COLABORA
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y contribuirás para que siga creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.

Siguenos en Facebook
¿Quién está en línea?
Tenemos 71 invitados conectado(s)
Comparte en Facebook

Meser Bondone entró con paso seguro en el taller de lanero donde trabajaba su hijo como aprendiz. Estaba seguro de que aquel buen muchacho se habría abierto camino y, en consecuencia, no estaba preparado para la sorpresa que lo esperaba.

-Bueno, ¿cómo va mi hijo? ¿Aprende?
-Siendo sincero -respondió el patrón-. no estoy demasiado satisfecho. Pensaba pasar yo mismo por vuestra fragua para decíroslo uno de estos días.
-¿Qué pasa? ¿Es que no trabaja?
-No es que no trabaje, pero no pone interés y hace el t6rabajo por hacerlo... Ya me ha estropeado más de un paño de cierto valor con el que esperaba ganar un puñadito de monedas.
-¡Qué raro! Esto es muy raro. Y, sin embargo, puedo asegurarte que conmigo ha sido siempre dócil y obediente. Me habría quedado gustosamente con él, pero se ve a distancia que con esa constitución delicada no está hecho para el martillo de un herrero.
-¿Sabes lo que tengo que decir? Algunas veces que lo he reprendido por los paños que estropeaba, me ha respondido que no había nacido para enmohecerse entre el polvo de la lana y las piezas de paño...
-¿Y no se te ha ocurrido taparle la boca con un par de guantazos?
-Bueno... no lo decía con arrogancia. Disparataba sobre pintura. Decía que un día demostraría lo que valía con un pincel en las manos y otras fantasías que ahora no recuerdo.
-Historias que no llenan la barriga. Hazle trabajar y verás cómo se le pasan las ganas de soñar.
-Es inútil que tratemos de ignorarlo, meser Bondone. Este muchacho no hará más que daños en mi taller. ¿Por qué no te lo llevas?

Giotto volvió a casa y su padre le preguntó si quería dar al fuelle en su fragua.

-No podré con ello, Usted bien lo sabe, padre. ¿Por qué no me deja dedicarme ala pintura?
-Sí. Ya me han dicho que tienes la cabeza llena de esas historias de la pintura... Está bien, entrarás como aprendiz de pintor. Al menos no te veré zanganeando por la calle como un matatiempos cualquiera. Pero, yo no conozco ningún maestro pintor, pues raramente salgo de la fragua.
-No se preocupe, señor padre, yo conozco al maestro que me enseñará a pintar. Se llama Cimabúe y es el maestro más grande que existe.

Giotto empezó a trabajar con Cimabúe. Al principio no hacía mucho, la mayoría de las veces se limitaba a mezclar colores machacándolos largo tiempo en el cubilete o bien rellenaba los espacios vacíos después de que el maestro trazara los contornos de las figuras.

Más tarde llegó la gran ocasión. Cimabúe tuvo que ausentarse, dejando un fresco sin concluir.

-Si quiere, maestro, yo lo terminaré.
-¿Terminarlo? Inténtalo. Veremos lo que eres capaz de hacer.

La respuesta había sido dada sin pensarlo mucho, pero Giotto la tomó en serio y, cuando el maestro regresó, no sólo estaba terminado el fresco, sino que la mano que había ejecutado la última parte daba muestras claras de genialidad. Cimabúe se dio cuenta de ello al primer vistazo del cristo crucificado de Santa María Novella.

GIOTTO

Giotto di Bondone (1267-1337), fue arquitecto y pintor italiano. Sin duda, el primer creador italiano en superar las tendencias bizantinas de la pintura de su tiempo y explorar unas orientaciones que acabaron por desembocar en la gran revolución artística del Renacimiento.

Existen discrepancias en cuanto a sus orígenes y su formación, pero parece seguro que se formó con Cimabúe, en cuya tradición iconográfica se inscriben algunas de sus creaciones, como el Crucifijo de Santa Maria Novella, donde la figura de Cristo está dotada de un sentido humano más profundo que en su maestro.

La obra más antigua que se le atribuye son los frescos de la iglesia superior de Asís, en concreto la Historia de san Francisco, si bien esta atribución constituye uno de los problemas más debatidos de la historia del arte. Está documentada con seguridad la presencia de Giotto en Asís hacia 1290, pero existen demasiadas diferencias estilísticas entre esta obra y otras asignadas con seguridad al maestro.

En 1304 Giotto se trasladó a Padua para pintar los frescos que la familia Scrovegni le encargó en una capilla de su propiedad. Los frescos de esta capilla, denominada de los Scrovegni o de la Arena, son los únicos que se asignan con certeza al maestro. Incluyen un Juicio Final (muro oeste), una Anunciación (arco del presbiterio) y escenas de la Vida de la Virgen y de la Pasión de Cristo (muros restantes), bajo los cuales figuran personificaciones de virtudes y vicios pintadas en grisalla con objeto de crear efectos de relieve.

La obra en su conjunto denota una nueva concepción de la pintura por la atención que presta el artista tanto a la creación de efectos de perspectiva como a la unificación del espacio, que acierta a integrar las figuras con los elementos arquitectónicos que les sirven de marco. Realza la solemnidad y el dramatismo que impregnan estas escenas el empleo de colores puros y matizados.

Desde la finalización de la capilla de Padua hasta el comienzo de su otra gran obra al fresco, Giotto se ocupó en realizaciones de orden menor, como la Madonna de Ognissanti y el Crucifijo del templo Malatestiano de Rímini. A partir de 1317, el maestro trabajó en Florencia, en la decoración de dos capillas de la iglesia de la Santa Croce; las escenas de la Vida de san Francisco pintadas en la capilla Bardi anuncian los ideales pictóricos del Quattrocento; los frescos sobre la Vida de san Juan Bautista en la capilla Peruzzi anticipan las conquistas espaciales de Masaccio.

Con posterioridad, Giotto trabajó para Roberto de Anjou, en Nápoles, y para los Visconti, en Milán. Pero la obra más relevante de los últimos años de su vida fue el campanile de la catedral de Florencia, del que trazó los planos y comenzó la construcción.

El arte profundamente innovador del maestro no dejó indiferentes a sus coetáneos, y ya en su tiempo gozó de una fama inmensa. Figuras de su época como Dante o Boccaccio lo elogiaron, y muchos discípulos perpetuaron sus conquistas hasta finales del siglo XIV. Se considera que sus verdaderos seguidores de su escuela y herederos artísticos fueron Masaccio y Miguel Ángel.

Share
Share/Save/Bookmark

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

INICIO
E.A.C. RADIO
Banner
APADRÍNANOS
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y así seguir creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.