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Quiero contaros una historia que me afecta personalmente en todos los aspectos de mi vida, sobre todo, en la sentimental: mis problemas con los perros. Sobre mí pesa una maldición inverosímil y que no ha habido bruja capaz de quitarme de encima por muchas velas y malos pelos que tenga. Este castigo divino es, que por muchas chicas que conozca, al llegar a su casa, a mi leonera no invito ni a mis padres, me encuentro conque la muchacha tiene perro. Y no hay animal, bicho o planta que pueda ser capaz de arruinar con más eficacia una noche loca de desenfreno íntimo, como un perro.


Antes de continuar, tengo que decir que soy un tío atractivo, suelo tener una conversación interesante que gusta a las féminas y cuando salgo los fines de semana a uno de los muchos locales nocturnos, no tengo ninguna dificultad para salir de él con una chica cogida del brazo para pasar la noche. Eso sí, siempre en su casa, así soy yo el que se va cuando le apetece y no al contrario, que igual quiere que desayunemos juntos y la verdad, lo mío por ahora suelen ser ligues ocasionales y poco más.

Pero el resultado siempre es el mismo, vaya a donde vaya y sea quién sea la chica, siempre, invariablemente, ésta tiene perro. A ver, que yo no tengo problema alguno con los perros, son ellos los que tienen el problema conmigo, que cada vez que ligo se esfuerzan con ahínco en echarme a perder la noche sicalíptica de desahogo de bajos que tenía en mente.

Y es que siempre veo venir la catástrofe, me la huelo mucho mejor que un perro. En el portal nos damos el lote, en el ascensor nuestras manos no dejan de palpar las zonas más deseadas. Llegamos a su planta y ella introduce torpemente las llaves en la cerradura, nerviosa por tan ávidas caricias. Abre la puerta y de repente, ahí están los dichosos ladridos.

Gracias a esta maldición tan peculiar a la que me hallo expuesto, cada encuentro con una nueva chica que promete, conlleva un incierto resultado, porque como dije antes no falla, todas tienen perro. Esta habilidad mía, la de ligar con cierta facilidad y que la chica tenga indefectiblemente un perro en su casa, me han hecho tener un dilatado conocimiento sobre lo que puede ocurrir dependiendo de la raza o tamaño del bicho. Y ahora, voy compartirlo con vosotros.

Si te encuentras que la chica tiene uno de esos pequeñajos, los típicos blanquitos y con lanas, prepárate, porque nada más entrar no dejará de ladrar de forma insistente y chillona y dar saltitos alrededor de la chavala reclamando la atención de su ama, con lo que la concentración por tu parte será completamente nula. Y ya no digamos si al chucho se le ocurre, una vez que conseguís llegar sin mayores percances a la cama, corretear a vuestro alrededor ladrando, saltando como un poseso y mordisqueando allá donde puede. Por cierto, el perro de este tipo que me tocó sufrir se llamaba Pochi. Pa matarla.

Ella te dirá que no pasa nada, pero tu mente, que dicen que es capaz de mover montañas y si hace falta hasta hacerte levitar, aquí no mueve ni levanta nada y de repente recuerdas los incontables correos electrónicos que te llegan a tu e-mail recomendándote comprar Viagra a un precio muy rebajado y que inconscientemente borraste de forma automática. Aunque creo que ni por esas. Yo lo he probado y nada, no funciona o quizás sea por comprarlo por Internet y que las instrucciones vinieran en tailandés y por eso no supe cómo hacer funcionar la mágica pastilla azul, no la de la película Matrix, la otra, la que usa y recomienda Pelé.

Otra costumbre de este tipo de perros es lamer, no es que te vaya a lamer el culo, que también puede ocurrir si lo pones a su alcance, pero por norma, es sentarse la dueña en el sofá, cogerlo, levantarlo y hacerle carantoñas, para que el bicho le lama toda la cara, incluida la boca. Sí, esa misma boca que besabas hace un momento y que posiblemente, a pesar de las circunstancias, tengas que volver a hacerlo y la verdad, personalmente, a mí eso me da un poco de asquito por muy buena que esté la chavala. Pero claro, no le vas a decir que se lave la boca con zotal antes de continuar con el besuqueo, contigo, no con el perro.

Por supuesto, no se te ocurra insultar al chucho, aunque en tu imaginación te veas dándole una patada y mandándolo a hacer puñetas por la ventana. Eso no se hace, es maltrato animal, es una cosa muy fea y penada por la ley. El perro te puede morder, pero a ti ni se te ocurra morderlo a él. Además, si actúas de esta manera, despreciando al animal, la dueña del bicho te echará a patadas de su casa, a ser posible por la misma ventana, llamándote de todo y acordándose de parte de tu familia. Aunque en este caso no sé cual de los dos animales ha sido el más maltratado, el perro o yo.

Total, que si no te han echado de la casa, en estos casos acabas con un gatillazo tremendo, sentado en el borde de la cama, con más mala cara que un pavo escuchando una pandereta y mientras, a tu lado, ella jugueteando con el perro entre las sábanas y hasta igual la escuchas decir: "Ay, mi Puchi ven a jugar con mamá, que Luis no quiere". Sí, no te quepa duda, es tremendamente humillante.

Sigamos en el siguiente escalafón de tamaño perruno. Ahora le toca el turno a ese tipo de perro de mediano tamaño. Recuerdo que un día conocí a una chica que se llamaba Laura y la verdad es que prometía. Me la encontré en la facultad. No es que yo esté estudiando una carrera, los estudios no son lo mío, sencillamente a veces me paso por allí. Las universitarias suelen tener las hormonas revolucionadas y a mí eso me encanta. Laura estaba para reventar y aunque me dijo que tenía perro, lógicamente no me importó ir a su casa. Me encanta la aventura y el riesgo.

Cuando ves al protagonista real de la esta historia y escuchas que la chavala lo llama Dante, no te cabe la menor duda de que para elegir nombre ellas son un tanto especiales. Y cuidado, no vaya ser que nada más sentarte el joio chucho se te mee en la pernera de tus preciados pantalones, marcando su territorio y dándote a entender que ante él no tienes posibilidad alguna de protesta. Recuerdo que Laura, cuando lo vio dijo: "Pero bueno, Dante, eso no se hace, malo, malo". Antes dije que pensaba que prometía, me equivoqué.

Pero el perro no sólo hace eso, sino que encima el bicho se lía a mordisquear tus pantalones y ella entonces te dice la célebre frase de: "Dante, no seas malo. No te preocupes, no hace nada". Todas dicen lo mismo: "no hace nada", pero ese nada que hace tiene un coste de 200 euros. Y ya que me ha jodido los pantalones, espero que al menos no llegue al hueso.

Sigamos. Imagina que hemos llegado al dormitorio y comenzamos a desnudarnos, pero cuidado, hay que estar atentos a la hora de quitarte los pantalones y los calzoncillos, porque no hay costumbre más arraigada en un perro que oler un trasero y la verdad, es algo que resulta de lo más incómodo y sobre todo denigrante, y mucho más en la situación en la que te encuentras. Y atento no vaya a lamértelo, que esa es otra.

Figúrate ahora que ya estáis en la cama dale que te pego a la cosa sexual y que el perro no deja de gruñir en todo momento, y que para colmo, mientras cabalgas al ligue de turno, ésta, entre gemido y gemido, no para de llamar la atención al chucho, con lo que de nuevo nos encontramos con esa falta de concentración necesaria para cumplir cual macho alfa, que ni las pastillas de Pelé son capaces de remediar.

Otra opción es que le pidas amablemente a la chica que lo deje fuera del dormitorio para poder ejercer de macho ibérico a tus anchas y demostrar tu poderío. No servirá de nada, los arañazos en la puerta y los lloriqueos del animal echarán a peder tu pretendida demostración de intenso conocimiento en las labores de alcoba. Bueno, y si aún así consigues hacerla gozar, los gemidos de placer de la fémina harán que la bestia ladre y embista la puerta con más energía pensando que le estás haciendo daño a su dueña.

Si llegas a ese punto, la chica te hará parar para salir y calmar al animal, mientras tú te quedas como un tonto de baba esperando su regreso y escuchando cómo le da doctas explicaciones a un perro de porqué tiene que ser bueno y que a su mami no le pasa nada, que tiene que estar calladito. Tal escena no hay quien la aguante y de nuevo te encuentras al borde la cama con un gatillazo, es inevitable. Lo sé, patético.

Ahora pasemos a los perros de un mayor grosor, de esos típicos que necesitan una correa más gruesa que las maromas de un barco portacontenedores. Entras en la casa y ahí está la bestia. Cómo es lógico lo primero que hace la chica es saludar al animal, al que increíblemente le ha puesto de nombre Tontín. Ya lo dije antes, está claro que las chicas se lían un poquito con los nombres que más se adaptan a su tipo de perro. Lo segundo que hace es decir, en esta ocasión dirigiéndose a ti, la típica frase de: "No te preocupes, Tontín, no hace nada".

Suponte la escena. Llegáis a su casa, os sentáis en el sofá y os tomáis una copa, mientras, el perro no ladra ni tontea, pero te vigila con cara de pocos amigos. Ella te dice que va a ponerse más cómoda, como para darte una sorpresa. Pero la sorpresa la tienes justo delante, pensando en qué hacer para que la bestia no te devore. Porque Tontín está  delante de ti, ya digo que no ladra ni tontea, pero te mira a los ojos y gruñe por lo bajinis y eso acojona bastante, la verdad.

Ahora a ver quién es el guapo que se levanta del sofá con esa bestia delante mirándote a los ojos y gruñéndote mostrando su poderosa dentadura al menor movimiento por tu parte. Y mientras, tu ligue te llama desde el dormitorio para darte la susodicha sorpresa, esperándote para las más lúbricas fantasías y repite que no tengas miedo, que su perro no hace nada. Pero del sofá no eres capaz de moverte en dicha situación.

En ese momento lo que estás es completamente acojonado y sudando como un pollo, con la única idea de salir corriendo de la casa a pesar de tener una tía buenísima y posiblemente en pelotas o con lencería erótico festiva, esperando tu aparición a tan sólo unos metros de ti. Pero, ¿quién te asegura que si te levantas e intentas marcharte, el perro no se te lanzará al cuello?

Y no digamos si ya en el sofá comenzáis con los preliminares, ¿a ver quién se concentra con semejante bicho gruñéndote en todo momento? Y tú venga moverte con lentitud para que el animal no crea que estás amenazando a su ama, con lo que tocar un pecho, se convierte en una aventura que puede durar una eternidad. Además, si llegas al dormitorio y ya estás en pelotas, a ver a quién se le levanta con un dogo de metro y medio gruñéndote amenazadoramente al lado.

Otra opción que tienes a tu disposición es hacerte amigo de la bestia con caricias, palabras suaves y atenciones, aunque eso despistaría mucho de acariciar a la chica que tienes al lado y aunque ella te agradecerá que te hagas amiguito de su mejor compañero, cuidado… Porque ahora imagínate que de verdad te has hecho amigo del perro. Estás allí liadete con la chica en pleno acto amatorio y de repente, el perro dándote una y otra vez con la patita en el culo para que lo sigas acariciando a él en vez de a su dueña. Penoso.

Fíjate tú que le quitas el tanga a la chica y en pleno frenesí lo lanzas a lo lejos y va el joío perro y te trae de nuevo el tanga, no gruñendo, si no ya como ladrando alegremente, para que se lo vuelvas a tirar pensando que estás jugando con él. Lo sé, lamentable.

Otro detalle: las necesidades fisiológicas del perro. Estate alerta no vaya ser que en pleno acto el animal reclame a su dueña para que lo saque a la calle a mear. Piensa siempre que tú eres un simple ligue, te conoce de hace nada y su perro es su compañero del alma y siempre tendrá preferencia, así que si se da el caso, te quedarás tirado con el anuncio de ahora vuelvo, mientras ella baja al chucho.

Pero atento, como te has hecho amigo de la bestia, lo normal es que la chica te diga a ti que le hagas el favor de bajarlo, que te vistes más rápido y así podéis continuar antes con lo que habéis dejado a medias. Y ahora, ahí estás tú, a las tres de la mañana, al lado de un árbol, en una calle solitaria por la que no pasa ni dios, iluminado por una triste farola y escuchando a los grillos, que parecen reírse de ti mientras esperas a ver si el puñetero bicho mea de una vez, pensando que se te enfría el ligue o lo que es más seguro, tú mismo, que ya como que no, que esa noche ya no hay nada que hacer. Ya lo dije antes, lo mío es patético.

También te puedes encontrar conque el perro pase de ti olímpicamente y echado justo a vuestro lado, te observe con mirada perdida aunque estés en pleno acto con la chica. Incluso puede que se duerma ante tus narices a pesar de los gemidos o gritos de placer, lo que puede indicar que está más que acostumbrado a que su dueña lleve a su a casa a ligues ocasionales cada fin de semana, pero bueno, eso no es para mosquearse, además, esa es otra historia.

Leído lo leído hasta aquí, puede parecer que mi vida sentimental es un asquito, lo mismo que cuando el perro le lame la boca a su dueña y ésta luego se te acerca para que la beses. Pero esta maldición que pesa sobre mí y que al parecer no tiene remedio, finalmente ha acabado bien. Os lo cuento...

Todo ocurrió un día en que andaba inmerso en esa jungla que es un bazar chino, buscando el jarrón o cosa más horrorosa de la tienda para un regalo de bodas. Queda claro que los de la boda me caían como el culo. Un bazar chino no es como el Ikea, que entras pero no sabes cómo salir a no ser que recorras todos y cada uno de los pasillos aunque lo que te interesaba estaba nada más entrar. Un bazar chino son muchas estanterías, abarrotadas y casi pegadas, pero la luz de la salida está siempre a mano. En Ikea las señales son para extraviarte aún más y sobre todo, hacerte perder el tiempo.

En un bazar chino nunca pierdes el tiempo, porque en cada estante, en cada rincón hay algo que te maravilla y sorprende. Te sorprende sobre todo que alguien haya sido capaz de fabricarlo. Pero en ese deambular por sus más que estrechos pasillos, mientras miraba despistado no recuerdo qué, tropecé de sopetón con Yen. Y lo de colisionar fue literal. La chica, que imagino habéis deducido que es china por el nombre, también había ido a buscar el objeto más repelente del lugar, porque mira que el jarrón que llevaba en las manos era feo como él solo. Lo peor, o mejor, depende cómo se mire, fue que el jarrón se hizo añicos contra el suelo.

Pero aquí no acaba la cosa. Al mirarla, fue como si una música celestial sonara en el bazar. A ver, música sonaba, pero era china. Pero en mi cabeza sonaba otra cosa. Miré sus rasgados ojos negros, su sonrisa de marfil y después su risa, sin el marfil, porque se había puesto la mano en la boca, ya que al echarme hacia atrás le di un codazo a otro jarrón, por supuesto, también horroroso, que acabó en el suelo y como en una película muda, me doy la vuelta y le endiño a una señora mayor a la que se le cae los dientes. No es que le rompiera los dientes con el codo, era la dentadura postiza que se le escapó de la boca y encima, sin los piños, decía cosas que no le entendía. Eso por no usar Corega Ultra®, el mejor pegamento para tu dentadura postiza (publicidad subliminal).

Y mientras Yen reía tapándose la boca con ese gesto oriental que siempre me ha resultado simpático y atrayente, detrás mía aparece el dependiente gritando y realizando extraños aspavientos: "Tú sel tolpe, tú pagal todo loto, si tú no pagal, yo usal kunfú contla homble tolpe". ¡¡¡Madre del Amor Hermoso con el chino!!!

Total, que como el que no quiere la cosa, mientras el dependiente seguía gritando: "españoles todos tolpes, no sabel andal por tienda, yo tenel que usal kunfú con tanto tolpe", Yen y yo comenzamos a charlar. Por cierto, que ella pronunciaba las eres igual que tú y que yo, que llevaba casi toda la vida aquí. Y charlando, charlando, la acompañé por toda la tienda mientras hacia la compra y yo me olvidaba del regalo horroroso que pensaba comprar. Terminé saliendo de la tienda con Yen, con dos bolsas en cada mano mostrando la caballerosidad que nos caracteriza a los españoles, mientras a mis espaldas seguía oyendo: "Tú tolpe, no volvel a tienda, si no yo usal kunfú".

Ahora pensaréis que me estoy desviando del tema principal de esta confesión escrita por mi parte referida a mis problemas con los perros, nada más lejos de la realidad, ya vamos llegando al final.

Pues resulta que Yen es propietaria de tres restaurantes, chinos, por supuesto, y tras tres semanas de vernos a diario me aficioné a la comida china, que además, ahora me sale gratis. La verdad, es que Yen trabajar, no trabaja, que para eso es la dueña y tiene dos carreras, pero su padre sí, es el cocinero y bien que su querida hija, como buena china, lo explota a más no poder, porque yo nunca lo he visto fuera de su lugar de trabajo, ni he hablado nada interesante con quien será mi futuro suegro. También es posible que no tengamos conversaciones largas porque la verdad es que el padre de mi novia no habla ni una sola palabra de español.

Un día, cuando nos disponíamos a comer, a pesar de no haber visto ningún perro, me dio por hacerle, a la que ya era mi novia oficial, la pregunta decisiva: "¿Te gustan los perros?". Ante su respuesta afirmativa el mundo se me vino encima, pensando que nuestra relación duraría más bien poco una vez conociera a la bestia que tenía oculta en algún lugar de su casa. Sin embargo, ella en plan secretitos me susurró: "¿Quieres probar un plato exquisito que comemos en China pero que en España está prohibido?". Como a mí me gusta el riesgo, algo que se ha podido comprobar a lo largo de este escrito, le dije que sí. Gritó algo en chino a su padre chino, que respondió en chino y al rato traía el plato chino anunciándolo con su nombre en chino.

Así que me dispuse a probar ese nuevo manjar aparentemente desconocido para mí. Unas tiras de dorada carne asada, con salsa caramelizada y aderezada con coloridas verduras. Lo probé. Riquísimo. Qué textura, qué sabor, qué delicia.

"Me encanta", le dije a Yen. "Y a mí", respondió ella. Me sonrió y continuó: "Ya te dije que me gustan mucho los perros". Me quedé mirándola atónito cuando comprendí lo que quería decir. Mientras, ella me miraba expectante para ver cuál sería mi reacción, que no fue otra que sonreír, llevarme otro trocito de carne a la boca y lanzar un gemido de satisfacción por tan sabroso plato.

Total, encontré el amor verdadero y también encontré sentido a esa pregunta que muchos hacen: "¿Te has dado cuenta que no hay perros cerca de los restaurantes chinos?". Igualmente me di cuenta de dos cosas más, que había encontrado a la mujer perfecta y que para mi sorpresa, ahora también me encantan los perros.

© José Luis Carranco

PS: Durante la elaboración de este artículo no se ha maltratado a ningún animal. Si eres amante de los perros, decirte que lo que comen al final en realidad es vaca. Si eres indio, de la India, decirte que no es vaca, es cerdo. Si eres musulmán, decirte que no es cerdo, es pollo. Si eres una gallina, decirte que estos dos se han comido a tu novio.

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Comentarios 

 
+1 #1 Reina Lilith 05-10-2011 09:40
REPUGNANTE el final.... Por lo demas decir que has tenido muy mala fortuna, o muy mal ojo..... Dedícate a mujeres que sepan amaestrar a los perros (tengan las patas que tengan) Yo no tengo ningun problema ni los amigos que vienen a casa (para lo que sea) el perro se acerca, la perra exige "un solo" saludo y luego se van a sus camas....
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+5 #2 doclusifer 05-10-2011 15:28
Parece que la maldición se esfumo con zamparte un perro en salsa china...XD.
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+5 #3 NONO 27-10-2011 13:41
ME CAGO EN LA MAR SERENA YA NO PIDO MAS CARNE EN EL CHINO . VAMOS NI PROBARLA. JAJAJAJJA. PREFIERO QUE EL PERRITO PEQUEÑO ME LAME EL CULO. JAJAJJAJAJ. MUY BUENA HISTORIA LUIS , MUY BUENA.
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