acertadamente, la Agencia de Turismo de Honduras, ha sabido resumir todo eso que maravilla a quien visita su país, en una acertada frase: “Honduras, un pequeño país, tres grandes mundos. Tres grandes mundos que son, por una parte la herencia maya, que está siendo recuperada y exhibida; por otra las Islas de la Bahía, en el Caribe hondureño, centro de buceo internacionalmente valorado; y por fin la selva del interior, con su naturaleza virgen y la belleza, sobre todo, de sus pájaros: el guacamayo, pájaro nacional de Honduras, el cómico tucán y el inquieto colibrí.

Sí, tres mundos y cada uno de ellos, por sí sólo, ya merecería una visita al país. Si se combinan dos de ellos, o idealmente los tres, las vacaciones serán inolvidables.

Para empezar está Copán, con sus majestuosas ruinas mayas. Unas ruinas quizá no tan apabullantes como las que se pueden ver en el Yucatán mejicano o Guatemala, pero realmente bien cuidadas, excelentemente estudiadas y magníficamente enseñadas al turista. Y, cerca del verdadero parque temático que son las ruinas mayas, el hermoso pueblo colonial de Santa Rosa de Copán. Este es el primer mundo que hay dentro de Honduras.

El segundo es el Caribe hondureño. Honduras es el único país del istmo que ha apostado por su costa atlántica y, por tanto, integrado su turismo playero en la zona del Caribe: los demás países de la zona apuestan más por sus playas del Pacífico. Claro que Honduras tiene las joyas que son esas Islas de la Bahía: Roatán, Guanaja y Utila. Unas islas que hasta hace poco vivían de la pesca, pero que actualmente están dedicándose más y más al turismo. Un turismo que viene a disfrutar de sus playas, pero también de la belleza de sus fondos marinos: el bucear en esas costas es una experiencia mágica.

Las Islas de la Bahía tienen una curiosa historia: Colón desembarcó en Guanaja en 1502, y los posteriores conquistadores españoles esclavizaron a los indios locales y los enviaron a trabajar las plantaciones de Cuba y las minas de plata y oro de Méjico. Despobladas hacia el 1528, fueron ocupadas por piratas, a los que siguieron unos esclavos negros, de los que descienden los actuales habitantes, los garifuna, desterrados por los ingleses después de que se alzasen contra sus amos en la Isla de St. Vincent. Sus descendientes hablan un curioso dialecto inglés caribeño, y las Islas es la única parte del país en que no se habla español.

En cuanto al tercer mundo, la selva, básicamente se sitúa en la región de Mosquitia (que es Reserva de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad), una vasta y casi inaccesible zona del noreste de Honduras, habitada por pequeñas tribus indígenas: miskitos, payas y sumos. Los turistas más aventureros se sienten atraídos a la zona por lo virgen de sus selvas y por la abundante fauna, entre la que hay cocodrilos y muchas especies de monos... por no hablar de los omnipresentes pájaros multicolores. Las excursiones por los ríos llevarán al viajero al interior de unas selvas aún inexploradas.

Pero, aunque esos sean los tres mundos publicitados por la Agencia de Turismo oficial, no son esos los únicos encantos que ofrece Honduras. Ahí está Tegucigalpa, la populosa y ruidosa capital, edificada en un valle a unos mil metros de altura. Su nombre, en uno de los idiomas nativos, significa “La Colina de Plata”. Y el corazón de la misma se halla en el barrio antiguo, con la Catedral del siglo XVIII. Cerca de la ciudad se halla el Parque Nacional La Tigra, uno de los lugares más hermosos del país, en el que se halla una de las “forestas en las nubes”, que merece ser visitada.

Otra ciudad que merece una visita es Trujillo, por su importante papel en la historia de esta parte del mundo. Cerca de ella fue donde Cristóbal Colón puso por primera vez pie en tierra firme (antes lo había hecho en islas) del continente americano, el 14 de agosto de 1502. La ciudad es famosa por sus hermosas playas. Y al oeste tiene Barrio Cristales, donde viven los garifunas, un lugar para ir a divertirse.

Y no hay que olvidar el Parque Nacional Marino de Punta de Sal, con una pequeña selva tropical, pantanos, una costa rocosa y muchos arrecifes. Un lugar totalmente virgen y sin lugares de alojamiento, ideal para los viajeros que deseen plantar una tienda de campaña y caminar o bucear. El llegar a ese lugar ya es una aventura en sí, que precisa de dos días de viajar en autobús, camión, canoa y... caminando. Hay planes de “desarrollar” la zona, así que mejor verlo antes de que lo estropeen.

Como ven, son muchas las bellezas, muchos los atractivos que, al viajero le ofrece Honduras. Y me he dejado en el tintero la interesante gastronomía local, mezcla de culturas: la indígena, la española, la caribeña...

Pero no se equivoquen. El mayor tesoro de Honduras, la razón por la que, quienes allá han ido, recuerdan con cariño su estancia, son sus gentes. Los hondureños son un pueblo amable, amistoso y tranquilo. Los turistas son una especie aún poco común por aquellas tierras, sobre todo por las zonas rurales, y los visitantes son allí recibidos como si fueran viejos amigos, casi de la familia. Quien visite ese país con la mente abierta y bien dispuesto hacia sus gentes descubrirá con asombro lo fácilmente que lograr contactar con los nativos, siempre deseosos de saber acerca del país del viajero, y ansiosos por hablarle del suyo.

Para acabar les diré que los meses de mayo a junio son excelentes para disfrutar de las fiestas locales y ferias que tienen lugar en muchas poblaciones de Honduras, entre otras un Carnaval, de una semana de duración, que tiene lugar en La Ceiba la tercera semana de mayo. Las zonas bajas cercanas a la costa son cálidas todo el año, mientras que en interior el clima puede ser frío y lluvioso, especialmente de mayo a octubre. Y recuerden, a la hora de planear su viaje, que en las costas caribeñas llueve prácticamente en cualquier época del año, y que en la costa norte pueden haber inundaciones.

Y que disfruten ustedes de su viaje a este pequeño país y sus tres grandes mundos.   

Luis Vigil       

Fotografías cortesía Instituto Hondureño de Turismo

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