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Encontrándose en su lecho de muerte, los familiares de Marlene Dietrich mandaron llamar a un sacerdote para que le diera la extremaunción. Tal y como entró por la puerta de la habitación el religioso, la actriz le espetó:
-¿Para qué debo hablar con usted? En poco tiempo podré hacerlo con su jefe.

Durante la crisis económica de mediados del siglo XIX, un acreedor ansioso por cobrar la deuda que había contraído el gobierno con él le dijo a Narváez, Presidente del Consejo de Ministros:
-España cuenta con hombres insignes, como Cristóbal Colón, que descubrió América. ¿Por qué nadie del gobierno descubre la manera de pagarnos?
Narváez le contestó:
-Mire usted, Colón descubrió América porque había una América que descubrir, nosotros no podemos descubrir dinero porque no lo hay.

Ramón Rodríguez Correa, periodista y autor de teatro, frecuentaba la casa del banquero Carriquirri, amenizando con su ingenio muchas de las veladas. Un día en que el escritor estaba en una difícil situación económica, se atrevió a pedir al millonario un préstamo de quinientas pesetas. El banquero se las negó. Correa indignado ante la falsa amistad del adinerado financiero, le dijo:
-¡Usted me estafa!
-¿Cómo que yo le estafo?
-¡Sí, señor! ¡Usted no es inteligente, ni agradable, ni nada, ni da una sed de agua a nadie, y yo vengo a ofrecerle durante varios años mi conversación, mis noticias, mi poco o mucho ingenio. Llega la hora de necesitarle y usted me niega lo único que tiene, dinero... ¡Usted me estafa!

En cierta ocasión una señora se le acercó a Thomas Alva Edison y le dijo con cierto ironía:
-¿Es usted el que ha inventado esa máquina que habla?
Edison respondió:
-No, señora. La primera máquina parlante la sacó Dios de una de las costillas de Adán. Yo he inventado una máquina que uno puede parar cuando ya se ha cansado de oírla.

En la época de Carlos II de Inglaterra estaba prohibida la actuación de mujeres en los escenarios y los papeles femeninos eran interpretados por hombres. Un día que se retrazaba el comienzo de la obra, el rey llamó a su chambelán y le preguntó:
-¿Qué sucede? ¿Por qué no comienza la representación?
-Sólo un momento, majestad, la reina está terminando de afeitarse el bigote.

Cuando a Billy Wilder le preguntaban que cómo quería morir, solía responder:
-Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, “in fraganti”, con su joven esposa

Ronald Reagan, el ex-presidente de los Estados Unidos y ex-actor de cine, fue rechazado para el papel principal en una película de 1964 llamada "The Best Man" porque, según el director, "no tenía apariencia de presidente".

Aristide Briand fue a visitar una exposición de arte y se detuvo largamente ante un cuadro que representaba a dos mujeres abrazadas.
-Es una alegoría, excelencia -le explicó el pintor-. Representa a la Justicia abrazada a la Paz.
-Es natural, las pobrecitas se encuentran tan pocas veces.

Mark Twain era extremadamente despistado y un día le ocurrió la siguiente anécdota viajando en tren. Llegó el revisor y el escritor no encontraba su billete. Tas una larga espera, con Twain rebuscando por todos sus bolsillos, el hombre le dijo:
-Ya sé que usted es el autor de "Tom Sawyer", así que no se moleste, estoy seguro de que ha extraviado el billete.
Pero Twain continuaba buscando y el revisor seguía insistiendo en que no hacía falta, hasta que finalmente el escritor le confesó:
-Es que, si no lo encuentro, no se dónde debo bajarme.

Un día a Jacinto Benavente le visitaba un vendedor de libros, que no le conocía, que se empeñaba en venderle una edición de lujo de una de sus obras. Ante las protestas del genial dramaturgo el vendedor se ponía más pesado.
-No me negará usted que don Jacinto Benavente es uno de los escritores más famosos del mundo.
-No se lo niego.
-Entonces en su biblioteca debe estar esta edición de lujo que le dejo casi regalada.
-Pero si yo no tengo biblioteca...
-¿No es aficionado al teatro? ¿No le gusta la lectura...? No se preocupe, lea a Benavente y se aficionará. A lo mejor no ha leído ninguna de sus obras.
-No, no las he leído, me he contentado con escribirlas.

Coincidieron en una reunión social Albert Einstein y Charles Chaplin. En el transcurso de la conversación, el físico elogió al actor del siguiente modo:
-Lo que he admirado siempre de usted es que su arte es universal. Todo el mundo le comprende y le admira.
A lo que Chaplin replicó:
-Lo suyo es mucho más digno de respeto. Todo el mundo le admira y prácticamente nadie le comprende.

La actriz Brooke Shields fue reclutada por el gobierno en una campaña antitabaco en los Estados Unidos, en una de las charlas públicas que dio, durante la conferencia se hizo un poco de lío y soltó lo siguiente:
-Fumar mata. Y si te mueres, has perdido una parte muy importante de tu vida.

En el año 500 a. C. el poeta griego Simónides de Ceos ideó el "sistema de lugares" para recordar la situación de unos comensales. Simónides estaba en el banquete cuando se ausentó brevemente, salvándose así de morir aplastado por el derrumbe del techo y fue el único en poder reconocer los destrozados cuerpos de los comensales al recordar los lugares donde estaban sentados.

Napoleón Bonaparte odiaba perder y jugando a las cartas no vacilaba un instante en hacer trampas, que sus contrincantes consentían sin decir nada. Cierto día, jugando a los bolos con el General Drouot, el emperador le preguntó:
-¿Cómo diablos es que no puedo ganaros ni una sola vez?
El general replicó:
-Sire, porque a los bolos no se pueden hacer trampas.

Paseaba junto a un amigo por la calle cuando se cruzaron con una procesión precedida por un Cristo crucificado, motivo por el cual Voltaire se quitó el sombrero en señal de respeto.
-Os creía incrédulo en materia de religión -le dijo su acompañante, sorprendido por el gesto.
-Y lo soy. Aunque Cristo y yo nos saludamos, no nos hablamos.

Se quejaba a Voltaire el duque de Roquelaure...
-Creo que no existe remedio contra esta serie de calumnias que tan a menudo se generan en reuniones y tertulias y a las cuales nadie escapa.
-Claro que hay remedio. En toda reunión sea usted el primero en llegar y el último en marcharse.

Cuando el rey Alfonso XIII le otorgó a Miguel de Unamuno la Gran Cruz de Alfonso X Sabio, el escritor comentó:
-Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco.
El monarca le contestó:
-¡Qué curioso! En general, la mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen.
-Señor, en el caso de los otros, efectivamente no se la merecían.

El Emperador Carlos V tenía una gran afición por los relojes, que eran su gran pasión. En el Monasterio de Yuste tenía una colección realmente impresionante. Una vez mientras los observaba dijo:
-Ha sido posible unir bajo mi dominio a diez pueblos con distintas lenguas y culturas, y a estos relojes que les doy cuerda todos los días, no puedo hacerles dar a todos a la misma hora.

En una entrevista realizada a John Lennon en 1964 después de su primera y exitosa gira a USA, declaró :
-La verdad es que no me sorprende tanto que hayamos subido tan rápido en el mundo del espectáculo, porque siempre creímos que éramos el mejor grupo del mundo, sólo era cuestión de tiempo que los demás se dieran cuenta.

Un individuo se presentó en casa del médico homeópata Manuel Torres Oliveros...
-Mire usted, doctor, soy un hombre prevenido y aunque me encuentro bien, quisiera que me indicara qué debo hacer para conservar en lo posible la salud y vivir el mayor tiempo posible.
-Me parece bien que sea prevenido. Veamos. ¿Usted fuma?
-No, señor.
-¿Bebe usted?
-Agua únicamente.
-¿Toma en las comidas mostaza, pimientas...?
-Tampoco
-¿Hace usted algún tipo de exceso?
-Soy un santo.
-Entonces, ¿para qué quiere usted vivir?

Le llegaron rumores a la reina británica Victoria de que cierto ministro iba hablando mal de ella por los salones y tertulias. En vez de enojarse, le quitó importancia al asunto diciendo:
-No pienso ocuparme de lo que el ministro opine de mí, lo que debe importarle es lo que opine yo de él.

Carlos III emprendió numerosas obras en la capital de España para convertirla en una capital modelo en Europa. Entre los múltiples proyectos estaba el construir un sistema de conductos de canalización de las aguas, cuyo propósito era limpiar la ciudad de residuos. Dicha propuesta no fue del agrado de los madrileños, por lo que el monarca exclamó:
-Mis súbditos son como niños pequeños. Lloran cuando se les lava.

Después de terminar la capilla Sixtina, el Papa Julio II le decía a menudo a Miguel Ángel que la capilla debía enriquecerse con colores y oro, que era pobre para ser la capilla del Sumo Pontífice. A lo que Miguel Ángel le contestó:
Santo Padre, en aquel tiempo los hombres no llevaban encima oro y aquellos que son representados no fueron nunca muy ricos, sino hombres santos porque ellos despreciaron las riquezas.

Se encontraba toreando en Barcelona Matías Lara “Larita”, cuando su banderillero se le acercó y le dijo:
-Maestro, que ese toro lleva muy malas intenciones, tenga usted cuidado.
El matador lo miró muy serio y replicó:
-Si son malas las suyas, ¡no veas las mías! A ver si se lo dices al animal, para que también él vaya cogiendo miedo.

El célebre profesor en medicina Henri Mondor oía un día a un individuo que bromeaba sobre los médicos:
-Profesor, no hay peores enfermos que los médicos.
A lo que el profesor replicó:
-Y no hay peores médicos que los enfermos.

George Bernard Shaw, (1856-1950), se topó con una señorita en medio de una reunión y le dijo:
-¡Qué hermosa es usted!
La dama respondió con desagrado:
-Caballero, no puedo decir lo mismo de usted. ¿Qué me recomienda?
-Le sugiero que haga como hice yo, que mienta."

Siendo profesor de Filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires, Jorge Luis Borges le pidió a una alumna su opinión sobre la obra de Shakespeare. Ésta contestó:
-Me aburre.
Pero al instante puntualizó:
-Al menos lo que ha escrito hasta ahora.
Borges, sin alterarse, le respondió:
-Tal vez Shakespeare todavía no escribió para vos. A lo mejor dentro de cinco años lo hace.

En cierta ocasión estaba Truman Capote en un restaurante de Nueva York, siendo una de esas pocas veces en las que se encontraba lucido y sobrio. Un grupo de mujeres allí presentes reconoció al famoso dramaturgo y se le acercaron con intención de elogiar su obra y pedirle unos autógrafos. Le ofrecieron servilletas de papel para que les firmase, pero el marido de una de las presentes espetó que “era un desperdicio el ofrecer tanta emoción femenina hacia un homosexual“. Acto seguido bajó la cremallera de su pantalón y sacándose el pene lo colocó frente a la cara del escritor, al mismo tiempo que le decía:
-Quizás te gustaría firmar esto.
Capote inspecciono el miembro que colgaba frente a su nariz y cortésmente respondió:
-No sé si puedo firmarlo. Tal vez sólo podré poner las iniciales.

Durante una de sus habituales tertulias literarias, Jacinto Benavente decía grandes elogios de Valle-Inclán, del que decía que era uno de los más valiosos escritores que tenía España.
-Pues don Ramón -le interrumpe uno de los contertulios- no opina lo mismo de usted.
Benavente replicó inmediatamente:
-Pues a lo mejor estamos equivocados los dos.

A Ramón María del Valle-Inclán, por culpa de un bastonazo se le incrustó el gemelo y hubo que cortarle el brazo. Acabada la operación, Valle-Inclán se dirigió a Benavente que se hallaba presente y le dijo:
-¡Cómo me duele ese brazo!
-Ése ya no, Ramón.

En una reunión, Valle-Inclán intentaba meter baza en la conversación sin conseguirlo. Sacó un revolver y disparó un tiro bajo la mesa. Se hizo el silencio y entonces él, tranquilamente, dijo:
-Bueno, como quería decirle a ustedes...

En 1940, con París ocupada por los nazis, un oficial alemán que contemplaba una foto del Guernica, le preguntó a Picasso si era él el que había hecho eso. La respuesta del pintor fue:
-No, han sido ustedes.

Un pintor muy vanidoso le decía un día a Degas:
-La pintura es un objeto de lujo.
-Eso lo será la suya. La mía es un objeto de primera necesidad.

Desde 1687 a 1690 Isaac Newton fue miembro del Parlamento británico en representación de la Universidad de Cambridge. Durante el tiempo que ostentó el cargo sólo pidió la palabra en una ocasión para decir:
-Propongo cerrar esa ventana porque aquí hace un frío considerable.

Oscar Wilde mandó fabricarle una cama japonesa que era incomodísima. Un día recibió la visita de un inspector de Hacienda que le recriminó que no pagará sus impuestos.
-¿Usted cree que debo pagarlos? -preguntó Wilde.
-Hombre, esta casa es suya y usted duerme aquí -contestó el inspector.
-Cierto. Pero mire usted esa cama. Duermo aquí, ¡pero duermo tan mal!

 

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