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Parece mentira que hoy día triunfen programas donde unos señores con mucho dinero nos muestran su casa con amplia sonrisa, como una forma de decirnos que no tenemos nada que hacer para tener ese tipo de fastuosas, y en la mayor parte de las veces, ridículas y horteras viviendas. No me apetece hablar de este tipo de programas salido de la mente de un necio para darnos envidia o quizás provocarnos también la risa, si no mejor de cómo debería ser el programa para que realmente tenga interés y nos sintamos identificados. De entrada, deberían ir a casa de gente normal y mostrarnos lo que ya todo sabemos y las maravillas por descubrir en cada estancia, rincón y cajón.


Los seres humanos somos curiosos por naturaleza y cuando nos invitan a casa ajena nuestra curiosidad aumenta varios enteros. Y es que no hay cosa más entretenida y divertida que fisgonear lo que otros tienen en su casa. No es raro que nos dé por ir al baño, y allí podemos hacer los más apasionantes descubrimientos. Todo lo miramos, todo lo abrimos, todo lo tocamos, todo lo olemos.

Abres el armario y encuentras que las colonias y perfumes son comprados en los chinos o ves ese tinte para el pelo, con lo que descubres que ese negro brillante del que tanto farda es más falso que un billete de trescientos euros. Ves las cremas antiarrugas de ella y el crecepelo de él y comienzas a dudar de la escasa edad que confiesan tener. Alucinado descubres una caja de Viagra y ya sabes que no se le levanta, y de paso te llevas un par de ellas por si acaso, que nunca se sabe.

Los hay que en el baño tienen un tendedero pequeñito, algo de lo más cutre y más sabiendo que va a venir visita y no es plan que vean las bragas y los calzoncillos que usan. También descubres una colección de revistas y el cenicero al lado del cagadero y deduces que allí pasan bastante tiempo, o uno de los dos va estreñido o bien tiene el muelle flojo y va más de la cuenta.

Algo que no falla. La báscula. Y lo que tampoco falla es que seguro que la pruebas y que ha de ser también de los chinos, porque la aguja se mueve más que un garbanzo en la boca de un viejo sin dentadura y la cifra además es excesiva y cambia considerablemente cada vez que te subes y te bajas.

Ves colgadas esas batas horrorosas que llevan aún el sello del hotel al igual que las toallas, que no han tenido el detalle de cambiarlas. Los dos van de espléndidos y ya ves, arañan por donde pueden. Cuidado, hay dos batas de boatiné colgadas, una más corta que otra, así que ambos usan tan fabulosa y exótica prenda, que merecería un capítulo aparte por sí misma. Y qué decir de esa piedra pómez de color rosa, ella además de juanetes tiene callos. Ya le notabas algo raro al andar y tú que pensabas que contoneaba el culo para ir provocando y es que le aprieta el zapato allá donde sobra.

También te das de bruces con alguna que otra horterada más, como es esa cortina de baño horrorosa que es imposible que le guste a nadie o el rollo de papel higiénico de repuesto con una fundida de croché. Y es que ella es muy aficionada al ganchillo. Y esas pegatinas en la bañera con forma de pies de colores o la esponja con forma de pene, que hay gente para todo.

Y antes de salir del baño te lavas las manos, te secas con la toalla del hotel que ya está demasiado gastada y tiesa, y por último, abres un cajoncito para encontrar un peine que da cosa usarlo porque los restos de cabellos son excesivos, claro, por eso usa crecepelo, le queda dos telediarios antes de usar peluquín, porque estos usan peluquín seguro.

Otra cosa que hace la gente cuando te invitan a su casa es enseñártela por completo. Un acto poco meditado, pues sobre gustos no hay nada escrito y algunos nacieron sin él, o bien lo perdieron al conocerse y confluir dos gustos diferentes y a la vez chocantes entre ellos, con lo que el resultado puede ser de lo más inaudito.

Comienzan por el salón y ya vas de sorpresa en sorpresa, pero una de las estrellas de la casa es el dormitorio. Al principio lo miras como de pasada, sin fijarte mucho en los detalles, pero te das cuenta en seguida que allí hay material de sobra para el cotilleo, con lo cual, tras salir del baño, te equivocas de puerta y terminas en el dormitorio, que ya puedes explorar a tus anchas en solitario.

De entrada te puedes encontrar diferentes tipos de camas. Las hay pequeñas y flipas cómo puede ser posible que ambos quepan en ella y más con volumen de él, así que imaginas a la pobre de su pareja arrinconada en el filo casi expulsada por la enormidad de la barriga que tiene al lado. Las hay grandes, pero grandes de verdad, y sospechas que ahí duermen más de dos y a saber dónde han escondido al negro.

Te puedes encontrar dos camas pequeñas, que con la edad que tienen no lo ves normal a no ser que jueguen a un día a liarse en una y otro día en la otra, pero tampoco se le ve mucho la gracia, que con la estrechez y el movimiento ya se sabe, falta sitio. Pero cuidado que igual son realmente horteras y la cama es redonda en plan película porno, que parece muy excitante, pero tiene que ser de lo más incómodo, porque o bien se te sale un brazo que una pierna, además del problema de encontrar ropa de cama con tal forma.

Otro detalle de las camas es la colcha o cobertor que las cubre. Ya dije antes que era aficionada a hacer punto, así que no te extrañe encontrarte con una colcha de ganchillo, a la que además ha tenido el dudoso gusto de añadirle lacitos de distintos colores. También es verdad que puedes encontrarte con ese cubrecama hecha con trozos de otras colchas, con colores a cual más dispar, y si es tradición familiar que cada generación añada un fragmento, también es posible que cada cuadradito tenga bordado un nombre. El efecto puede ser impactante.

También cabe la posibilidad de que la colcha esté hecha con los restos que han sobrado de las cortinas para que así esté a juego. Confieso que éste es mi caso. Llámame hortera, pero quedan muy bien conjuntada y divinas de la muerte.

La decoración de las paredes también merecen un momento de reflexión. Te asombra que siendo tan liberales tengan crucifijo sobre el tálamo, pero no sólo eso, a los lados hay cuadros, uno de la santa cena y... sorpresa, en el otro lado una foto de ella ampliada en la playa en top less y con tanga de hilo dental. No tienes ni idea a qué mente retorcida se le ha ocurrido tal combinación capaz de provocar las más extrañas pesadillas. Uno es pervertido, pero a veces observo que lo mío no es nada raro comparado con según que fauna.

La mesita de noche, un mundo por descubrir. De entrada no faltan las fotos, algunas de años pasados, que a veces te dificulta identificar si son tus anfitriones. También parece que los han comprado por el marco, porque te das cuenta de que la foto que lleva es la de los modelos típicos que suelen aparecer cuando te venden un marco, y no les veo yo pinta de modelo a ninguno de los dos. No preguntes, pueden decirte que son antiguas parejas y la cosa puede empeorar aún más.

También es habitual encontrar una batería de medicamentos que espanta por su variedad y cantidad. Ves que sufren de todo, colesterol, ansiedad, ácido úrico y de nuevo otra caja de Viagra, aprovechas y otras dos para el bolsillo, que nunca se sabe y con la crisis no estamos para gastos de este tipo y de paso le damos una alegría al cuerpo. Raro, no hay un sólo libro, ni siquiera una revista como la que has encontrado anteriormente en el baño. Intelectuales que no leen o sólo lo hacen en el baño, chungo.

Abres un cajón y asombrado descubres un vibrador, un bote de lubricante y algunas prendas picaronas y de nuevo elucubras cuál de los dos usará todas estas cositas y es inevitable sonreír, de la misma forma que es inevitable darle al botoncito y ponerlo en marcha para, tras el susto, apagarlo con toda rapidez porque esos cacharros suelen hacen ruido para despertar a medio vecindario.

Llevado por un impulso extraño te sientas sobre el lecho conyugal, como si quisieras probar cómo está el colchón. Yendo más allá, te tumbas y te pegas otro susto que casi lanzas un grito al verte reflejado en un espejo que tienen en el techo. Si la cama es grande, como dije antes, ya es seguro que ahí duermen más de dos y el espejo es para verse haciendo cosas de cópulas varias, así que no se te ocurra abrir ningún armario por si tienen al negro escondido y te da un infarto. Menos mal que en la mesilla hay pastillas de todos los colores e igual te libras.

Decides al fin dirigirte hacia el salón, no vayan a notar que tu ausencia es en extremo larga y le den por ir a buscarte y te encuentren en su cama todo espatarrado mirándote en el espejo del techo haciendo cucamonas o más bien el mono. Estiras la colcha de colores y echas otro vistazo a la habitación lanzando un gesto de asquito. Menos mal, no tienen esa cosa horrorosa llamada galán de noche. Yo los he visto en algún hotel y aún desconozco su utilidad, pero es feo como él solo.

Ahora viene otra parte que puede resultar algo delicada cuando vas de visita a casa de conocidos si vas al caída de la noche, la cena.

Hay lugares en los que es costumbre llevar una botella de vino cuando has sido invitado a cenar, pero por ejemplo, a mí nunca se me ocurre, algo que rápidamente se comprenderá que será uno de los infortunios de la velada. Normalmente, tras enseñarte su vivienda, el conocido suele querer agasajarte con algunas viandas, lo que llamamos corrientemente picar.

A pesar de los anteriores descubrimientos que realizaste en tus indagaciones clandestinas, las cuales ya te han dicho mucho, la pareja va de sofisticada, intentando dar la sensación de pertenecer a un nivel social más elevado que el resto, sobre todo superior al tuyo. Ya sentados en el sofá hace su aparición la pareja con una bandeja cada uno en sus manos. En la de él, ves una hermosa botella de diseño, de esas muy anchas por el culo y de estrecho gollete. En la de ella, una fuente con embutidos, lo típico.

Ahora viene cuando te arrepientes de no haber traído una botella de rioja de verdad, y sobre todo del bueno, porque nada más dar el primer sorbo a la moderna y elegante copa que tienes en la mano, notas que el vino no es que sea malo, es peor. Entran ganas de pedir una botella de gaseosa y unos cubitos de hielo para mezclar, pero te retienes.

Y además pones buena cara cuando lo escuchas decir: "Está bien, ¿eh? Una cosecha muy especial". Y tan especial, sobre todo cuando en una inspección posterior del frigorífico descubres la caja de Don Simón disimulada tras yogures y otros comestibles, eso sí, marca Hacendado y Lidl. Van de muy sofisticados, pero se estiran poco y se les nota que no, que no les llega, que tu estás mal, pero otros están peor y encima quieren aparentar.

Y hablando de estirarse poco, toca echar un vistazo a la bandeja de fiambres. Uno espera encontrar algo de caña de lomo, quizás un buen queso, pero sobre todo ansias hallar jamón serrano. Pobre iluso. Mortadela, chopped y chorizo, que no digo que esté mal, pero encima está cortado tan finamente, que queda claro que es para que parezca que hay más cantidad y ahorrar en un intento de engañar a la vista y al estómago.

Te esfuerzas lo indecible en no hacer el gesto de levantar la loncha de chopped y ponerla ante tus ojos para comprobar el nivel del charcutero a la hora de cortar fino y verificar la transparencia del producto o que soplando eres capaz de hacer que flote en el aire.

Algo picas, no mucho, porque el chopped además tiene el borde así como blanquecino, que no lo acaban de cortar precisamente ni hoy, ni ayer. Y claro, te abstienes de meterle mano. Al chorizo quizás sí, ya se sabe que dura un poquito más y puede que sea de confianza, pero no, es sencillamente grasiento e insulso. A estas alturas tu arrepentimiento es total, no sólo por no haber traído el vino, sino de no haber encargado la cena directamente y haber invitado tú. Pero tranquilo, que igual la noche depara mayores sorpresas.

Sí, tranquilo, que más consternado y arrepentido te vas a sentir en breve, porque como son sofisticados y modernos no pueden hacer una tortilla de patatas, una ensaladilla o unos filetes empanados, que con estas cosas siempre quedas la mar de bien allá donde vayas o incluso puedes encargar la comida al chino de la esquina, que es de lo más socorrido.

Pero no, este tipo de especimenes, para fardar, suelen usar ante las visitas un artilugio llamado fondue. Y no sólo eso, si no que además te especifican que vamos a cenar típica fondue borgoñesa.

-¿Lo qué?
-Borgoñesa, fondue de carne, que fondue a secas es de queso.
-Pues ya me quedo más tranquilo, tú.

Si no lo has probado, puede que tal artefacto y tal ágape te puedan resultar interesantes, si lo has experimentado, sabrás de lo que hablo. Cenar, lo que se dice cenar... pues poco y mal y a uno que le gusta comer y si es por la patilla aún más, el acto de cenar se convierte en algo tedioso, desesperante y cansino.

Eso de la fondue consiste en una especie de cacerola llena de aceite colocada sobre una fuente de calor, en la mayoría de los casos un pequeño hornillo, bueno, pequeño no, minúsculo. Un par de velas darían más lumbre y calor. Al lado encuentras una fuente con trocitos de carne cruda y unos pinchos con manguitos, a veces de colores y con formas que intentan ser divertidas y es hasta posible que hayan colocado un pequeño bote con salsa. Pinchas un trozo de carne y lo introduces en el aceite, y ahora, a esperar, y a mí que me gusta la carne bien hecha o más bien pasada, la espera, que no es corta, es irritante en grado sumo.

Sacas el pincho, lo miras y remiras y vuelves a meterlo en el aceite, que no chisporrotea como debería, porque el hornillito no calienta lo suficiente. Al fin tras unos veinte minutos, te comes el trocito de carne. Tienes que soplar y mucho, porque con las ansias te lo metes del tirón y ya te has quemado la lengua y el paladar, porque es que además va chorreandito de aceite.

El insignificante trocito de carne te ha durado escasos segundos, vuelves pinchar otro trocito de carne y nueva espera. Pero ellos no tienen bastante con la tortura que te están infligiendo, no, sino que encima parece que se ríen de ti cuando te explican que no hay artilugio más social que el fondue, ya que así da más tiempo a charlar mientras cenas y por eso es ideal de la muerte. Y tan ideal de la muerte, porque te entran ganas de matarlos a los dos que sonríen ampliamente como si te hubieran descubierto un mundo nuevo en el universo del yantar.

También cabe la posibilidad de que la pareja, a pesar de su sofisticación haya preparado una cena de verdad, con sus entrantes, su asado de carne con sus salsas, sus postres... Y además todo buenísimo. Algo que te hace dudar de quién habrá cocinado tras ver lo que tienen en el frigorífico y sospechas que o bien lo han encargado o lo más seguro es que lo haya preparado la madre de uno de los dos, a la que hasta te apetece llamar por teléfono para felicitarla, pero no le pides el teléfono, claro, tiene que parecer que lo han hecho ellos.

Pero estos casos son los menos. Lo normal es que quieran asombrarte con extraños platos y las más chocantes mezclas, ya se sabe que los tontos que van de finos les fascina combinar dulce con salado o pescado con carne y también utilizar especias en exceso, sobre todo abusan de la pimienta, la guindilla y el chile. Tu estómago se resentirá y tus almorranas también.

Aún te duele la boca de haberte quemado con la fondue, el estómago te arde con la guindilla, sientes hasta retortijones y estás deseando irte a casa, porque encima, visto lo visto, la conversación es lo de más sosainas y tan indigesta como la misma cena. Conversación en la que has participado tan sólo con movimientos de cabeza o monosílabos, intentando que no se te escape un bostezo, porque el aliento guindilloso no es que sea demasiado agradable.

Crees que queda poco, que en un ratito estarás en casa bebiendo agua bien fría porque el cuerpo te la pide en cantidad, pero no, te invitan a sentarte en el sofá para rematar la velada con un café o copa. Te invitan a otro de los momentos más temibles y perturbadores: la sobremesa.

La cosa comienza con la pregunta: ¿qué te apetece tomar? Tienes que conducir y además no quieres que la cosa se alargue y le dices al anfitrión que no te apetece nada, eso sí, le pides un vaso de agua fría. El otro insistirá y finalmente, sin respetar lo que realmente quieres, aparecerá con una botella tallada llena de un líquido ambarino que define como güisqui, pero que ya sospechas que, visto el panorama, un Chivas de 25 años no es, por muy bonita que sea la botella.

Lo peor es que ni siquiera es DYC si no uno de garrafa marca Lidl, que lo identificas porque se parece mucho al que te ponen en la disco a la que sueles ir los viernes. Traguitos cortos y que se vaya aguando para eliminar en lo posible el sabor peleón del mejunje.

Ahora viene un momento peligroso: ¿cómo piensan tus anfitriones animar esta parte de la velada? Puedes encontrarte diferentes opciones, o bien charlas, o sacan juegos de mesa, o ponen algo de música, hasta es posible que se pongan a bailar. Pero cuidado, lo peor es que le den por enseñarte el DVD de la boda o de sus últimas vacaciones en Cancún, porque ellos no van a Matalascañas, Benidorm o Barbate, no, ellos van a Barbados, Cancún o Venecia. Comer, comen una mierda, pero será por eso que ahorrando luego te fardan con viajes de ensueño.

Si son personas coherentes y con un mínimo de inteligencia, igual la conversación puede resultar interesante, pero esas son las menos. Lo malo es que saques tú un tema, algo que nunca debes hacer, por ejemplo: "¿Qué os parece la movida tan interesante que está surgiendo con el movimiento de Democracia Real Ya?". Aquí podrás ver de qué van. "Esos son unos niñatos desarrapados y porreros que lo único que quieren es fiesta y dar por culo con sandeces. Ahí lo que tiene que tener el Gobierno es mano dura, que cargue la policía y los desaloje de una vez. Pero pronto estará ahí el PP y verás cómo se acaban las tonterías". ¡Ostias, un facha! La cagamos.

Aquí tienes varias alternativas, o bien te levantas y dices que te encuentras un poco mal y te tienes que ir a casa, o te callas y te reprimes tu opinión, porque se están sorteando dos sopapos y el anfitrión ha comprado todas las papeletas. También puedes intentar cambiar la conversación de forma radical y rotunda con un "por cierto, menuda cama, ¿a quién os traéis para liaros? ¿es para ti o para tu señora?". Quizás haya suerte, se indignen y te muestren el camino hacia la puerta.

En suma, y vamos terminando que veo que se está alargando demasiado, lo que interesa es que ese rato pase lo antes posible, busca una buena excusa para librarte de tener que beber el sucedáneo de güisqui de garrafa y tener que soportar las memeces que pueden llegar a soltar por esa parte del cuerpo que llaman boca. Cuidado con caer en la trampa de los juegos de mesa, pero sobre todo, que no enciendan el televisor, di que te duele la cabeza, porque lo del DVD de la boda está al caer y ya tuviste bastante con el de la tuya, que hiciste desaparecer porque tú, a diferencia del resto de los mortales, no quieres provocar vergüenza ajena.

Si consigues librarte e irte para casa, puede ocurrir que a tu pareja les haya caído bien los anfitriones y te reproche tus salidas de tono y lo mal que habéis quedado por tu comportamiento, cuando a ti te importa un bledo quedar mal con este tipo de personas, que ojalá no vuelvan a invitarte más, apuntando bien su número de teléfono por si llaman no cogerlo.

Sin embargo, si tu pareja siente el mismo alivio en abandonar la vivienda de esos dos, te apoya que hayas sido un poco borde para irte lo antes posible y está deseando estar en casa para terminar la velada los dos solos ante una buena copa de verdad. Tu mano se irá hacia el bolsillo donde guardaste la Viagra que te has agenciado, y sonreirás pensando en lo bien que lo vas a pasar probando dicho invento, a ver si es verdad que aguantas horas sin parar, y tanto tú como tu pareja o resarcís de tan lamentable experiencia en casa de esos conocidos desconocidos.

Espero que este artículo os sirva para que os penséis bien a casa de quién vais de cena o de simple visita, porque los más variopintos peligros acechan detrás de cada puerta o de cada palabra y piensa siempre que como en la casa de uno, en ningún sitio, Si no obstante te empujan a ir, resignación, igual sale bien, aunque normalmente no sea así, pero no olvides mirar en los cajones, que igual encuentras las pastillitas azules y te solucionan un par de noches de lujuria loca.

José Luis Carranco

 

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Comentarios 

 
0 #1 jose luis 07-09-2012 23:12
Muy muy bueno el articulo, no se puede expresar mejor en palabras. Es la pura realidad.
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0 #2 SUSANA 19-04-2013 21:54
Realmente me ha encantado tu comentario no puedo estar mas de acuerdo contigo, personalmente este programa me tira para atrás, me parece de una pretensión y de un mal gusto en los tiempos que estamos increíble, es otra de las formas de reirse en nuestra cara,y no es envidia lo que me remueve por dentro es rabia y asco.Cuando cientos de personas son tiradas a la calle como perros esta gentuza nos enseñan sus fastuosas casas, mansiones, castillos, su nivelazo de vida,mientras todo un país se esta dando de ostias por tirar para adelante todos los Dias, asco y verguenza.
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