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Federico II de Prusia admiraba a Voltaire, aunque a veces le hacía objeto de sus sátiras. Cierta vez que habían invitado al filósofo a cenar, dejó sobre su plato una tarjeta que decía: "Voltaire es el primero de los asnos. Federico II". Voltaire vio la nota y sin inmutarse, la leyó en voz alta ante el resto de comensales.
-Voltaire es el primero de los asnos. Federico, el segundo"
Comentar que en nuestro idioma no hubiera podido leer la nota de tal manera sin insultar al rey, algo que no ocurre al leerla en otro idioma, ya que fuera de nuestras fronteras no se diría, por ejemplo, Felipe cuarto, si no Felipe, el cuarto. La reina de Inglaterra es Isabel, la segunda. En España no utilizamos el artículo en estos casos como en otros países.


Un día Luis XIV de Francia preguntó:
-¿Qué hora es?
-La que Vuestra Majestad guste -respondió un cortesano.

Acude un litigante a un abogado, lo pone al corriente de su caso y le pide que lo defienda.
-Lo siento mucho -dijo el abogado-, su causa es justa, pero da la casualidad de que represento a la parte contraria.
-Pero si mi causa es justa, la de mi contrario no puede serlo.
-Ah, eso lo veremos en los tribunales.

A Barbey d'Aureville le desafió un individuo a un duelo porque le había dicho que olía mal.
-No acepto el duelo -respondió el escritor-. Si usted me mata, no dejará por ello de oler mal y si le mato yo, aún olerá peor.

El propietario de un magnífico coto de caza dio permiso para ir siempre que quisiera al conde de Berberana. Fue por primera vez y comenzó a cazar, cuando, atraído por los disparos, el guardia de la finca se dirigió hacía el lugar de donde estos procedían. Al ver llegar al guardia, el conde echó a correr como si estuviera cometiendo un delito y el guardia se lanzó en su persecución, llegando a perderle de vista.
Le buscó con insistencia hasta que lo vio sentado sobre una roca y se dirigió presuroso hacia él, pero al llegar el cazador había desaparecido. Desesperado y fatigado por las carreras, buscó a la Guardia Civil y comenzaron una batida para pillar al presumible furtivo. Al cabo de un par de horas dieron con él.
-¿Tiene usted licencia para cazar? -preguntó cabreado el guardia.
-Aquí la tiene.
-Pero esto no es bastante, para cazar aquí hace falta un permiso especial.
-Imagino que uno como éste.
El guardia confuso, le preguntó:
-Entonces, ¿por qué corría usted?
-Porque cada uno se divierte como puede y quiere.

Tristan Bernard acudió a la representación de una comedia suya en un pequeño pueblo francés. El primer actor se inventó tanto texto que, cuando al final de la obra, lo reconoció, se disculpó:
-Ha de perdonar si cambié algunas cosas. Es que no he tenido tiempo de aprenderme el papel.
-¿Perdonar? ¡Si me ha encantado! -dijo Bernard-. Le ruego me dé por escrito todo lo que ha cambiado. Es que me piden una comedia en París. No tengo ninguna y les daría esta. Es imposible reconocerla.

Un soldado del ejército del mariscal de Sajonia fue encontrado culpable de robar gallinas por valor de seis francos y condenado a muerte. El mariscal que estaba presente, le dijo:
-¡Eres un idiota! ¡Jugarte la vida por sólo seis francos!
-Mi general, en el frente me la juego cada día por sólo veinte céntimos.
Al mariscal le hizo gracia la respuesta y lo indultó.

El duque de Crequi se cayó desde lo alto de una escalera sin hacerse daño...
-Ya podéis dar gracias a Dios.
-¿Por qué? No me ha ahorrado ni un solo escalón.

El matemático francés Bossart, estaba muriéndose en París en 1814. Toda su familia se encontraba a su alrededor dirigiéndole palabras cariñosas que el hombre no respondía ni daba señales de entender. Maupertuis, amigo y compañero en la Academia de Ciencias, se acercó al lecho del moribundo y dijo a la familia:
-Yo le haré hablar.
Se inclinó sobre el enfermo y le preguntó:
-¿El cuadrado de doce?
-¡Ciento cuarenta y cuatro! -fueron sus últimas palabras.

Contaba Eugenio Selles que una esposa decía a su marido:
-¿Estás a mi lado y bostezas?
-¿Qué quieres? El marido y la mujer no forman más que uno solo y yo, cuando estoy solo, me aburro.

Desde 1687 a 1690 Isaac Newton fue miembro del Parlamento británico en representación de la Universidad de Cambridge. Durante el tiempo que ostentó el cargo sólo pidió la palabra en una ocasión y dijo lo siguiente:
-Propongo cerrar esa ventana porque aquí hace un frío considerable.

Amadeo Vives, dirigía en el ensayo de una de sus obras. En un momento dado dijo a los miembros de la orquesta:
-Ahora, ustedes, los músicos...
-Perdón, maestro -le interrumpió uno de ellos-, nosotros somos profesores.
-Es verdad, no me acordaba. Ustedes son profesores. Músico lo era Beethoven.

El promotor de actividades literarias y artísticas de principios del siglo XX, Joaquín Borralleras era un habitual a las tertulias que él mismo impulsó en el Ateneo barcelonés. Cierto día, en medio de una acalorada tertulia, uno de los tertulianos le echó en cara que se hubiera casado por interés. Borradellas, indignado contestó:
-¿Qué me he casado por dinero? ¿Casado por dinero? Quien se ha casado por dinero es mi mujer, que si no llega a tenerlo no se casa.

Le dijeron un día al marqués de Melun:
-Mira que Fulano galantea a tu mujer.
-Dejadle, al fin se cansará de ella como me he cansado yo.

Un día le preguntaron a Pitágoras qué entendía él por la palabra amigo...
-Es uno que es como otro yo, como lo son el 220 y el 284.
Esta contestación que parece una chorradita tiene su explicación.
Todos los divisores de 284 (1, 2, 4, 71 y 142), sumados dan 220 y todos los divisores de 220 (1, 2, 4, 5, 10, 11, 20, 22, 44, 55 y 110), sumados dan 284. En matemáticas a estos números se les llaman "amigos".

Le enviaron a un ministro de Hacienda el decreto de su destitución y dijo:
-¡Qué tontería! Precisamente ahora que había hecho mi negocio y me iba a ocupar de la patria, me echan fuera.
Es una anécdota del siglo XIX, pero se puede adaptar con total tranquilidad a cualquier época.

El mariscal Turena era un hombre de gran sencillez. Estaba un día asomado a un balcón cuando un criado le vio y tomándolo por un compañero suyo le arreó una tremenda palmada en el trasero...
-Pero, ¿qué diablos haces? -gritó irritado el mariscal.
-Señor, perdón -respondió confuso el criado-, os había tomado por mi amigo Juan.
El mariscal se llevó las manos allá donde bien le dolía y le dijo...
-Pero, hombre, ¡aunque hubiera sido Juan!

Una mujer muy pintada criticó al pintor Rigaud un retrato que le había hecho...
-Estos colores no son los de mi cara.
-Pues me extraña, señora, porque los compramos en la misma tienda.

Quizás uno de los pocos ejemplos de amistad verdadera, seguramente el único, entre dos grandes maestros contemporáneos de la música, haya sido el caso de Haydn y Mozart. Escribió en una ocasión Haydn a la empresa de la ópera de Praga...
"Lamento no poder servirles escribiendo, según me piden, una ópera ligera para su teatro. Resultaría demasiado difícil igualar a Mozart. Apresúrense a solicitar los servicios de este precioso elemento y ofrézcanle por ellos una digna recompensa. Me pone furioso pensar que este genio no haya conseguido una pensión de la corte. Perdonen el exabrupto, pero es que le admiro demasiado".

Se encontraron por primera vez cuando Haydn tenía cincuenta años y Mozart veintiséis. Haydn había llegado a Viena con su mecenas el príncipe Esterházy y ambos fueron a las famosas sesiones de cuarteto de cuerda que daba Mozart los domingos por la mañana. Desde el primer momento de la presentación, Mozart llamó "papá" a Haydn, lo abrazó delante de todo el mundo y le brindó todo tipo de atenciones y honores. Le dedicó seis cuartetos para cuerda, a lo que alguien preguntó:
-¿Por qué precisamente a Haydn?
-Es mi deber. De él aprendí cómo debe escribirse un cuarteto.

Nunca toleró a nadie la más leve palabra irrespetuosa con Haydn. En cierta ocasión el compositor Kózeluk, después de oír un cuarteto de Haydn dijo con tono arrogante:
-Yo, personalmente, nunca lo hubiera escrito así.
-Ciertamente no lo hubiera hecho usted -replicó Mozart-, y yo tampoco. ¿Sabe usted por qué? Porque ninguno de nosotros podría tener tan brillantes ideas e incluso en el caso de que nosotros dos nos fundiéramos en uno solo, el resultado no tendría suficiente sustancia para igualar a Haydn.

La profunda amistad entre Haydn y Mozart duró ocho años. Se vieron por última vez en 1790, cuando Haydn partió de Viena rumbo a Londres.
-No vaya, papá -le imploró Mozart-. No está usted preparado para afrontar este gran mundo extraño y no habla usted lenguas extranjeras.
-Mi lengua, hijo mío, es mi música y este idioma lo comprende todo el mundo.
Mozart fue a despedirle y mientras le abrazaba tiernamente, exclamó entre lágrimas:
-¡Ah, mi querido papá, éste será nuestro último abrazo!
Pocos meses después llegó a Londres la noticia de la muerte de Mozart. Haydn lloró amargamente y dijo a cuantos se encontraban presentes:
-Llorad, amigos míos, llorad. ¡El mundo nunca más volverá a ver un genio parecido!

Calígula reía a carcajadas. Dos cónsules que le acompañaban le preguntaron la causa de su risa...
-Me río porque pienso que en este mismo instante puedo hacer degollar a los dos.

Un coleccionista japonés poseía un cuadrito del pintor Sesshiu, muerto en 1506. Sorprendido por un incendio y no pudiendo huir del fuego se hizo el harakiri e introdujo el cuadro en su vientre. Se halló el cadáver  medio carbonizado, pero el cuadro estaba intacto.

El caballero de Champcenetz, hombre célebre por su ingenio, compareció ante el tribunal revolucionario que le condenó a muerte, a lo que replicó si era posible buscar un sustituto, que en ese momento no le venía bien.
Camino de la guillotina tropezó con uno de los escalones y dijo a uno que esperaba el mismo suplicio:
-Esto da mala suerte, si fuese supersticioso, volvería a mi casa.

Cuando alguien preguntaba al célebre arqueólogo del siglo XV, Ciriaco di Ancona, cuál era su profesión, contestaba:
-Resucito a los muertos.

El príncipe de Conti era feo como él solo y además tampoco es que fuera un lumbreras. Un día que salía de viaje, le dijo a su esposa:
-Cuidado, no me seas infiel durante mi ausencia.
-Parte tranquilo, esa tentación no la tengo más que cuando te veo en casa.

En cierta ocasión una señora le hizo a Edison la siguiente pregunta:
-¿Es usted quién ha inventado la primera máquina que habla?
-No, señora. La primera máquina parlante la construyó dios de una costilla de Adán. Yo he inventado una máquina que se puede parar cuando habla.

En un viaje de incógnito que hizo Leopoldo de Bélgica, fue presentado a un señor en un casino...
-¿Qué opiniones políticas tiene usted? -le preguntó.
-Yo, republicano. ¿Y usted?
-Hombre, yo, si no fuera por la situación que ocupo, quizás también lo fuera.

Paseaba un día por el parque del Retiro Eduardo Dato, a quien Alfonso XIII le había encargado formar Gobierno, acompañado de su amigo Francisco Bergamín. Dato iba contándole los problemas para elegir ministros. Le comentó que tenía para Estado, Gobernación... pero que no encontraba a ninguno que tuviera las condiciones necesarias para ministro de la Guerra. A esto que pasó una mujer muy guapa, Bergamín la miró con atención y le dijo a Dato con su marcado acento andaluz:
-¿Ze ha fijao usté en Éza?
-Pues tiene usted toda la razón, no me había fijado en Eza. Me parece la persona indicada.
Y así fue como el vizconde de Eza ocupó una poltrona ministerial.

Picasso se indignaba cuando alguien le preguntaba qué representaba sus cuadros...
-¿No comprende mi pintura? ¿Comprende el chino? Pues aprenda chino y aprenda a comprender mi pintura.

Antonio Ríos Rosas, célebre político del siglo XIX, estaba un día en el Congreso de los Diputados dormitando, una costumbre que a pesar de los años, sigue tan vigente entonces como ahora. Un vecino de escaño le tocó el hombro para despertarle.
-¿Qué pasa? -pregunto Ríos.
-Perdone, es que estaba usted dormido.
-No estaba dormido, estaba durmiendo.
-Es lo mismo.
-No, no lo es. No es lo mismo estar bebido que estar bebiendo.
O como dijo un día Cela, no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.

Venía Felipe IV del Escorial en una carroza cuyo cochero era conocido como el Catalán. Había nevado mucho y en un paso peligroso le dijo el cochero al rey:
-Apéese Vuestra Majestad, que no es nada seguro este paso y podemos tener una desgracia.
No quiso Felipe IV bajarse del coche y al rato volcó. Salió el rey como pudo de la carroza y oyó decir al Catalán.
-¡Me alegro!
-¿De qué te alegras, bribón?
Y dando pruebas de ingenio y mente rápida contestó el cochero:
-De que Vuestra Majestad no se haya lastimado.

Un millonario vasco apellidado Agarraporraibarrena iba un día de principios de siglo, por la carretera de La Coruña en su Rolls, cuando le dio un porrazo a un modesto Ford que iba delante, dejándolo en bastante mal estado. Agarraporraibarrena se apresuró a preguntar al dueño del utilitario en cuánto tasaba el daño.
-Ya lo ve usted, el coche ha quedado inservible y me había costado dos mil pesetas.
-Pues ahí las tiene.
Después de darle el dinero, sacó un revolver y disparó sobre el depósito de gasolina que comenzó a arder.
-¿Qué hace usted? -preguntó alarmado el dueño del ardiente Ford.
-Ya lo ve usted, distraerme, que para eso le he pagado el coche.

Cuando le decían al pintor Whistler que Ruskin, su encarnizado enemigo, sabía mucho de arte porque ya de niño había frecuentado los mejores museos de Europa, el pintor contestaba:
-Eso no quiere decir nada. Si fuese verdad, los que más entenderían de arte serían los vigilantes de los museos.

Estando el rey Antígono con su ejército, oyó hablar mal de él a algunos de sus soldados que habían tenido la ocurrencia de hacerlo al lado mismo de su tienda, creyendo que no estaría. El rey levantó un lado de la tela y les dijo:
-Id a murmurar a otro lado, que aquí puede oíros el rey.

En un teatro parisiense un espectador estaba sentado en una butaca al lado de un señor portador de una enorme nariz. Finalmente le dijo:
-En verdad, que su nariz me está molestando desde hace bastante rato.
El otro le respondió tranquilamente...
-Lo comprendo, a mí me está molestando desde hace cuarenta años.

Un colega reprochaba a Alejandro Dumas hijo el haber escrito "Un vacío doloroso que ocasionan los momentos de debilidad".
-Singular imagen. ¿Cómo una cosa vacía puede ser dolorosa.
-¿Es que usted nunca ha tenido dolor de cabeza?

Un pintor tradicional paseaba un día con una de sus bellas modelos, cuando se encontró con Picasso, que comenzaba a ser célebre por sus cuadros cubistas y retratos discutidos en aquel momento. Picasso contempló a la muchacha y le dijo a su colega:
-Tengo ganas de quitarte a la modelo.
-Pues mira, amigo mío, yo no te quitaría a las tuyas.

Entre Voltaire y Piron existía no sólo la rivalidad de dos dramaturgos, sino también la antipatía cordial de dos hombres totalmente distintos. Después del estreno de una obra de Voltaire, que no había sido precisamente un éxito, Piron encontró al autor, y Voltaire le preguntó:
-¿Qué me decís de mi obra?
-Que a buen seguro desearíais que fuese mía.

Balzac notificó a los presentes la defunción de su tío, el cual le había dejado en herencia todos sus bienes, de la siguiente manera:
"Ayer al anochecer, mi tío y yo pasamos a mejor vida".

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