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En 1963, durante un concierto benéfico de los Beatles en el London Palladium y al que acudió la familia Real Británica, John Lennon pidió al publico asistente que los acompañarán:
-Los de las localidades más baratas que den palmas, los de las localidades más caras, simplemente muevan sus joyas.

El nobel de Literatura noruego Knut Hamsun, visitó París por primera vez en 1894. Al volver a casa, y antes de que empezara a explicar sus aventuras, le preguntaron:
-¿Tuviste algún problema con tu francés?
-No -replicó él- pero los franceses sí.

El rey Luis XIV, el Rey Sol, hablaba un día del poder del monarca sobre sus vasallos y el conde de Guiche se permitió observarle que tal poder tenía sus límites.
-Conde -le dijo el rey-, mi poder no tiene límites. Si yo os mandara tiraros al mar tendríais que arrojaros de cabeza al agua inmediatamente.
El conde no replicó, pero dando media vuelta se dirigió a la salida del salón.
-¿Dónde vais? -le preguntó el rey.
-A aprender a nadar, señor.
Todos rieron, el rey el primero.

En 1985, escondido entre los archivos de la Segunda Guerra Mundial, se descubrió un documento en el que se explicaba la "travesura" del dentista estadounidense Jack Mallory, cuando este acudió para curar el dolor de muelas del general japonés Hideki Tojo, prisionero de guerra tras la ocupación norteamericana de Japón. Durante la intervención el dentista militar grabó en los dientes postizos del general japonés las palabras: "Remember Pearl Harbor" (Recuerda Pearl Harbor) en código Morse. Tres meses después de la intervención dental los japoneses descubrieron la broma y borraron las marcas de los dientes del general japonés.

Durante un viaje a Francia Alfred Hitchcock fue retenido en el aeropuerto. Llamó la atención del funcionario de la aduana que en el pasaporte pusiera como profesión “Productor”.
-¿Productor? -le preguntó a Hitchcock-. ¿Y usted que produce?
-Piel de gallina.

Alejandro Magno tenía una amistad fraternal con su médico personal Filipo de Acarnania, al que conocía desde niño. En cierta ocasión, en la que el monarca había enfermado y requirió la presencia del galeno, fue advertido de que Filipo se había vendido al enemigo y que, muy probablemente, lo envenenaría. De todos modos quiso que lo visitase y se bebió que le preparó el médico. Tras esto, Alejandro Magno dijo:
-Prefiero morir a desconfiar de mis amigos

En el despacho del magnate del petróleo, Rockefeller, se presentó un día un perturbado , que poniéndole una pistola en el pecho le gritó:
-¡Llegó tu hora! ¡Tienes que repartir entre la humanidad toda tu fortuna!
Conservando la calma, Rockefeller apartó la pistola y se puso a hacer unas cuentas. Cuando terminó le dijo al loquito:
-Ya sabe que mi fortuna es de dos mil millones de dólares y que los habitantes del mundo son unos mil ochocientos millones. Tocamos a un dólar y doce centavos cada uno. Tenga, aquí tiene lo que le corresponde y déjeme seguir trabajando.

George Bernard Shaw recibió en cierta ocasión un sobre con una nota en la que sólo se leía una palabra: "Imbécil", a lo que comentó:
-He recibido en mi vida muchas cartas sin firmas, pero esta es la primera firma que recibo sin carta.

Picasso, era un gran aficionado a los toros y nunca dejó de asistir a las corridas aun estando en Francia. Una tarde, en el transcurso de una corrida que presenciaban Picasso y Eugenio Arias, su barbero particular, un picador le brindó la faena al genial pintor, lanzándole su sombrero. Picasso se lo devolvió con un dibujo que había improvisado durante el transcurso de la misma. Más tarde, al finalizar el espectáculo, el picador le comentó a Eugenio Arias que uno de los toreros que intervenían en la fiesta le había ofrecido, nada más y nada menos, que cincuenta duros por su sombrero. Arias le aconsejó que lo recuperara porque había hecho un muy mal negocio. Años más tarde, se volvieron a encontrar el barbero y el picador y éste le agradeció efusivamente el consejo que Arias le había dado en aquella ya lejana oportunidad, ya que gracias a la venta del "famoso" sombrero había podido comprarse una casa.

En 1826, la Academia de París publicó lo siguiente: "El estetoscopio, más que un aparato médico, parece un juguete y el método de auscultación de la caja torácica es una extravagancia y una aberración."

Durante una entrevista, un periodista le pregunto a Einstein si podía explicarle la ley de la Relatividad de una manera sencilla para poder entenderla. Einstein le contestó:
-¿Me puede usted. explicar cómo se fríe un huevo?.
El periodista lo miró extrañado y contestó:
-Pues, sí, sí que puedo.
Einstein replicó:
-Bueno, pues hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego.

Durante el rodaje en 1956 del film “Centauros del desierto”, John Ford recibió la visita del delegado de producción para decirle que llevaba diez días de retraso. Ford agarró el guión, arrancó diez secuencias al azar y dijo:
-Acabo de recuperarlos

Según documentos de la época, en tiempo de Cayo Julio César (Roma, 100-44 a. de C.) se levantaron en Roma dos teatros de tipo griego colindantes entre sí, de modo que los 20.000 espectadores de uno le daban la espalda a los 20.000 del otro. Al parecer, cuando se ofrecían espectáculos circenses, los dos teatros giraban sobre sí mismos mediante unos mecanismos desconocidos para convertirse en un teatro circular.

Alejandro Dumas (padre), tras publicar el libro titulado “El vacío doloroso”, fue visitado por un amigo que le dijo:
-Es un título sin sentido. El vacío no puede ser doloroso
-¿Que no? ¡Cómo se ve que nunca os ha dolido la cabeza, amigo mío!

Cuando el físico alemán Wilhelm Conrad Roentgen, descubrió los rayos X, también llamados rayos Roentgen, en el estado norteamericano de Nueva Jersey de dictó un curiosa ley. Esta ley prohibía la posible aplicación de los rayos X a los binoculares de teatro, ya que se sospechaba que sería utilizados para, a través de la ropa, ver el cuerpo desnudo de las señoras. Al parecer la idea la había tenido un fabricante de binoculares y la había utilizado en su campaña publicitaria.

Residía en París el escritor mexicano Alfonso Reyes, cuando un colega francés le comentó:
-Ahora se antoja absurdo que los aztecas consideraran a los europeos centauros, mitad hombre mitad caballo.
-No crea -replicó Reyes-. Aún no hemos decidido lo contrario.

En la pausa de un acto cultural, el novelista Oscar Hermes Villordo acompañó a Borges al baño, situado en un primer piso al que se llegaba por una empinada escalera de madera. Cuando volvían, Villordo notó que Borges descendía los escalones demasiado rápido y, temiendo lo peor, le preguntó:
-¿No debería ir más despacio?
-Pero si no soy yo -aclaró Borges- ¡Es Newton!

John Thomas Watson, fue un industrial norteamericano, que en 1914 comenzó a trabajar en la empresa que en 1924 pasó a llamarse IBM. En esta empresa ocupó el cargo de director, llevando a la empresa, a la cúspide de las multinacionales del sector de la informática y la ofimática. En 1943 afirmó: "Yo pienso que la demanda mundial de ordenadores no excederá de cinco máquinas."

El escritor Franz Kafka acudió una tarde a visitar a un amigo, pero sin querer, al llegar, despertó al padre de éste, que dormía en un diván. Con los brazos en alto, como para disculparse, atravesó la estancia de puntillas, susurrándole al anciano:
-Perdone, considéreme un sueño.

Kenneth Olse, presidente fundador de Digital Equipment, empresa dedicada a la fabricación de ordenadores, afirmaba en 1977: "no hay ninguna razón para que un individuo cualquiera quiera un ordenador en su casa."

Cuentan que los padres del poeta irlandés, James Joyce, estaban desayunando cuando el padre, que ojeaba el periódico, le dijo a su mujer que el diario publicaba la esquela mortuoria de una vieja amiga suya:
-¡No me digas que se ha muerto! -exclamó la mujer afligida.
-No sé si habrá muerto, pero el caso es que la han enterrado.

Jean Reno, actor conocido por películas como "Los ríos de color púrpura", "Ronin" o "León, el especialista", se llama en realidad Juan Moreno y nació el 30 de Julio de 1948 en Casablanca, Marruecos. Sus padres eran Andaluces pero tuvieron que emigrar a Marruecos a causa del régimen de Franco. En los años 60 se muda a Francia y decide ser actor. Tras una larga trayectoria como actor, con más de 50 películas a sus espaldas, Jean Reno ha sido nombrado hijo predilecto de Cádiz, ya que sus padres eran originarios de Sanlucar de Barrameda y habla español como tú y como yo, eso sí, con acento andaluz.

Un popular presentador deportivo le pidió al presidente del Real Madrid que le “prestase” a un par de jugadores para un programa nocturno de televisión.
-Es que están concentrados y no les conviene -se excusó don Santiago Bernabéu
-¿Pues podría ser, entonces, Miguel Muñoz? -insistió el periodista.
-¿El entrenador?, imposible ¡Pero si es el que los vigila para que no se escapen!

El diestro, Antonio Sánchez “El Tato”, perdió una pierna a causa de una cornada pero, aun así, siguió toreando, aunque, obviamente, con un enorme prudencia hacia los toros. En cierta ocasión, se protegía tras un callejón que el astado miraba fijamente con intención evidente de embestir y la gente empezó a gritar:
-¡El cojo!… ¡Que el toro va a cojer al cojo!
El Tato se giró hacia el tendido y replicó indignado:
-Dejad al toro tranquilo, que escoja a quien quiera. ¡No comerle el coco! 

Louise Lumière, inventor del cinematógrafo, manifestó:
-Mi invento podrá ser disfrutado como curiosidad científica... pero comercialmente no tiene el más mínimo interés.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Ronal Reagan trabajó en un almacén que tenía un departamento de documentos históricos. Muchos de ellos carecían de relevancia y hacía falta el espacio que ocupaban, por lo que envió una petición oficial a sus superiores para destruir los documentos obsoletos. La respuesta que le llegó fue la siguiente:
"Permiso concedido, siempre que se hagan copias de los documentos destruidos".

En cierta ocasión se le acercó a Salvador Dalí la actriz francesa Madeleine Renaud. Se encontraba entusiasmada y le dijo al pintor:
-Quiero que sepa que le admiro muchísimo y que no hay duda de que es usted un genio
Dalí la miró, sonrió y se limitó a contestarle:
-Pienso como usted, señorita

Fue durante el siglo I, antes de que el cristianismo fuera adoptado como religión oficial por el Imperio romano cuando, los Padres de la Iglesia ordenaron que ninguna persona que llevara peluca podría recibir la bendición cristiana. Es más, Tertuliano, Padre de la Iglesia de Occidente y primer escritor cristiano en lengua latina, afirmó ya en el siglo II que “...todas las pelucas son disfraces e invenciones del diablo”.

No fue hasta el 31 de octubre de 1992 cuando, la Iglesia Católica, rehabilitó la figura y reconoció las aportaciones científicas del físico italiano Galileo Galilei. Quien, como defensor del sistema copernicano, fue perseguido por el Santo Oficio, conminado a abjurar sus teorías, penado con largas condenas de reclusión y su obra incluida en el Índice de libros prohibidos. Para revocar la sentencia que lo condenaba la comisión vaticana nombrada para ello estuvo nada menos que once años deliberando.

Al famoso pintor malagueño le encantaba recibir visitas en su casa del sur de Francia, y todas se sorprendían por lo mismo, ya que no tenía colgado ni un solo cuadro suyo.
-¿Acaso no te gustan tus punturas?- le preguntaron.
-Me encantan -respondió Picasso-. El problema es que… Verás, no puedo permitírmelas.

Un joven músico fue a visitar al compositor Charles Camille Saint-Saëns para que éste valorase una de sus composiciones. La obra resultó ser una vulgar copia de “El cisne”, escrita por el mismo Saint-Saëns. Tras finalizar, el muchacho le preguntó:
-¿Cómo la titularía, maestro?
-La oca –replicó él sin inmutarse.

A Einstein no le agradaba conducir automóviles, a pesar de que le gustaban los coches y le resultaban muy cómodos para desplazarse, así que tenía contratado un chofer. Después de numerosos viajes juntos, Einstein le comentó un día a su chofer lo monótono y aburrido que le resultaba repetir lo mismo una y otra vez en cada disertación.
-Si quiere, -le dijo el chofer- lo puedo sustituir a usted por una noche. He oído sus conceptos tantas veces que los podría recitar palabra por palabra...."
Einstein aceptó el desafío y antes de llegar al lugar donde tendría lugar su conferencia, intercambiaron sus vestimentas y el científico se sentó al volante del vehículo.
Llegaron al lugar previsto y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, nadie se percató del engaño: El chofer expuso la misma conferencia que había escuchado en tantas ocasiones a "su maestro".
Al final de la exposición, un destacado profesor de la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de la respuesta, sin embargo en un golpe de inspiración le contestó:
-Me extraña, profesor, la pregunta que usted me hace. Es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra sentado al fondo de la sala, se la responda.

Siendo jugador del Manchester United, Éric Cantona se declaró un auténtico fan de Rimbaud durante una entrevista a un diario británico. A la hora de transcribir la entrevista, un error por parte del periodista hizo que en el artículo apareciese unas declaraciones del futbolista declarándose fan de Rambo en lugar del genial poeta francés del siglo XIX Arthur Rimbaud. Tiempo después, Cantona dijo respecto a esto:
-Desde entonces no dejan de enviarme fotos de Stallone. Tiro cubos enteros de ellas.

A principios del siglo XX, el multimillonario escocés, Andrew Carnegie sentía tal devoción por su perro que, tras perderlo a orillas del lago Michigan, acudió al periódico local para poner el siguiente anuncio:
“Se busca a un fox-terrier blanco que responde al nombre de Billy. Recompensa de mil dólares a quien lo encuentre”.
Al día siguiente comprobó como el anuncio no se había publicado y Carnegie fue a la redacción a protestar, pero al llegar allí comprobó que tan solo se encontraba la señora de la limpieza:
-¿Es qué no hay nadie? -preguntó, intrigado.
-No, por lo que he oído, se han ido todos en busca de un perro blanco llamado Billy.

Charles Chaplin, una vez participó de incógnito en un concurso de imitadores de Charlot. Sin embargo, no pasó de la primera ronda, los jueces le dieron una de las peores calificaciones como imitador de sí mismo.

Corría el año 1802 cuando un soldado fue condenado  a la pena capital por robo y homicidio. El juez dictaminó que se efectuaría en la Plaza Mayor de Valladolid. Y efectivamente se ahorcó a aquel soldado llamado Mariano Coronado. Una vez ahorcado, y creyendo que su alma había ascendido definitivamente, se bajó el cuerpo de la horca y las Hermanas de la Caridad se hicieron cargo del cuerpo, que iba camino del féretro cuando movió una mano. Volvió a la vida poco a poco y las monjas se encontraron con un dilema ¿Lo reahorcamos? se preguntaron. Después de la sesuda reflexión se decidió que había cumplido con la justicia. Había sido condenado a la horca y había sido ahorcado, por lo que la pena ya había sido efectuada.
Pero aquí no acaba la historia, porque después se procesó al verdugo por considerarlo culpable de la "vida" del Mariano Coronado. Afortunadamente para el "pobre" verdugo, el juez concluyó que había hecho bien su trabajo y que la culpa del poco afortunado hecho residía en haberlo bajado demasiado pronto de la soga.

Durante una entrevista al celebre compositor estadounidense Cole Porter, el periodista le preguntó sobre qué era lo que más inspiraba al músico o si tenía algún ritual para convocar a las musas. Porter contestó:
-Mi única fuente de inspiración es una llamada telefónica de un productor.

Durante una visita del grupo U2 a Jamaica, coincidieron en ascensor del hotel los músicos con un empresario local. Éste no reconoció a los cantantes, pero hablando durante el trayecto a sus respectivas habitaciones se dio cuenta que eran irlandeses.
-¿Sabéis donde puede encontrarse las mejores cervezas Guinness del mundo?- preguntó el empresario
-Sí, en Dublín, por supuesto- contestó rápidamente Bono
-No señor. Aquí mismo, en Jamaica
-¿Estás bromeando?- pregunto extrañado el vocalista de U2
-Os apuesto 10 Libras a que es verdad. Venid a mi local esta noche y os lo mostraré
Esa noche, los componentes de U2 se presentaron en el local jamaicano dispuestos a probar la cerveza Guinness de la que había estado presumiendo el tipo del ascensor. Tras bebérsela, Bono exclamó:
-¡Jodido infierno, es la mejor cerveza Guinness que he tomado jamás!

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