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Es de sobra sabido que si en España los idiotas volaran jamás veríamos la luz del sol y que cada día que amanece el número de idiotas crece. Lo peor de todo es cuando quien está al frente del país es el más idiota entre los idiotas, que da órdenes a los idiotas que tiene a su cargo, que a su vez repiten las absurdas órdenes o leyes idiotas al resto de idiotas para imponerlas de forma idiota. Y no hay nada peor, que el más idiota entre los idiotas, arropado por una legión de idiotas, intente solucionar los problemas de los que sólo somos unos pobres ciegos.


El jefe de los idiotas, que suele ser el más idiota entre los idiotas, da igual el idiota que teníamos antes o el idiota que acaba de entrar, pretende imponer una serie de normas y leyes idiotas para lo que el idiota supone es mejorar la calidad del trabajo y de los trabajadores, que somos los ciegos. Dentro de esa pretensión de imponer una mejor calidad laboral, al más idiota entre los idiotas, aconsejado por sus seguidores idiotas, se le ocurre lo de impartir cursos a mansalva a la legión de pobres ciegos que no los necesita. Esto, a simple vista, parece que no está mal, y he dicho a simple vista, pero como soy un ciego más, sencillamente no vemos y somos los pobres ciegos quienes sufren, las normas y leyes idiotas salida de la mente de un idiota.

Los cursos, que suelen impartir otros idiotas, tienen como supuesta meta la formación de los ciegos, da igual que los ciegos, gracias a la experiencia de los muchos años de trabajo ya estén formados y sepan más que el idiota que han mandado los idiotas para formar a los ciegos. En la extraña mente del más idiota entre los idiotas surge la idea de que, para ejercer cualquier trabajo, hace falta tener un papelito o tarjeta idiota que diga que el ciego ha hecho un curso idiota que ha impartido un idiota. Y aquí viene la sorpresa para los pobres ciegos conducidos por idiotas.

El ciego puede tener a sus espaldas esos años de experiencia que su ardua labor como trabajador ciego ha llevado a cabo a la perfección, aprendiendo de otros ciegos cómo hay que hacer las cosas para que el trabajo sea lo más efectivo posible. Ahora, el puesto de trabajo del experimentado ciego corre peligro, porque al más idiota entre los idiotas, se le ha ocurrido mandar a un idiota a exigir a las empresas que sus ciegos tengan el papelito o la tarjeta idiota que proporcionan los idiotas.

De repente, sin comerlo ni beberlo, el ciego, tras veinte años en la empresa se entera de que puede ser despedido de su puesto de trabajo, si no tiene el papelito o la tarjeta idiota. Por ejemplo, puede llevar veinte años en una agencia de transportes conduciendo esa carretilla que maneja como si fuera parte de su propio cuerpo de ciego, que si viene una inspección puede perder su puesto de trabajo o la empresa ser sancionada. El ciego tiene que reciclarse y para eso, cuenta con la ayuda de un idiota.

Dicho reciclaje o idiotez, no es otra cosa que estar presente ante un idiota que pretende enseñarle los misterios del manejo de la carretilla, la misma que el ciego maneja como si fuera parte de sí mismo. Además, comprobando que el idiota, sin experiencia de ciego, que han puesto a impartir el curso idiota, tiene una idea equívoca o poco acertada en más de un concepto sobre dicha herramienta de trabajo. Pero el ciego no tiene más remedio que escuchar e incluso pasar una prueba ante el idiota para que éste le dé el dichoso papelito o tarjeta idiota, si no, se verá de repente en las abultadas filas del paro creada por los idiotas y además con una edad en la que le será imposible conseguir otro trabajo de ciego.

Imagina que una ciega, y no hablo de oídas, tiene un título de formación, llamado por entonces FPO, de auxiliar de enfermería en geriatría. Hasta aquí todo bien. Gracias a ese curso, la ciega que sobrepasa ya los cuarenta años, consiguió un puesto de trabajo en el que además es sobradamente valorada, es eficaz y su experiencia se nota en el ahorro de movimientos y en realizar un excelente servicio. De repente, como le ha ocurrido al ciego carretillero, se encuentra que tras casi una década trabajando en la misma empresa, se le informa que ahora, gracias a las nuevas disposiciones creadas por el más idiota entre los idiotas, si no tiene el título oficial de auxiliar de enfermería, no en geriatría, que ya lo posee, si no el del módulo de FP, no tendrán más remedio que despedirla a pesar de su experiencia y dedicación en el ramo.

Pero hay soluciones. No hay problema. ¿Dónde está el problema? Puede pedir el papelito o tarjeta idiota que se le ha ocurrido al idiota, demostrando su experiencia y que realizó un curso de FPO precisamente para dicho trabajo. Pero cuidado. Hay que hacer un curso de reciclaje, acumular unos puntos y que un tribunal formado por idiotas diga que efectivamente puede seguir desempeñando su labor, dándole el papelito o tarjeta idiota que sustituya el no haber pasado por el famoso módulo y que aquel curso de FPO ya no tiene validez, al igual que el Graduado Escolar, que no sirve ya, si no que ahora hay una cosa llamada ESO, ideada por otro idiota, que increíblemente no convalida lo que antes se exigía. Y es que este concepto no entra en la cabeza del más idiota entre los idiotas y sus acólitos idiotas.

Parece fácil. No hay problema. ¿Dónde está el problema? Sólo has de presentar una docena de documentos, una cosa nueva llamada curriculum europeo, ver lo puntos que consigues gracias a esa docena de documentos y si no llegas a los puntos, puedes hacer un curso impartido por un idiota sin experiencia real como ciego, donde acumular puntos. Cursos que la ciega ha de realizar fuera de sus horas laborales, mientras que la empresa, ante el temor de la inspección de un idiota, rescinda tu contrato indefinido ganado con mucho esfuerzo y experiencia, en espera de que el tribunal de idiotas decida que la ciega tiene derecho al papelito o tarjeta idiota para seguir con tu trabajo habitual de ciega.

No hay problema. ¿Dónde está el problema? De repente, pasa un año, la ciega al fin a conseguido el papelito o tarjeta idiota que han tenido a bien concederle los idiotas. Pero hete aquí que su puesto ya ha sido cubierto y como además ha habido reducción de plantilla y la ciega tiene más de cuarenta años, que es la edad límite donde los idiotas consideran que eres viejo para trabajar, se ha quedado sin su puesto de trabajo indefinido y sin posibilidad de encontrar otro acorde a su experiencia laboral como ciega, gracias a las ideas de los idiotas, que como idiotas que son, sólo pueden idear idioteces.

Yo, como ciego sin papelitos ni tarjetas de los idiotas y con una edad superior a los cuarenta y cinco, a pesar de mi amplia experiencia en varios sectores ya estoy abocado a perderlo todo y quedarme tirado en la calle o bien traficar con estupefacientes ilegales, que no necesitan permiso de los idiotas o bien, arma blanca en mano, sacar de otros ciegos lo indispensable para poder sobrevivir. Pero como ciego, tengo otros amigos ciegos, en concreto una amiga ciega que trabaja desde hace más de veinte años en una empresa de limpieza.

Es una ciega experimentada que desde hace dos décadas limpia oficinas, casas de idiotas y allá donde la empresa la mande. De repente, la empresa le informa que ahora para pasar la fregona y limpiar el polvo, al más idiota entre los idiotas, se le ha ocurrido seguir el consejo de un idiota de exigir también un papelito o tarjeta idiota para poder seguir pasando la fregona.

Pero hay soluciones. No hay problema. ¿Dónde está el problema? Puede pedir el papelito o tarjeta idiota que se le ha ocurrido al idiota, demostrando su experiencia pasando la fregona y la bayeta, así como el eficaz uso de los diferentes productos necesarios para su labor como limpiadora. De nuevo ha de procurar una docena de documentos en una oficina llena de idiotas que evaluaran si está preparada para pasar la fregona y la bayeta. Si el tribunal de idiotas decide que no tiene los puntos necesarios, ha de hacer el susodicho curso de idiotas para ciegos.

Ahora, esta ciega ve peligrar su puesto de trabajo, con el que alimenta a sus retoños y paga como puede la abusiva hipoteca creada por uno que no es idiota, aprovechando las leyes impuestas por el más idiota entre los idiotas. Ha de hacer el curso idiota, donde un idiota sin experiencia real como ciego, le explica cómo manejar la fregona, la bayeta y los productos apropiados para llevar a cabo eficazmente su trabajo de ciega. La ciega, como en los anteriores casos, comprueba que el idiota es más idiota de lo que parece, pero calla, toma apuntes y reza por no perder el puesto de trabajo.

No hay problema. ¿Dónde está el problema? Cuando al fin ha conseguido el papelito o tarjeta idiota, le ha ocurrido lo mismo que a la anterior ciega, su puesto ha sido cubierto por una ciega que hizo antes el curso idiota y además tiene la mitad de años que ella, aunque su eficacia como limpiadora deja mucho que desear, ya que tiene poca experiencia como ciega. La ciega con larga experiencia laboral, con retoños, hipotecas y deudas, se encuentra que su salida es el trabajo fuera de la legalidad, sin seguros y explotada con un mísero sueldo gracias a las ideas idiotas que se le ocurrió al más idiota entre los idiotas aconsejado por otros idiotas.

Estamos en la España de los idiotas, donde el más idiota entre los idiotas dicta normas y leyes a cual más idiota, que parecen tener la meta de conseguir aumentar el número de ciegos con experiencia parados y a su vez hacer que esos ciegos lo pierdan todo en beneficio de sus acaudalados amigos, que no son idiotas, pero al ver que quien reina sobre los ciegos es el más idiota entre los idiotas, se aprovechan para conseguir aumentar sus beneficios a costa de los pobres ciegos y gracias a la inestimable ayuda del más idiota entre los idiotas.

Ya dije que yo era otro ciego con bastante experiencia laboral pero sin papelito o tarjeta idiota y que además, cometo el pecado de superar la barrera infranqueable para un trabajador ciego de los cuarenta y cinco años. Incluso presentándome con mi curriculum, el de siempre, no el nuevo llamado europeo, para un trabajo que corresponde perfectamente con mi amplia experiencia de ciego. E ilusionado, como buen ciego, me presento a una entrevista.

No hay problema. ¿Dónde está el problema? Sin embargo, me veo rechazado, no por falta de méritos para la labor exigida, si no porque a mi edad soy un viejo para desempeñar cualquier trabajo, además de no tener el papelito o tarjeta idiota ideada por el más idiota entre los idiotas, que gracias a su gestión idiota lleva al país a la bancarrota y a que las filas de los ciegos parados pero experimentados, aumente día tras día, mientras el que no es ni ciego ni idiota se frota las manos ante las ganancias que el más idiota entre los idiotas le procura gracias a sus normas y leyes digna de idiotas, que para eso las ideo un idiota.

Y ahora, ¿a ver quién es el idiota que cuenta las veces que aparece la palabra idiota en este escrito de un ciego dirigido a otros ciegos y a la mayoría idiota? Aunque lo hagas y yo pueda pensar que eres idiota, no te preocupes, hay una ingente cantidad de idiotas muy por encima de ti que me lees, sobre todo el más idiota entre los idiotas, el que se acaba de ir y el que acaba de entrar, y además ha sido elegido por los ciegos, gracias precisamente a eso, porque todos parecemos ciegos sin posibilidades ante las idioteces de las normas y leyes del más idiota entre los idiotas, en un país donde cada día que amanece el número de idiotas crece.

José Luis Carranco

PS: Quiero dar las gracias a quien escribió el texto de la imagen que encabeza este artículo de reflexión, ya que de ella nació éste.

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Comentarios 

 
+3 #1 Alma de Chester Dom 13-12-2011 16:50
Como decía mi siempre adorada Abuelilla :
¿quies es más tonto, El tonto o el que sigue al tonto?"
A ver qué dice eso de nosotr@s :P
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+2 #2 Ihka 19-01-2012 20:21
Definitivamente cierto. y lo peor es que nos atan de pies y manos con sus leyes y sus decisiones incoherentes...
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0 #3 Javier 23-09-2012 14:22
Hubo un tiempo en que las grandes empresas formaban a unas personas en edad de aprender que se llamaban "aprendices" y a los que la propia empresa contrataba, una vez "aprendidos", para desarrollar el trabajo para el cual habían sido preparados concienzudament e y a los que reciclaban y mantenían al día para mejor servir a la propia empresa y a la sociedad de la que formaban parte. Cualquiera diría, a la vista de lo que está pasando, que España está naciendo con forcex y ventosa, y sin historia previa, empujada por aborteros nacionalistas que no han podido desguazarla del todo pese a sus esfuerzos destructivos.

Un abrazo y... sí, vivimos en un país de idiotas hecho a la medida del más necio.
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0 #4 SUSANA 19-04-2013 21:47
Cuando el sabio señala la luna el idiota mira el dedo. Estamos siendo bombardeados hasta la saciedad de malas noticias, los telediarios dan asco, y la gente esta totalmente desesperanzada.Pais de ladrones, de pandereta, de circo, de mamoneo y ladrones, de cínicos altaneros, y monstruos sin corazón. Y lo peor del caso es que no tiene pinta de cambiar e panorama .
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