COLABORA
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y contribuirás para que siga creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.

Siguenos en Facebook
¿Quién está en línea?
Tenemos 99 invitados conectado(s)
Comparte en Facebook

En esta ocasión me ha apetecido dedicar este artículo sobre anécdotas centrándolas en Franco y la época del franquismo, una parte de nuestra historia aún muy reciente, aunque algunos piensen que ha llovido mucho. Un comentario para los más jóvenes, a los que a veces he escuchado decir tonterías sobre esta etapa de nuestro país demostrando un desconocimiento total de la Historia, algo lógico cuando en los colegios se enseña de forma sesgada y partidista, donde los propios profesores son unos auténticos analfabetos profundos de la Historia, por eso quiero comentar a esos jóvenes que Franco no fue presidente de España, ni fue elegido en unas votaciones, el Caudillo dio un golpe de Estado para derrocar al Gobierno legítimamente elegido por el pueblo que después estuvo cuarenta años bajo su yugo y sintiendo las punzadas de sus flechas. Bien, empecemos a ver estas interesantes y jugosas anécdotas...

Tras la guerra civil española, urgía solucionar el problema de las plazas vacantes de profesores, muchos de ellos "rojos" encarcelados o exiliados y alumnos que durante la guerra no pudieron terminar sus estudios. El gobierno de Franco puso en marcha los llamados "exámenes patrióticos", donde el uniforme o las medallas contaban más que los conocimientos académicos de quienes pretendían el puesto de profesor. Lógicamente, los catedráticos, para afirmar su postura como adeptos al régimen y alejar sospechas, estaban dispuestos a aprobar como fuera a aquellos jóvenes héroes que lucían el uniforme falangista. Así ocurrió esta anécdota en los exámenes de cultura general donde el catedrático preguntó a un nuevo aspirante a profesor:
-Vamos, a ver, empecemos. ¿Quién ganó la batalla de Lepanto?
-!Francisco Franco! -contestó el orgulloso joven falangista con su pecho plagado de medallas.
-Bueno, en realidad, el Generalísimo tiene todas las condiciones de estratega para tal hazaña, pero claro, él no podía estar allí. Veamos una pregunta de letras. ¿Quién escribió El Quijote?
-¡Francisco Franco!
-Sí... El Caudillo efectivamente con su buena pluma sería capaz de hacerlo, pero tampoco vivía en esa época. Bien, sigamos... ¿Quién descubrió América?
-¡Francisco Franco!
-¡Hombre! Por favor...
El falangista aspirante a profesor se levantó airado e indignado.
-¡He dicho Francisco Franco! Y además añado que usted me esta resultando un poco rojo...
El catedrático aprobó a tan entusiasta joven.

Un día el periodista, Rodrigo Royo, fue a quejarse a Franco por lo mal que el régimen le había tratado en un artículo. El Caudillo le aconsejó: "Haga como yo, no se meta en política."

En aquellos años del hambre de la España de los cuarenta, una noche alguien se atrevió a colgar al rey Neptuno de Madrid un cartel que aludía al hambre. Refiriéndose al tridente que empuña la estatua, en la pancarta podía leerse: "¡O me dais de comer o me quitáis el tenedor!"

Durante muchos años una pareja que intentase pasar la noche en un hotel se encontraba con lo siguiente:
-Quisiera una habitación doble.
-¿Puedo ver su libro de familia?
Esta documentación era necesaria para demostrar que su unión estaba santificada por la Iglesia, ya que de otra forma no estaba permitido a los hoteles el alquiler de sus habitaciones a las parejas no casadas. También estaban prohibidas las visitas femeninas cuando un hombre tenía una habitación individual en un hotel. Cuando esto le ocurrió al gran Fernando Fernán Gómez, salió indignado a la calle, encontró a un amigo también actor y le persuadió para que interpretara "un papel". Le hizo maquillarse con un lápiz de labios que pidió prestado a una conocida y entró en el hotel con él.
-La llave de la 325, por favor.
-Aquí la tiene, don Fernando.
Los dos caminaron hasta el ascensor y ante el silencio aprobatorio del conserje, Fernán Gómez estalló:
-¡Pero bueno! ¡No me dejan entrar en mi cuarto con una señorita y ahora que vengo con este mariconazo puedo subir sin problemas!
-Tiene razón, don Fernando. Pero las órdenes de la policía sólo menciona a las señoritas.
En aquella España pura y honrada no se mencionaba siquiera la posibilidad de dos hombres en la cama para otra cosa que no fuera dormir, y es que el mariconeo no existía para las autoridades, eso era cosa de los franceses y claro, para qué iban a prohibirlo.

Con motivo de la representación anual de Don Juan Tenorio en el María Guerreo, Luis Escobar invitó a Dalí para que realizara la escenografía. Al pintor de Cadaqués se le ocurrió llevar a la realidad las metáforas de la obra de Zorrilla, así que doña Inés, llamada en la obra "pobre garza enjaulada", se movía por el escenario dentro de una jaula de alambre y la amenaza constante de la muerte sobre la cabeza de Don Juan se plasmó con tres parcas que deambulaban por el escenario pegadas el actor Ricardo Calvo, que comentaba: "¿Cómo voy yo a decirle a doña Inés lo de: no es verdad ángel de amor, con estos fantasmas alrededor?". La verdad es que todo aquello sacaba de quicio a los actores, pero contribuyó a que se hablara de la obra durante bastante tiempo, y no sólo por estos detalles sino también por las palabras de Dalí al salir al escenario tras terminar la obra: "Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista... -el público quedó expectante-, yo tampoco".


En una ocasión, al Ministro de Asuntos Exteriores se le planteó un penoso dilema al tener que presentarle al Jefe del Estado un dossier de prensa extranjera sobre el comportamiento público del embajador español en Lisboa, que precisamente era Nicolás Franco, el hermano mayor del Caudillo. La prensa del corazón de todo el continente publicaba unas fotos en las que Nicolás aparecía en una playa cercana a Estoril rodeado de unas despampanantes jóvenes. Franco le dio los buenos días a su jefe de diplomacia, cuando éste entró en su despacho.
-Mi General, es mi deber enseñarle estas fotografías de su hermano, por cuanto que están dando mucho que hablar...
Franco vio una por una las fotografías de las revistas, en las que su hermano, bastante obeso, por cierto, aparecía haciendo arrumacos a las mozas, y, sin inmutarse, el Caudillo le dijo a su interlocutor:
-Ciertamente Nicolás se está poniendo muy gordo. Vamos a tener que decirle que no coma tanto.

En la España de los años cuarenta el contrabando era una necesidad a causa de la falta de todo tras la guerra y el aislacionismo del Régimen. Hubo un caso curioso de un presunto comerciante de arena del Pirineo. La cosa empezó un día cuando en la frontera con Francia apareció un señor montado en una bicicleta y un gran saco en la espalda. Lógicamente, la Guardia Civil actuó como era preceptivo.
-¿Qué llevas en ese saco?
-Arena.
-¿Ah sí? Pues vacíalo en la mesa.
Los guardias examinaron cuidadosamente el montón y era sólo eso, arena.
-¿Y porqué traes arena a España? ¿Es que aquí no hay?
-Como ésta, no.
El guardia lo dejó pasar pensando que era un caprichoso, pero la cosa siguió una semana tras otra y por mucho que registraban nunca encontraban más que arena. Todo era de lo más sospechoso, así que el guardia civil pidió instrucciones a Barcelona y enviaron un técnico con un microscopio para investigar si había algo extraño en los granos de arena, ya fuera oro, o algún producto químico. Pero no encontraron absolutamente nada y aquel extravagante comerciante español continuó regularmente pasando la frontera. Las autoridades llegaron a la conclusión de que era un pobre loco.
Pasaron los años y el guardia civil de la aduana se jubiló y se trasladó a un pueblo de la Costa Brava donde precisamente vivía aquel inquietante importador de arena. Se reconocieron mutuamente y se sentaron juntos a tomar unos vinos, y ya casi de madrugada el ex guardia civil no pudo aguantar más...
-Ya estoy retirado del servicio y por lo tanto no tengo ninguna autoridad o deber que cumplir. En aquellos años me dejaste muchas noches sin dormir pensando en tu paso cada semana por la frontera. Por favor, en serio, dime qué es lo que llevabas mezclado con la arena.
-¿De verdad me promete que no me denunciará?
-Te lo juro por la memoria de mi madre.
-Pues lo que entraba cada semana por la frontera eran... bicicletas.

Una carta misteriosa llegó al palacio de El Pardo en la primavera de 1969, remitida por un inglés aficionado a la pesca del salmón. La carta era misteriosa, no tanto por su origen, sino por su contenido, pues dentro de ella venía una moneda de una peseta con la efigie de Franco y un texto en el que se leía: “Al César lo que es del César”. La moneda, según se indicaba en la carta, había sido extraída de las tripas de un salmón pescado en Escocia por este hombre, que decidió remitírsela a Franco.

Al principio de la década de los cincuenta Franco estuvo en Jerez de la Frontera, donde visitó unas fincas de regadío en las que, por primera vez en España, se había instalado el riego por aspersión.
Acompañado de Rafael Cavestany, su Ministro de Agricultura, Franco le comentó al acabar la visita:
- Cavestany, esto me recuerda cuando de chavales jugábamos a ver quién meaba más lejos.

En la prensa escrita a veces se encontraban erratas que parecían demasiado intencionadas para ser simple casualidad, lo que podía traer funestas consecuencias. Algo así ocurrió en el diario Hierro, de Bilbao, cuando misteriosamente, en la imprenta se cambiaron dos pies de foto que ilustraban la portada. En una de ellas se veían dos buques de guerra y en la otra el Caudillo y su esposa, y debajo de esta última foto podía leerse: "Dos destructores de España".

Unamuno tras el enfrentamiento con Astray

El 12 de Octubre de 1936, siendo don Miguel de Unamuno rector de la Universidad de Salamanca, se celebraba en esta universidad un acto en conmemoración del descubrimiento de América y de la expansión universal de la cultura hispánica. Mientras intervenía Millán Astray, general Jefe de la Legión, sus partidarios en la sala coreaban sus frases con el slogan de la Legión: "¡Viva la muerte!".
Unamuno no pudo contenerse y, aludiendo burlonamente a dicho slogan, se volvió hacia el general diciéndole que el movimiento militar debía no solo vencer sino también convencer y que no creía que estuvieran capacitados para esta última tarea. Un enfurecido Millán Astray contestó con un "¡muera la inteligencia!" y, según parece, sólo la intervención de la mujer de Franco, que presidía el acto, evitó que el exaltado general golpeara al Rector. Pocos días después, Unamuno fue destituido de su cargo de rector, y sus amigos ya no se atrevían a sentarse con él en su café favorito del centro de la ciudad.

Durante la Guerra de Marruecos, Franco estaba observando el movimiento de las tropas del Rif a través de sus prismáticos con un grupo de oficiales. De pronto se agacho porque le picó un mosquito y una bala que iba directa hacia su cabeza atravesó a un pobre oficial que tenía justo detrás. Algo parecido ocurrió estando Franco en un parapeto mientras cogía su termo para beber café, en ese momento, una bala disparada por el enemigo le arrancó de entre los dedos el tapón. Sin embargo, el entonces oficial, según testigos presenciales, siguió bebiendo sin inmutarse.

Durante el rodaje de Doctor Zhivago, que tuvo lugar en Soria y en los estudios de cine del barrio de Canillas de Madrid, llegó la hora de grabar una manifestación con 2.000 extras, cuando estos empezaron a cantar La Internacional con mucho más entusiasmo del que exigía el guión, y espontáneamente continuaron con A las barricadas, llegaron a despertar a los vecinos de Canillas que creyeron que se organizaba una revuelta. Las autoridades que vigilaban el rodaje respondieron fichando a todos los extras que se sabían la letra de memoria.

Cuando Manuel Fraga era ministro de Información y Turismo durante el franquismo, se aprobó la ley de libertad de prensa, llamada ley Fraga, una forma hipócrita de ocultar la siempre presente censura que no disminuyó tras esta ley, que fue recibida con escepticismo por personajes como Mingote que hizo decir a uno de sus personajes en una de sus viñetas: "Yo creo que eso de la libertad de prensa quiere decir que uno puede dejar de leer el periódico cuando quiera".

En una ocasión, cuando el régimen peronista hacia aguas en Argentina, un diplomático que regresaba de este país fue a visitar a Franco para darle buena cuenta de las vicisitudes por las que estaba pasando el régimen durante tantos años considerado amigo. Aquél explicó al Caudillo cómo el régimen político de Juan Domingo Perón se desmoronaba poco a poco, mientras que se endurecían las medidas gubernativas para consolidar el orden. El diplomático le comentaba:
-Mi general, cada vez se hace más molesta la vida, en la calle está uno expuesto a que le vuelen la cabeza, se interviene el teléfono, los saqueos están a la orden del día; por otra parte, la policía encarcela a los políticos molestos, la censura es muy rígida...
A estas explicaciones, Franco le contestó:
-¡Qué horror! Pero si eso parece una dictadura...

A base de autodisciplina, Franco consiguió dominar por completo sus necesidades fisiológicas. Su legendaria capacidad de retención urinaria traía por la calle de la amargura a sus colaboradores que, cuando lo acompañaban en un viaje oficial, nunca encontraban ocasión de aliviarse. El ministro Manuel Fraga se percató de que el régimen comenzaba a hacer aguas el día en que el dictador interrumpió uno de sus interminables consejos de ministros para ir al retrete.

La última nómina de Franco de noviembre de 1975 era de 168.477 pesetas, que con las deducciones se quedaron en 154.710.

En la época del Régimen, en la gran pantalla ni se podían ver besos que duraran más de tres segundos, ni faldas muy cortas, ni escotes generosos. En Bienvenido Mr. Marshall no se vio cómo la bandera estadounidense se perdía río abajo. Y del curriculum de Humphrey Bogart en Casablanca eliminaron su pasado republicano. Ni Sor Citroen se libró. La dictadura le dio el tijeretazo a una escena en la que sorbía sopa mientras recitaban el código de circulación como si fuera un Ave María.

Uno de los autores dramáticos favoritos del régimen franquista era Alfonso Paso, poco peligroso políticamente, pero que tampoco se libraba de la censura. En una de sus obras dos parejas de casados hacían intercambio de parejas en un chalet de la sierra madrileña y el censor le amenazó con prohibir el estreno sino cambiaba la nacionalidad de los personajes: "es que esa escandalosa situación no puede darse entre matrimonios españoles, ahora, si fueran franceses... Allí ya se sabe como son".
Y así se estrenó la obra, con dos matrimonios que diálogos típicamente madrileños y reacciones muy españolas, pero que gracias a la moralidad oficial, estaban en un chalet de los Alpes y tenían nombres franceses.

Durante una cacería un grupo de militares recordaba los viejos tiempos de guarnición. Alguien mencionó a un coronel, pero Franco dijo no recordarlo.
-Pero, mi general, si su excelencia lo conoció mucho. Estuvo de jefe del Regimiento en Cádiz y luego pasó a desempeñar el cargo de ayudante del general...
-¡Ah, sí! -lo interrumpió el Caudillo- Ahora me acuerdo, ese coronel es uno que mataron los nacionales, ¿no?

Nicolás Franco, tras el proceso de Burgos, hizo llegar a su hermano una nota en la que le decía: “Paco, no firmes esas sentencias. Te lo digo porque te quiero. Tu eres un buen cristiano y te arrepentirás luego. Ya estamos viejos”.

Como en todas las dictaduras, la gente que no podía oponerse físicamente al régimen lo hacía por la vía del humor. Como ese señor que acudía diariamente al quiosco a comprar el ABC, le echaba una ojeada y lo dejaba en su sitio. Un día el dueño le dijo que no tenía necesidad de pagarlo cuando ni siquiera lo leía.
-Gracias, pero si lo uso debo pagarlo. Es que lo que me interesa es tan sólo una esquela necrológica.
-Pero las esquelas van al final del periódico.
-En general, así es, pero la que yo espero vendrá en la portada.

Share
Share/Save/Bookmark

Comentarios 

 
-1 #1 Damian 06-04-2011 10:13
Hola alempezara leer st anecdoctario, y ver lacritica a los maestorsy jovenes, pense que encontraria anecdotas encontra y a favor, peor me desilusiona que no sea asi, puesto que si se empieza criticando hay qu ser consecuente a ello. Solo es mi opinion de lector.
Citar
 
 
+3 #2 José Luis Carranco 06-04-2011 11:58
Soy completamente responsable de la cabecera o entradilla en este artículo de anécdotas y viene a cuento porque no hace mucho, en un programa de televisión, "El Intermedio", es el único que veo, una reportare preguntaba a la puerta de un instituto sobre la figura de Franco.

Para mi sorpresa la mayoría decía que fue presidente del Gobierno, otros que fue elegido en unas elecciones y la mayoría no tenía ni idea de quién era más allá de decir que era muy malo o el salvador de la patria, imagino que dependiendo de lo que escucharan en su casa.

No me cabe la menor duda de que los culpables de esto es el actual sistema educativo, que ha relegado a la Historia de forma alarmante, y cómo no, el profesorado que al llegar a este punto de la Historia de España, quizás no dan la información de forma adecuada, imagino que dependiendo también de la ideología de cada uno, o de los mismos libros de texto aprobados por el Ministerio de Cultura.

Pero como amante y estudioso de la Historia no tengo por menos que escandalizarme ante el desconocimiento total de la figura de Franco y su régimen.

Discrepo de lo de que las anécdotas han de ser a favor o en contra, diga lo que diga mi enunciado, que es de lo más personal. El mismo hecho de anunciarlas como anécdotas nos dice que se tratan de hechos curiosos que difícilmente se encuentran en los libros de Historia, donde se suele dejar de lado la parte más humana de los personajes históricos, famosos o conocidos.

Cuando hablamos de anécdotas nos referimos a recopilaciones de hechos y momentos curiosos o que se salen de lo común, escritos por personas que estuvieron allí o que, como es mi caso, se nutren de referencias en libros dedicados al mundo de las anécdotas escritos por otros.

Obviamente valoro mucho tu comentario, querido amigo Damián, pero igual este mío te aclare un poco el porqué este tipo de artículos se redactan de esta forma, independienteme nte de la inclinación política o pensamiento de este que escribe, al que nada le resultaría más sencillo que recopilar hechos históricos negativos y atroces del régimen franquista e incluso entresacar algunos positivos, que como en todo lo malo, también lo hay, pero entonces rompería con lo que es un artículo netamente dedicado a anécdotas, en el que intento ser imparcial.

En este artículo se puede leer y darse cuenta de lo que era la ridícula censura del régimen, así como otros detalles que no dejan de resultar esperpénticos para la mentalidad actual, aunque en ocasiones provoque la risa, precisamente por eso, por lo absurdo de algunas situaciones que se daban en un régimen personal y dictatorial que Franco manejó con mano de hierro, o como él mismo decía "España es como un cuartel" y como tal lo gobernaba.
Citar
 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

INICIO
E.A.C. RADIO
Banner
APADRÍNANOS
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y así seguir creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.