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Pasado, presente y futuro. En los últimos años, la velocidad con la que evoluciona la tecnología, hace que estas tres circunstancias convivan en un mismo instante de la historia y esto ha creado, crea y creará conflictos en el mundo de la creatividad y el rendimiento económico del mismo, sobre todo por parte de las grandes industrias multinacionales que se dedican a la explotación de las ideas y las creaciones, la mayor de las veces de una forma abusiva y obscena.

Hace décadas apareció el casete y el mundo de la música o más bien la industria, puso el grito en el cielo afirmando que acabaría con la creatividad musical porque cualquiera podría copiar un casete e irlo pasando. Sin embargo en vez de perjudicar la creatividad, la aumentó, ya que muchos  grupos que no tenían cabida en las grandes discográficas o no podían pagar el alquiler de un costoso estudio de grabación, pudieron grabar de forma casera sus pequeñas maquetas que más tarde radios independientes se encargaban de difundir. La industria discográfica se adaptó a este nuevo formato, la creatividad aumentó y los beneficios también.

Más tarde hizo su aparición la cinta de vídeo y en esta ocasión el mundo del cine puso también su grito en el cielo afirmando que acabaría con el cine, porque cualquiera podría hacer una copia e irla pasando. Pero de nuevo esto no fue así. Las producciones se perfeccionaron, los cines se seguían llenando y hasta apareció un nuevo tipo de negocio llamado videoclub que creó innumerables puestos de trabajo a su alrededor. De nuevo, la creatividad aumentó, la industria cinematográfica y medios audiovisuales se adaptaron y aumentaron los beneficios.

Ambos inventos tan novedosos en su momento demostraron que si la industria se adapta no tiene porque desaparecer, tan sólo debe dar un paso adelante y evolucionar para ajustarse a los nuevos formatos.

Más tarde apareció el CD y el DVD. La industria se frotó las manos, no se podían grabar y nadie podía hacer copias, vendiendo a precios abusivos y nada equilibrados para obtener una rentabilidad como nunca habían tenido. Hasta que aparecieron formatos de estos dos soportes que fueron regrabables y de nuevo la industria lanzó su grito al cielo e hicieron que se impusieran cánones injustos y desmesurados para compensar supuestas pérdidas nunca vistas ni comprobadas. De nuevo, para las industrias dedicadas a la música y el cine, aumentaron los beneficios.

De repente, sin que nadie se lo esperara, apareció la madre de todos los males para las industrias que explotan la creatividad de unos pocos elegidos: Internet.

Además, ocurrió y está ocurriendo, que los nuevos formatos auspiciados por esta herramienta aparecieron a una velocidad pasmosa. No ocurrió como con la cinta de vídeo y el DVD, que ambos formatos convivieron durante bastantes años y la industria se adaptó poco a poco, sino que los mp3, los mpeg o los jpg aparecieron de repente y sobre todo, lo más importante, fuera del control de la industria.

De repente, aparecieron páginas web como Napster que revolucionó la industria de la música compartiendo archivos de forma gratuita gracias al nuevo formato mp3. Otras empresas que no se dedicaban a la música fabricaron nuevos soportes para que este formato fuera sacado de la Red y del ordenador y fuera transportable. De nuevo el grito en el cielo para que dichos soportes fueran gravados con cánones sin sentido y compensar las supuestas pérdidas.

Sin embargo, nuevas empresas como iTunes, de la mano de Apple, revolucionaron también el mercado mismo de la música demostrando a la industria que dicho soporte podía ser económicamente rentable, siempre que el precio fuera justo y equitativo. Si has reducido los costes de forma considerable gracias al formato, es lógico que ese ahorro deba verse reflejado en el precio final. Si antes un CD de música costaba 25 euros, ahora lo podías tener por menos de la mitad. iTunes resultó ser una empresa multimillonaria en beneficios. Se adaptaron.

En nuestro país y en muchos otros, están convencidos de que los consumidores lo quieren todo gratis y no es así, lo que quieren es poder acceder a la música a un precio justo y equitativo. Si reduces los costes de producción de forma ostensible, ese ahorro debe verse reflejado en un precio razonable. Pero los precios razonables son algo que no tienen cabida en las multinacionales de la música, acostumbrados como están a invertir un par de céntimos y ganar un euro.

Un poco más tarde le tocó el turno al mundo del cine cuando la banda ancha permitió descargar formatos de mayor calidad que antes eran casi imposibles de bajar. Más gritos. Había llegado el Armagedón. Había que frenar esa locura. Los consumidores ya no compraban sus caros DVD, se descargaban las películas y las disfrutaban delante de su ordenador, y ¡gratis! Para la industria, de consumidores pasaron a ser ladrones.

Hay pequeños intentos de adaptarse por parte del mundo del cine, cediendo derechos a los videoclub online, pero pensando que el consumidor es tonto y sobre todo en sacar el máximo provecho, sólo ceden derechos de películas descatalogadas, malas como ellas solas y la mayoría obsoletas. Personalmente he utilizado este servicio de videoclub online, un simple sms y podía disfrutar de la película alquilada durante 24 horas en streaming a un módico precio. Aunque finalmente también he recurrido a las descargas ilegales porque lo que ofrecían era poco y no tenía demasiado interés.

¿Recurro a las descargas ilegales porque quiero ver cine gratis? No, recurro a las descargas porque la industria se niega a adaptarse al nuevo formato ideando nuevos modos de explotación, que más que perjudicar, seguramente, de nuevo, aumentaría sus beneficios.

Seamos realistas, las salas de cine tienen un precio abusivo y además sin saber muy bien qué vas a encontrarte. Quieres ver una buena película, pero ir al cine en pareja, es gastar 30 euros y jugar a la ruleta rusa, porque es posible que te hayan vendido en un atrayente trailer y en un hermoso envoltorio publicitario un auténtico bodrio.

Alquilar la película tiene varias pegas. Para ver una película de estreno has de esperar meses, rezar para que el dueño del videoclub la compre, ir al videoclub, volver a casa, verla, y de nuevo ir al videoclub a devolverla antes de 24 horas o pagas un recargo. Eso si en tu barrio hay videoclub, ya que tal y como aparecieron en su día, como una explosión, están desapareciendo, como una implosión.

Es estos tiempos donde los negocios se adaptan para facilitarte la vida y que disfrutes de más tiempo libre con ideas como llamar por teléfono y que te traigan la comida a casa, hacer la compra por Internet y también te la traen a casa, comprar un televisor a través de la red y te lo traen a casa... tener que salir para alquilar una película parece ya algo anacrónico. Y de nuevo juegas a la ruleta rusa de haber alquilado un bodrio, pasar una mala tarde y si quieres arreglarla, volver a salir a devolver ese DVD para alquilar otro.

Hay formas de que esto no sea así, de que la industria cinematográfica se adapte y saque un rendimiento económico a sus producciones: alquiler en videoclub online a través de sms o bien en las páginas de la misma productora o como vemos en Youtube, ofrecernos la película en varios cortes con un anuncio publicitario en cada uno de ellos. Pero no me refiero a películas descatalogadas o bodrios a los que pretenden seguir sacando rendimiento, sino a las últimas novedades y a un precio equilibrado y justo con el nuevo formato, ya que la industria puede vender su producto directamente, sin tener que meterlo en un soporte, distribuirlo y venderlo. Si esos dinosaurios fueran de mentes abiertas es posible que hasta se dieran cuenta de que los beneficios pueden ser incluso muy superiores a los actuales.

La revolución de Internet no ha mermado la creatividad como auspiciaba la industria, si no todo lo contrario, la ha aumentado de forma exponencial. Gracias a los nuevos soportes y formatos, músicos que no tenían esperanza alguna de que una multinacional se fijara en ellos, pueden hacer y distribuir su música. De la misma manera artistas del mundo audiovisual que estarían trabajando repartiendo pizzas y sin posibilidad de que una productora se fijara en su trabajo, ahora cuentan con un medio para darse a conocer.

Internet nos está demostrando que hay mucha más creatividad de la que nos quieren vender, y además, de mucha más calidad, ya que al ser muchísimos más los que pueden mostrar sus trabajos, se puede elegir lo mejor. Y nos estamos dando cuenta de que lo mejor no es lo que nos selecciona las discográficas, la industria del cine o de la televisión, lo mejor está en la Red y ahora lo tenemos a mano. La creatividad no es que haya aumentado, es que por fin tenemos un medio en el que podemos ver y comprobar la cantidad ingente de magníficos creativos, que antes nos estábamos perdiendo porque no cumplían los perfiles de las grandes multinacionales o les faltaban el enchufe adecuado.

Gracias a las nuevas tecnologías y a la Red, se ha abierto un mundo totalmente nuevo para expresar y compartir nuevas creaciones y dar a conocer a sus creadores. Es verdad que estos creativos necesitan pagar facturas y comer como todos. También es verdad que lo gratis es atrayente y más en estos tiempos de crisis galopante, pero en realidad el consumidor lo que quiere es pagar un precio ajustado y equitativo para disfrutar de estas creaciones.

Ahora le toca mover ficha a nuevas industrias capaces de obtener un rendimiento a estos trabajos creativos estableciendo nuevas formas de negocios, nuevas páginas web donde poder encontrar estos trabajos y que su autor obtenga beneficios por un trabajo que pocos pueden realizar y que cuesta más de lo que muchos imaginan.

Y ahora, por fin, le ha tocado el turno a una industria que se creía a salvo de las nuevas tecnologías anclada en sus arcaicas formas de explotación, una industria refugio de "nombres" que se han quedado sin fondo creativo, una industria plagada de enchufados: las editoriales.

Hace ya muchos años que se veía venir, el papel está muriendo. En 1995 comencé a editar una pequeña revista, cuando apareció Internet comencé a estudiar la forma de aprovechar esa nueva herramienta. Al principio la utilicé como soporte publicitario de mi publicación, en 2000 creé una página web del mismo nombre con zona privada de pago. En 2005 obtenía más beneficios con la versión digital que con la de papel a causa de sus tremendos costes y la bajada en las ventas y decidí que desapareciera. Todo había cambiado. Cuento este caso personal como ejemplo para ver estos nuevos formatos como algo positivo, adaptándonos a él, sin esperar a que te engullan o luchar contra ellos en una batalla que está perdida de antemano, porque es luchar contra la propia evolución social y tecnológica.

Hace más de una década que aparecieron los Ebook. No calaron lo suficiente porque los soportes han tardado algo en evolucionar hasta los que podemos encontrar hoy día. Y no obstante no terminarán de calar hasta que no haya un formato único que sirva para todos los soportes, entonces es cuando el cambio se producirá. Apple ha sacado su soporte, pero con su formato exclusivo e incompatible, de la misma forma que el Kindle de Amazon.

De nuevo la industria editorial está quedándose apoltronada, intentando continuar como sea con su sistema tradicional de explotación de obras. Son las propias editoriales las que deberían controlar su propio producto, creando y eligiendo un formato libre, universal y único al que deberían adaptarse todos los fabricantes de soportes de los Ebooks. Que para poder comprar libros de, por ejemplo, Planeta, no tengas que tener un Ipad porque no se pueden leer en ningún otro soporte gracias a un posible contrato de exclusividad. Como dije antes, el o los formatos deben ser libres y universales, adaptados para cualquier fabricante de soportes. Cuando esto ocurra, la eclosión del libro digital será una realidad imparable.

Bien es verdad que las editoriales ya venden sus libros en formatos electrónicos, pero de nuevo nos encontramos con la irracionalidad de las editoriales que quieren seguir manteniendo unos márgenes de beneficios, no iguales, si no mayores, yendo en contra de sí mismas y de su negocio. Pretenden que pagues casi el mismo precio por un libro digital que por uno en papel, algo ilógico, absurdo y sobre todo abusivo.

Lo que más encarece un libro son la imprenta, la distribución y el punto de venta, que suponen el 80% de los costes. Si la editorial se ahorra estos tres pasos y vende directamente el producto desde su página web, el precio debería ser equitativamente más bajo gracias al gran ahorro en los gastos de producción. Y no digo que tengan que ser un 80% más baratos, pero lo que no puede ser es que un libro en papel cueste 21 euros y pretendan venderte el mismo libro en formato Ebook por 18 euros. Las editoriales españolas están tardando en despertar y comprender que los tiempos han cambiado y que por fin, su hora ha llegado. O evolucionan o se extinguen.

Las editoriales y esos escritores mimados por las mismas, han lanzado su propio grito al cielo diciendo que la creatividad disminuirá, cuando es todo lo contrario. Hay miles de escritores que ven como sus obras jamás verán la luz en una editorial y ahora, al fin, ha llegado su oportunidad. Ellos mismos pueden editar sus libros en editoriales online de forma gratuita, sin gastos y sin tener que pasar por el impenetrable filtro de las editoriales para que una obra vea la luz, ya que una editorial online no le importa lanzar diez o cien libros al mes, porque sencillamente los costes son muy bajos. Y con un precio razonable para los consumidores, poder sacar un rendimiento mutuo de la obra.

El señor Mario Vargas Llosa ha dicho: "Los libros digitales causaran una bajada en la creatividad". Flamante premio Nóbel de Literatura, permítame que le diga que es usted idiota. Tal afirmación no puede ser más equívoca, absurda y digna de un lerdo. Es lógico que quiera seguir manteniendo sus obscenos privilegios, ofreciendo al final de su carrera sólo su nombre y obras mediocres, ya que todo lo que tenía que brindarnos lo hizo en su día. Es como otro premio Nóbel de Literatura, Camilo José Cela, que tras sus brillantes primeras obras lo único que nos vendió fue su nombre.

Los libros digitales en ningún momento harán bajar la creatividad, sino que la aumentará de forma explosiva, porque por fin podremos disfrutar de obras que de otro modo jamás verían la luz. Habrá mucho más donde elegir y tal y como ocurre actualmente, encontraremos muchos bodrios y unas pocas obras maestras, pero ya no tendremos que depender de las grandes editoriales para deleitarnos con una buena historia, ya no serán ellos quienes las elijan, si no que los lectores seremos los que al fin decidamos qué es lo que más nos gusta y lo que no. Podremos elegir a nuestros escritores favoritos de una lista infinitamente más larga, descubrir nuevos valores por nosotros mismos y no tener que conformarnos con esos mimados escritores que poco tienen que ofrecer o con los enchufados de siempre.

Soy un enamorado de los libros, aunque con la actual crisis y los precios de los mismos me sea imposible mantener el nivel de compras de hace un par de años que era de dos libros al mes. Pero incluso la Red puede ayudar a las editoriales a elegir las obras y autores de más éxito. Gracias al número de descargas de una obra, las editoriales  pueden encontrar nuevos valores a los que contratar, con la seguridad de que esas obras en papel venderán sin importar si tiene "nombre" y curriculum, porque ya ha dado pruebas de su éxito gracias al nuevo formato, poniendo finalmente a disposición de los amantes del papel dicha obra.

Personalmente pienso que el libro en papel jamás morirá, pero no dejo de pensar que ya existe una generación que ha nacido y crece con la Red, con los últimos modelos de telefonía móvil, con los Ipad, con los Ebook... Una generación acostumbrada desde pequeños a ver el mundo, comunicarse y aprender a través de pantallas de plasma. Un mundo digital que se ha implantado de forma permanente en sus vidas y que posiblemente, cuando nuestra generación desaparezca, el libro en papel realmente quede obsoleto y los ancianos que dirigen los grandes dinosaurios de las editoriales deberían irse dando cuenta de esto, de que incluso el papel puede realmente morir definitivamente en un par de generaciones.

También opino que todo esto no es malo, es el futuro que avanza con fuerza imparable, sin saber aún que nuevas maravillas puede mostrarnos la tecnología. A veces siento algo de pena por no llegar siquiera a imaginar cómo será ese futuro que no se parecerá en nada a lo que podamos sospechar en estos momentos. En los años cincuenta, sesenta o setenta, fantaseaban conque en el año 2000 viajaríamos en coches volantes, en casas totalmente automatizadas y que vestiríamos ropas brillantes, sin embargo ni el más avezado soñador o imaginativo escritor de ciencia ficción llegó a sospechar siquiera la existencia de Internet y lo que supondría para el mundo y la evolución en la forma de comunicarnos e incluso de pensar, relacionarnos y vivir

Estamos viviendo una nueva revolución. La música en mp3, el cine en avi, o los libros en Ebook han llegado para quedarse, sin imaginar los nuevos formatos que nos quedan por descubrir, y por mucho que las multinacionales de la música, del cine o del mundo editorial se empeñen y quieran batallar en su contra, estarán luchando contra molinos de viento.

Los consumidores no lo queremos todo gratis, sencillamente nos negamos a que nos tomen el pelo, a que nos tomen por tontos de baba. Los consumidores no somos una pandilla de ladrones. Como se está demostrando estos días, los ladrones están al otro lado del mostrador.

Sabemos y doy fe, de que crear tiene un precio, pero que ese precio sea acorde a los nuevos formatos y costes de producción no depende de nosotros, depende de que la industria se adapte y ofrezca sus productos a precios razonables y lógicos. Si quieren evitar las descargas ilegales, las copias o que se compartan archivos, lo único que tienen que hacer es evolucionar y adaptarse. Porque como en la propia Naturaleza, el que no evoluciona y se adapta, se extingue.

José Luis Carranco

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Comentarios 

 
+3 #1 Alma 19-07-2011 15:03
Soy de la opinión que el libro, como tal, no debe desaparecer, o por lo menos yo seguiré comprando mis favoritos en edición de tapa dura :))
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+3 #2 Antonio González 02-08-2011 08:17
Un buen artículo con un brillante análisis que hace reflexionar. Enhorabuena, gracias por compartirlo.
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+1 #3 Psique 19-01-2012 21:36
Mi experiencia como lectora de libro tanto de papel como virtual me dice que es cierto ,el papel morira,tarde o temprano,pero tiene fin.

De hecho te diré que si el libro electrónico surgió en un principio en un formato tipo doc,después se pasó al formato pdf y ahora se está pasando a un nuevo formato llamado epub,formatos que cada vez logran que ocupando un espacio cada vez más pequeño se puedan guardar cientos de libros. Esto no puede ser si no algo positivo,ya que la oferta de libros es inmensa y la cultura se acerca más a todos,con una facilidad que no se había tenido nunca.

Aparte de las cuestiones que has mencionado,sólo le veo un problema al e book,al no ser aceptado por las editoriales,le queda camino para generar confianza entre los escritores nobeles que pueden temer que no sean las editoriales virtuales tan seguras como las que conocemos...

Pese a estas cuestiones,mi opinión personal es que triunfará,yo ya estoy pensando en comprarme mi tableta para leer de todo...

Un saludo.
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