COLABORA
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y contribuirás para que siga creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.

Siguenos en Facebook
¿Quién está en línea?
Tenemos 94 invitados conectado(s)
Comparte en Facebook

En una ocasión, Napoleón III mandó preso a un barco al escritor y dramaturgo galo Victor Hugo. Visitando el emperador el buque y extrañado por ver al capitán en traje de gala, le preguntó:
-¿Por qué vais de gala, capitán?
-Por el prisionero.

Un día se presentó ante el general San Martín un oficial de su regimiento que pidió hablar no con el general, sino con el caballero San Martín. Al general le extrañó tal petición pero aceptó recibir al oficial con tal condición, quien le dijo:
-Quisiera confiar un secreto no al general, sino al caballero de honor.
-Tiene usted mi palabra de que guardaré el secreto de lo que sea.
-Señor, he perdido en el juego parte del dinero que me había entregado para la paga del regimiento.
-¿De qué cantidad se trata?
-De ochocientas onzas.
El general no dijo nada, abrió un armario, sacó ochocientas onzas y se las entregó al oficial.
-Tenga usted, aquí tiene el dinero perdido, pero no diga nada a nadie, porque si se entera el general San Martín le haría fusilar al día siguiente.

Del emperador romano Tiberio, cuenta el escritor romano Suetonio en su obra principal, De vitae caesarum que era un gran consumidor de vino. Al parecer era tan grande el consumo diario de vino del emperador Tiberio que los soldados de su guardia personal, los pretorianos, le llamaban Biberius Caldius Mero en lugar de su verdadero nombre: Tiberio Claudio Nerón.

El doctor Hahnemann, descubridor de la homeopatía le dio a oler un frasco a un enfermo y le pidió que le pagara, pues afirmaba que lo había curado. El enfermo sacó una moneda de oro, la frotó en la mano del doctor y volvió a guardársela en el bolsillo diciendo:
-Como me curas te pago.
Esta anécdota ha sido atribuida a otros personajes, por lo que es dudoso que haya sido real.

Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las Maravillas, en cierta ocasión envió un ejemplar de su famosísima obra a Alicia, una de las hijas de la reina Victoria de Inglaterra. Sucedió que la misma Victoria leyó la obra y muy interesada en el autor, le escribió solicitándole que le enviara ejemplares de sus otras obras. Cuando días después, la reina Victoria recibió el resto de las obras de Lewis Carroll quedó extrañamente sorprendida porque, recibió varios libros de geometría, trigonometría, álgebra, e incluso de ajedrez y es que Carroll era en realidad matemático.

Es célebre la anécdota que se atribuye a Galileo Galilei cuando la Inquisición le obligó a renegar de sus descubrimientos. Se supone que Galileo antes de abandonar el tribunal dijo: "Eppur si mouve!" (Y sin embargo se mueve). La anécdota es falsa, Galileo jamás se hubiera atrevido a pronunciar tales palabras que lo hubieran llevado, sino al cadalso, a prisión, pero la frase se ha hecho tan conocida, que se le atribuye como cierta.

La mujer de un labrador se puso enferma y llamó a un médico, pero éste tenía dudas de si le pagarían, así que el labrador le dijo:
-No tema, le prometo que le pagaré cinco onzas de oro que tengo ahorradas tanto si mata usted a mi mujer como si la cura.
Finalmente la mujer murió y el médico fue a reclamar el pago.
-No se preocupe -le dijo el labrador-, aquí me tiene dispuesto a cumplir mis promesas. Pero antes, permítame que le haga un par de preguntas delante de los testigos presentes. Dígame la verdad, ¿mató usted a mi mujer?
-No -respondió el medico con vehemencia.
-Me alegro. ¿La curó usted?
-Desgraciadamente, no.
-Pues si no la curó ni la mató, nada le debo.

El escritor Mark Twain desempeñó a lo largo de su vida diferentes trabajos, durante su juventud trabajó como aprendiz en una imprenta y en periódicos de Filadelfia y Saint Louis. Incluso llegó a enrolarse como piloto en un vapor del Mississippi en 1857, y en 1861 participó en la guerra de Secesión. Trabajó posteriormente en el lejano oeste como minero y periodista. Según parece sus tres obras maestras: Las aventuras de Tom Sawyer, Vida en el Mississippi y Las aventuras de Huckleberry Finn, están inspiradas en los recuerdos de su juventud y sus diferentes trabajos.

El músico francés Rameau parecía a veces distraído y es que sólo pensaba en la música, lo demás no le importaba. Un día estaba de visita en casa de una señora, de repente se levantó, agarró a un perro lanas que estaba allí, abrió una ventana y lo tiró a la calle. La dueña de la casa, indignada, le dijo:
-¿Pero qué habéis hecho? ¿Por qué?
-Pero, ¿no se ha dado cuenta? ¡Desafinaba! -respondió el músico de forma ingenua.

En el siglo pasado enviaron a un ministro de Hacienda el decreto de su destitución, y dijo:
-¡Qué tontería! ¡Precisamente ahora que había hecho mi negocio y me iba a ocupar de la patria, me echan!

Alejandro Dumas, hijo, invitó un día a un amigo a cenar, pero al entrar en el restaurante le preguntó:
-¿Llevas dinero?
-Ni cinco céntimos.
-Pues yo sólo tengo veinte francos. Espera un momento que mi padre vive aquí cerca y le pediré que me preste treinta.
Al cabo de un rato regresó Dumas, cabizbajo.
-¿Qué, te ha dado los treinta francos?
-Qué va. Me ha pedido los veinte francos y he tenido que dárselos.
Se quedaron sin cenar.

Para la celebración del matrimonio entre Isabel de Valois y Felipe II se siguieron las tradiciones de la corte francesas, en concreto la de “acostar inmediatamente a los desposados en la noche de bodas”. Al tratarse de un matrimonio por poderes, tuvo que ser su representante Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, quien realizara el acto. Para ello, don Fernando llegó a la alcoba regia, y en presencia de importantes invitados a los que hizo una reverencia, simbólicamente colocó una pierna y un brazo sobre la cama donde estaba la joven Isabel. Después, se retiro formalmente.

Enrique IV de Francia hablando un día con su confesor sobre el secreto de la confesión, le preguntó:
-¿Así, si supieseis que alguien se propone asesinarme no lo denunciaríais? 
-No, Majestad, pero me pondría entre él y Vuestra Majestad.

Según recogen diversos documentos de la época, había durante la Revolución Francesa un espía prestando sus servicios a la revolución llamado Richebourg, cuya característica principal era su estatura, y es que media tan solo cincuenta y ocho centímetros. Al parecer, el método que utilizaba para introducirse en campo enemigo era disfrazarse de bebé y pasar en brazos de una mujer, colaboradora también de la revolución.

Según recogen las crónicas la tacañería del multimillonario estadounidense Paul Getty (el mismo cuyo nombre lleva un museo), no tenía límites. Llegó al extremo un día cuando, horrorizado por las abultadas facturas telefónicas, no se le ocurrió otra cosa que instalar en su propia casa un teléfono de monedas, para limitar así el uso y gasto excesivo de teléfono.

El zar Pedro I el Grande, tras conocer la infidelidad de su amante, lady Hamilton, la hizo decapitar. Pero según parece arrepentido de ello, y aún enamorado de ella, no se le ocurrió otra cosa para recordarla y tenerla cerca que, conservar su cabeza en un frasco de cristal. Dicho frasco estuvo durante años en su habitación, sirviendo también como recordatorio para sus amantes de lo que les podría suceder si le eran infiel.

Según parece, cuando el compositor y pianista polaco Chopin, estaba componiendo el vals número 3, su gato, atraído por la música que salía del piano saltó sobre las teclas, creando su propia música al caminar sobre ellas. Chopin, divertido, intentó imitarla, componiendo así el Vals del gato.

En un viaje que hizo de incógnito el rey Leopoldo de Bélgica, fue presentado como un particular en un casino de la alta sociedad. El rey le preguntó a su nuevo interlocutor:
-¿Qué opiniones políticas tiene usted?
-Yo, republicano. ¿Y usted?
-Hombre, yo... si no fuera por la situación que ocupo, quizás también lo fuera.

Del violinista y compositor italiano Niccolò Paganini, se llegó a decir en su tiempo que su virtuosismo con el violín era tan increíble que no era un don natural, que eran fruto de un pacto con el mismísimo diablo. Lo cierto es que aunque si poseía un don natural, su increíble calidad técnica era fruto de una constante ejercitación con el instrumento. Al parecer ese constante ejercicio llegó a deformar tanto sus manos que, extendidas, median casi cuarenta y cinco centímetros.

En el siglo XVIII, un noble preguntó a un escritor francés:
-¿Es verdad que en una casa donde alababan mi inteligencia dijo usted que no tenía ninguna?
-No es verdad. Puedo asegurarle que no he estado en ninguna casa donde le encontrasen inteligente.

Del pintor holandés Vincent Van Gogh, es muy conocida la anécdota del corte de su oreja. Según algunas de sus biografías Vincent se cortó el lóbulo de una oreja al intentar golpear a su amigo, el pintor Paul Gauguin, en una pelea. Pero según otras de las biografías de Van Gogh, durante uno de sus accesos de locura, intentó matar a su amigo Paul Gaugin, que vivía con él y arrepentido de su mala acción, se autolesionó cortándose el lóbulo de la oreja. Curiosamente Gauguin se había instalado con él a Arles a instancias suyas, porque se sentía muy solo, pero la relación fue haciéndose más y más difícil por el carácter violento de ambos pintores.

La actriz francesa Marie Dorval era todo un modelo de infidelidad conyugal. De hecho, su marido, que lo sabía y lo toleraba, dormía en una habitación contigua a la de su mujer. Cierta noche, ya en la cama, el buen hombre no podía dormir a causa de una fuerte discusión que la Dorval tenía con uno de sus amantes al que culpaba y reprochaba haberle sido infiel y a pesar de las disculpas del amante, ella no lo perdonaba. Como la discusión subían aún más de tono y los gritos eran ya excesivos, el marido que no lograba conciliar el sueño, llamó a la puerta que unía su dormitorio con el de su mujer y le dijo:
-Bueno, mujer, perdónale ya, ¿no ves que ya te ha dicho que no lo volverá  a hacer?

El novelista español Benito Pérez Galdós, estudió derecho en Madrid y desarrolló una intensa actividad periodística antes de dedicarse a la literatura. Cuando Pérez Galdós todavía no era conocido, llevó su primera novela a un editor. Al parecer el editor le dijo que su editorial sólo editaba obras de nombres conocidos, por lo que Galdós, sin inmutarse, le volvió a ofrecer su novela diciéndole:
-Entonces, no hay problema, me llamo Pérez.

Estando Victor Hugo de vacaciones en 1862, quiso conocer como iba la venta de la edición de su novela Los Miserables, publicada ese mismo año, por lo que escribió a su editorial Hurst & Blackett. Lo extraño es que sus editores recibieron una carta donde únicamente aparecía como texto lo siguiente: "?". Para su sorpresa, Víctor Hugo recibió días después como respuesta una carta con un texto tan expresivo como el suyo: "!".

Discutía con su mujer Adolfo d'Ennery, quien después de insultarlo, violentamente le dijo:
-¡Cornudo!
Él, contemplándola de arriba abajo, mirando las ya pronunciadas arrugas de su mujer y su aspecto, le dijo dulcemente:
-Ya no.

Cuando a Maurice Donnay le preguntaron si engañaba a su mujer, respondió:
-No la engaño, ella lo sabe.

Según cuentan las crónicas de la época, Armand Jean du Plessis, es decir, el cardenal de Richelieu, tenía como afición galantear y mantener aventuras amorosas con las cortesanas más interesantes de París. Según las malas lenguas llegó a pagar la exorbitante cifra de cincuenta mil coronas por pasar una noche con Ninón de Lenclos, la cortesana más famosa de la época. Ninón, después de aceptar el dinero no fue a la cita, envió en su lugar a otra cortesana, dejando al cardenal sin su dinero y sin los placeres de su cuerpo.

Un día Napoleón le dijo a la duquesa de Fleury:
-¿Os continua gustando tanto los hombres?
-Sí, sire, cuando son bien educados.
Y el corso, que siempre tenía respuesta para todo, no supo qué decir.

 

Share
Share/Save/Bookmark

Comentarios 

 
0 #1 Max 24-03-2011 22:26
Muy buenos en general...!
Citar
 
 
0 #2 la piola 04-04-2011 20:46
:-*
Citar
 

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar

INICIO
E.A.C. RADIO
Banner
APADRÍNANOS
Escribir, crear, diseñar... es un trabajo con muchas horas detrás que tienen un valor y que es necesario para todos. ¿Qué valor le das tú a la cultura y al entretenimiento que te aportamos? Necesitamos tu apoyo para mantener Revista en Red. Es voluntario y con la cantidad que se pueda y así seguir creciendo y entreteniendo. Muchas gracias por valorar nuestro trabajo.